Artes y Letras

‘Transformative Effects’: arte abstracto informalista, cinético y óptico

‘Bronze Care’, 2017, de Julio Larraz , óleo sobre lienzo, 60 x 72 pulgadas.
‘Bronze Care’, 2017, de Julio Larraz , óleo sobre lienzo, 60 x 72 pulgadas. Ascaso Gallery Miami.

Antes, visitar el Wynwood Art District -hablo de hace apenas dos años- era un festín de galerías de arte contemporáneo, estudios de artistas y otros espacios de exhibición alternativos. Ahora, nada de todo ello queda en pie. El huracán especulador inmobiliario arrasó el entramado artístico y, en su lugar, sembró una retahíla de Cafés, restaurantes, boutiques, tiendas, bares, discotecas… que por estos días se ven inundados por una marea de turistas.

Una de las pocas excepciones que recuerdan todavía aquellos buenos tiempos del Wynwood Art Distric para el circuito artístico de la ciudad de Miami, es Ascaso Gallery. Su actual exposición, Transformative Effects, cuyo título pareciera un guiño a ese proceso de transformación (gentrificación) de lo que fuera ese Wynwood Art District, exhibe una amplia muestra de arte centrada, fundamentalmente, en arte abstracto informalista, cinético y óptico.

La muestra está compuesta por 24 obras, entre pinturas y esculturas, muchas de ellas en gran formato, realizadas por 14 artistas de Latinoamérica (los más numerosos), Estados Unidos y Europa. Por ejemplo, destacan las obras de los estadounidense Jim Dine y Jeff Koons; de los europeos, el español Manolo Valdés, el francés Armand Pierre Fernández (Armand) y el húngaro Victor Vasarely. Mientras que de América Latina hay una presencia de obras muy importantes de los venezolanos, entre otros, Francisco Narváez, Carlos Cruz Diez, Jesús Soto y Oswaldo Vigas. Excepcionales también son las obras del argentino Luis Tomasello y las del cubano Julio Larraz.

Transformative Effects discurre por dos amplias salas de la galería articulando un recorrido con dos puntos de inflexión intencionalmente esbozados. El primero, donde se concentran las obras con un mayor índice visual de abstracción cinética y óptica. El segundo, es el que despliega, un informalismo abstracto muy variado. Nada más entrar al primero, el espectador recibe el impacto visual de obras de gran formato. Obras contundentes como, por ejemplo, de Cruz-Diez, Physichromie 2406, 2002, cuya apariencia varia al mínimo movimiento del espectador, sumergiéndolo en una especie de hipnotismo, acompasado por el despliegue óptico de color y luz mediados por el movimiento. De Soto presenta la Gran Vibración Azul y Negra, 1999, obra de aura misteriosa que parece pendular entre instantáneas que captan al unísono expresiones del caos y del orden, expresiones que transitan de la claridad a la oscuridad. Pero hay, ademas de ellos, obras imponentes de Vasarely, (VP-103,1969 y Han, 1967), muy representativas de ese estilo óptico tan depuradamente retiniano, que ha hecho de su lenguaje uno de los más renovadores del arte contemporáneo en la segunda mitad del siglo XX. Si a esto sumamos las obras de Tomasello que, a través de estructuras reticulares de pequeños cuadrados van mutando, escalonada y delicadamente, la luz y el color, se tiene la sensación de estar frente a una apoteosis de la percepción visual. Una apoteosis de lo óptico y de lo cinético, que mantiene al músculo retiniano de la vista en excitación constante. Excitación provocada por el intento de captar unas superficies pictóricas cuyas formas, en permanente fluir, se tornan a la postre inaccesibles, inatrapables para el ojo humano. Ello tiene que ver, como señala Carol Damian en el catalogo de la muestra, a que estos artistas “Entendieron la teoría del color como la base de su práctica, activando los componentes de una obra en un encuentro visual único”.

‘Two Vanilla Ice Cream I’, 2008 de Manolo Valdes, óleo sobre lienzo, 87 x 68 pulgadas.
‘Two Vanilla Ice Cream I’, 2008 de Manolo Valdes, óleo sobre lienzo, 87 x 68 pulgadas. Mariano Costapeuser Ascaso Gallery Miami

Al pasar a la segunda sala la excitación visual es menor porque, entre otras cosas, es más tangible a nivel de superficie la abstracción informalista, la geométrica, e incluso aquella abstracción de toque neoexpresionista, tal y como han sido dispuestas en su interrelación. Ejemplo de ello son las imponentes obras de Valdés (Two Vanilla Ice Cream I, 2008) y Armad (Superposition, 2000), ambas incorporando objetos tangibles, objetos de la realidad (barquillos de helados y brochas de pintura). Esta distinción de objetos reales es representada desde una paleta abstracta de fuerte acento neoexpresionista. Es una superficie pictórica gruesa, que proyecta cierta tridimensionalidad, percepción que se ve enfatizada por el empleo del collage con un carácter simbólico en la inclusión de los objetos. Dichas obras junto a, por citar algunas, las pinturas de Dine (Gottingen songs, N 2, Cohen, 2008) y Vigas (Untitled,1982), y las esculturas de Narváez (Volumen, 1974) y Koons ( Dom Perignon Venus Balloon, 2013), propician un atractivo entrecruzado de estilos abstractos. Una reunión, un coro de expresiones donde las obras hablan lo mismo desde un franco informalismo (Vigas), la abstracción de índice geométrico (Narváez), hasta la abstracción de tinte neoexpresionista (Valdés y Armand).

Las obras y artistas reunidos en Transformative Effects revelan cómo el arte abstracto desde sus inicios desarrollaba en su seno una tensión entre abstracción y lenguaje. Porque el lenguaje de estas obras, exceptuando las de Larraz, remarcan la especificidad de una pintura y escultura que se expresa, esencialmente, en términos abstractos: líneas, puntos, manchas, volúmenes, planos, formas geométricas, colores (y la ilusión del movimiento). Todo ello para crear, de una parte, un universo autónomo de expresión artística. Una autonomía artística que funciona con sus propias dinámicas de lenguajes, que construye autosuficientemente sus propias reglas internas de compresión. Pero, de la otra, estos artistas como, entre otros, Vasarely, Armand, Cruz Diez, Tomasello, Soto, Vigas, proyectan una operación opuesta, que trata de romper esa autonomía como una crítica a la esfera artística. Esto quiere decir que en Transformative Effects encontramos también un cuestionamiento sobre cómo ha entendido la educación moderna lo perceptivo y lo sensorial. Y este cuestionamiento implica adoptar puntos de vistas, donde el arte ya no es concebido como una educación de las percepciones, como un cultivo de los hábitos y la sensibilidad. Y en ese giro, el arte se ha desplazado de la percepción a los conceptos, es casi más concepto que percepción o es, al menos, tanto concepto como percepción.

‘Transformative Effects’ , Ascaso Gallery Miami. 2441 Nw 2nd Ave. Hasta el 31 de agosto. www.ascasogallery.com

Dennys Matos es crítico de arte y curador independiente. Reside y trabaja entre Miami y Madrid.

Esta historia fue publicada originalmente el 19 de julio de 2018, 0:56 p. m..

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