Artes y Letras

Ena Columbié desde su propia sombra, la poesía de “Jazz”

Ena Columbié presentando su libro "Jazz" junto a Fabio Murrieta, editor de Aduana Vieja, el pasado 31 de mayo en LeKoke Wine & Bites de la Calle Ocho, en Miami.
Ena Columbié presentando su libro "Jazz" junto a Fabio Murrieta, editor de Aduana Vieja, el pasado 31 de mayo en LeKoke Wine & Bites de la Calle Ocho, en Miami. el Nuevo Herald

Nunca antes la lectura de un cuaderno de poesía me condujo de un modo suigéneris a los estratos de un género musical y a la vida de algunos de sus máximos exponentes. Nunca antes ojeé un poemario como si ojeara un álbum de viejas fotos, del que asoman rostros y acordes. Ese es el caso de Jazz (Aduana Vieja, Valencia, 2018), decimotercera entrega de la poeta, narradora, ensayista, crítica y artista cubana Ena Columbié, que de un modo magistral me guía a través de sus páginas por un mundo underground, donde sus habitantes se desplazan continuamente en los terrenos de la marginalidad y la fama.

Desde las primeras páginas la autora promete Un viaje alucinante/ por la garganta de la jazzgirl/ que imita la trompeta inigualable, sin embargo, no será esa la única garganta por la que viajo, sino por muchas otras. A qué mitos me lleva, a qué sombras me acompaña desde su propia sombra, donde el verbo es puente a cruzar, madero en el que navegar por las márgenes de la soledad más absoluta.

En la primera sección del libro, que Ena titula de modo sugerente “Grave”, soy testigo de un desfile de estrellas y de el ritmo electrizante/ del sentimiento negro, donde Hay adicción y melodía para consumir.

Su palabra es brebaje, pócima que me hace viajar por una poética que se sumerge en las aguas de la narrativa hacia los cantos del profundo New Orleans y a los escenarios de un New York donde Billie Holiday, Nina Simone, Duke Ellington y otros tantos hacen de mi noche una experiencia irrepetible de la que no regresaré ilesa, porque aunque la autora afirma que la música salva, también todos merecemos la muerte/ y cada cual tiene la suya.

Jazz.jpg

Este cuaderno-partitura de la Colección Atril es un homenaje a las voces y los ritmos que han acompañado a la Columbié en sus horas más largas. Sin embargo, no alcanzan a acallar el aullido de la poeta que se ampara en los altos decibeles para aplacar su propio llanto y lograr que las miradas se desvíen hacia otro dolor.

Con Jazz caminé por las calles de Greenwich Village, bebí Jack Daniel’s en Frenchmen Street, bajo las notas de la trompeta de Eddy, con la monotonía sicalíptica de un jazz/ o un blues tocado con desgano; y ella advierte que Es la trompeta de Miles.

Este libro lo conforman pequeñas-grandes historias y vidas, incluyendo la de la propia autora, que se guarda para la segunda sección del cuaderno, bajo el título “Agudo”, donde nos confiesa que es una pitonisa y está Secuestrada por las sombras. Una vez dentro del libro es difícil escapar y como de piedra quedan todos/ entre los grandes silencios/ enganchados en la curva melódica/ que acomoda las palabras.

Escucho a la poeta que me habla de las cicatrices interiores y de todas las batallas por ganar/ de todas las logradas y entro a su mundo, cuyas puertas me abre de par en par como buena anfitriona, mientras espera a Weldon Kees y me sirve mucho más que un sonido, un solo sonido…

Lizette Espinosa, poeta cubana radicada en Miami.

  Comentarios