Artes y Letras

Mireya Robles escribir con libertad


Mireya Robles
Mireya Robles Tania Spencer

La página web de la escritora y pintora cubana Mireya Robles (Guantánamo, 1934) ofrece una panorámica de su obra, destacando la esencia de cada uno de su novelas, su poesía, pintura y hasta sus textos inéditos.

Sus dos grandes novelas, Hagiografía de Narcisa la Bella y La definitiva muerte de Pedro El Largo, destacan por un elaborado proceso narrativo, donde el tiempo, la muerte y las relaciones humanas son la esencia de esas obras. A partir de un profundo sentido de la prosa, en todo momento minuciosa, dominante y vital, Robles indaga en sus personajes, ejerciendo desde el yo narrativo un dominio sobre el lector.

Usted ha dicho: “Yo les doy a mis personajes todas las libertades y todas las posibilidades que yo no puedo tener en la vida real”. ¿En la libertad de los personajes no va implícita la propia?

Es una liberación concedida por mí a los personajes a través de la creación literaria. Es importante señalar que la libertad con que se mueve un personaje, no se la he dado con el propósito de sentirme yo libre, pero me alegra verlos logrados en todas las posibilidades que quizás yo no alcance. En el caso específico de Narcisa, personaje central de Hagiografía de Narcisa la bella, llega al extremo de desmaterializarse y romper las barreras de espacio y de tiempo con un simple dictado de su voluntad, pero eso no quiere decir que yo me sienta libre para hacer lo mismo. Por mucho que yo esté cerca de mis personajes, Pedro el Largo, entre otros, hay, generalmente, una distancia inquebrantable entre la realidad y la creación literaria; entre la persona que soy yo y esos seres a los que les di una vida que llevan en otra realidad. Me sucede que aun en las novelas de carácter autobiográfico, me convierto yo en personaje, creando la misma distancia que se da con los demás, aunque sirva de elemento catártico.

En Hagiografía de Narcisa la bella se profundiza en las relaciones de familia. ¿Cuán dañina puede ser la familia como autoridad castradora?

El daño puede venir de una familia equivocada y asfixiante y así sucede precisamente, porque los amamos. Si un miembro de tu familia sufre porque no eres lo que esa persona quiere que tú seas, aunque comprendas que no tiene razón de sufrir, eso te duele y puede hacerte sentir, injustamente, culpable. Pero no es la familia el único sector de la humanidad que puede ser castradora sino que esta plaga castradora se extiende, lamentablemente, a ámbitos mucho más amplios, a todo un pueblo, por ejemplo. ¿Te imaginas viviendo en uno de nuestros pueblos, décadas atrás, siendo homosexual? ¿No crees tú que la marginación a la que te someten estos seres que deciden, sin autoridad ninguna, que eres despreciable, puede ser castradora? Y van por ahí, caminando con aires de superioridad sin ver que ir a misa en trajes de lujo no les acorta el camino a Dios. No sé qué efecto tendrá lo que he escrito, en los jueces falsos que pululan por el universo, porque si no valen nada, les viene muy bien establecer un parámetro, un punto de comparación para sentirse todo lo superiores que no son: “Tú eres homosexual y eso es malo. Yo no soy homosexual y por lo tanto, soy superior a ti”.

Parece ser que las sociedades son hoy en día más abiertas y tolerantes con las minorías. A qué le atribuye esa tendencia contemporánea y cómo avizora el futuro con respecto a la libertad individual.

No se les puede llamar “abiertas” ni “tolerantes” si han sido un obstáculo a la libertad individual. Su apertura no es un regalo, es una obligación. Se trata de que reconozcan que están violando el destino de otras personas sin tener ningún derecho a hacerlo. Si se diera, su cambio de actitud puede deberse –así quisiera creerlo-- a que se han superado espiritualmente y se han dado cuenta de que se han estado metiendo en un terreno que no les pertenece. O puede deberse a que se sientan disminuidos en su poder porque la voz de los oprimidos se ha alzado y entonces crean que es más conveniente “ceder” que perder la partida al quedar desarmados, porque el arma de los intolerantes es el miedo que infunden a los que marginan.

Usted trabajó con los cubanos que llegaron a Estados Unidos durante el éxodo de Mariel. De esa labor surge su novela Combinado del Este. ¿Qué nos podría decir de esta novela?

Sí, en 1980 pasé casi un año en la base militar de Fort Chaffee, en Arkansas, entrevistando cubanos con el fin de relocalizarlos. Ya quedaban pocos y en su mayoría habían estado cumpliendo sentencia por delitos graves en el momento en que fueron obligados a salir de Cuba, según el testimonio de ellos mismos. Allí conocí a Víctor, quien había estado cumpliendo sentencia en el Combinado del Este. Un día me trajo un poema dedicado a mí, un poco autobiográfico. Le dije que por qué no escribía su vida en prosa y me propuso darme datos para que yo la escribiera. Y así surgió Combinado del Este. Él me traía los datos anotados, y yo pasaba las noches editando y redactando todo aquello en la barraca de la base. Añadí datos que me habían dado otros presos y le dí a este libro testimonial, un final de luz y esperanza creado por mí. Lamentablemente, no fue ésa la experiencia de Víctor en este país. Después que él fue relocalizado, me comunicaba con él por teléfono y le enviaba por correo las páginas del libro según las iba terminando, para verificar si él estaba de acuerdo. La última vez que lo llamé salió al teléfono una señora, miembro de la familia que patrocinó su salida y me dijo que Víctor estaba preso porque había tratado de violar a una niña de 14 años.

Usted ha dicho: “El tiempo es el formador de nuestra existencia”. ¿Cómo es su existencia ahora tras el paso del tiempo?

Así es, por eso un poemario mío lleva el título de Tiempo artesano. Somos un lapso de tiempo materializado en el espacio que nos toca vivir. A través del tiempo se dan las experiencias que nos forman. Hoy mi actitud ha cambiado. Me siento más mía, menos sujeta a presiones de trabajo, no sujeta a presiones de una familia que lamentablemente, ya no está. En mi adolescencia y juventud me sentía más dependiente del amor de otra persona. Pero a pesar de una actitud cambiante que se va adaptando a las distintas circunstancias que nos toca vivir, quiero pensar que aun existe una corriente interior que vertebra y me conecta con aquella niña que fui en el pueblo de Caimanera.

Usted también se desempeña como pintora, ¿qué puede expresar con la pintura que no consigue con las palabras?

En la pintura se crean personajes en movimientos estáticos, es decir, en movimientos que, solamente se sugieren para transmitir la idea de una acción.

Son medios distintos de creación. Lo que encontré en la pintura fue el éxtasis ante la explosión de colores que dominaban con su fuerza, hasta los personajes más sombríos.• 

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de septiembre de 2014, 8:00 a. m. with the headline "Mireya Robles escribir con libertad."

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