Elena Poniatowska, la ‘Princesa Roja’ recibe el Cervantes
Elena Poniatowska tiene sangre azul como sus ojos en las venas, pero nunca ha llevado corona, pues bromea con que un día la dejó en una casa de empeños y nunca la recuperó; no tuvo tiempo, pasó su vida escribiendo y preguntando, dándole voz a los más grandes, pero sobre todo a aquellos que nadie más quiso escuchar.
Y hoy, a sus 81 años, la “Princesa Roja” no quiere descansar. Escribir es su “manera de vivir”, su “manera de estar sobre la tierra” y no sabría hacer otra cosa, cuenta en una entrevista en su casa de Chimalistac, en el sur de la capital mexicana.
“Es que, ¿qué podría hacer ahorita? Ya ni modo que me meta de bailarina, de vedette, ¿de qué me puedo meter?, ¿en qué puedo trabajar?, cantar tampoco puedo, entonces lo que tengo que hacer es lo que he hecho toda la vida, que es escribir, y lo voy a hacer hasta que me petatée, como decimos en México, o que me lleven con los tenis por delante en mi cajón de muertos”.
Por su edad le tocaría relajarse, pero a Elena Poniatowska (París, 1932) nunca le gustó hacer lo que le tocaba. Por eso decidió convertirse en periodista, siendo una jovencita de una famlia de clase alta formada por la mexicanofrancesa Paula Amor de Ferreira Yturbe y por el príncipe polaco Jean E. Poniatowski. Y por eso casi no descansa, escribe cada día, participa en actos públicos, en eventos culturales, en mítines políticos, en manifestaciones y atiende a casi todo el que llama a su puerta.
Desde que comenzó en el periodismo en los años cincuenta, en la sección de sociales del diario Excélsior, no ha parado de escribir ni de entrevistar a grandes personalidades de la talla de Luis Buñuel u Octavio Paz.
A nadie se le quedó una pregunta pendiente, pero sí entrevistas pendientes que hubiera querido hacer, como “a Nelson Mandela, en general a los luchadores sociales, a César Chávez, o a líderes como Zapata”.
Pero su gran pasión han sido los seres menos conocidos, a quienes ella ha dado voz para convertirlos en figuras entrañables como Josefina Bórquez, una mujer pobre que luchó en la Revolución e inspiró su novela “Hasta no verte Jesús mío” (1969).
Siempre tratando de retratar las entrañas de este país al que llegó con diez años y que siente más suyo que ningún otro. Aquí arribó en los años cuarenta, junto con su madre y su hermana Kitzia, huyendo de los estragos que la Segunda Guerra Mundial estaba produciendo en Europa. Y este país del que no supo hasta pisarlo (de niña desconocía incluso que su madre fuera mexicana) acabó convirtiéndose en uno de los amores de su vida.
Sentada en su sofá, sobre un cojín bordado con la imagen del político Andrés Manuel López Obrador, enumera las cosas que le preocupan hoy de su México. “Me duele toda la pobreza, me duele la corrupción, me duelen las leyes que se están pasando, la ley del petróleo”. En los últimos años, la abanderada de las causas de la izquierda ha mostrado su apoyo incondicional al que fuera candidato presidencial en dos ocasiones.
En estos últimos días, Elena ha estado más nerviosa y emocionada de lo normal. Tiene que viajar a España a recoger el premio de su vida, el Cervantes, que la reconoce como uno de los personajes más relevantes en la cultura en castellano. En medio del desorden que, asegura, domina su vida, ha estado rebuscando fotos antiguas que le han pedido. Aquella mañana de noviembre la llamaron por sorpresa y no se lo creyó hasta que “un tropel de periodistas” invadieron su casa. “Para mí es sorprendente y es un gusto enorme porque yo soy como usted finalmente, soy periodista soy una gente que toda la vida he hecho crónicas, reportajes, millones, miles de entrevistas”.
Poniatowska ha tocado casi todos los géneros literarios: novela, cuento, poesía, ensayo, crónica y entrevista; ha colaborado en innumerables publicaciones, entre ellas el diario La Jornada, de la que es miembro fundador. Se ha desempeñado como profesora de literatura y periodismo, ha realizado cortometrajes cinematográficos y es socia y fundadora de la editorial Siglo XXI y de la Cineteca Nacional. Autora de libros como "La noche de Tlatelolco" (1971), en la que narra la matanza estudiantil de 1968, "Tinísima" (1991), sobre la fotógrafa italiana Tina Modotti, y Leonora (2011), donde recorre la vida de la pintora Leonora Carrington.
En su larga carrera ha cosechado numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Periodismo de México 1978, cuando se convirtió en la primera mujer en obtenerlo, y el María Moors Cabot 2004, que concede la prestigiosa Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia (Nueva York). Aún así, sigue sin considerarse a la altura de sus contemporáneos y en algúna ocasión ha llegado a decir que está convencida de que muchos escritores la consideran “la cocinera, la barrendera, la criada que está limpiando los escusados de la gran casa de la literatura”.
El complejo de inferioridad o la falta de vanidad siempre han dominado la vida de la mexicana, quizás porque pese a que varias universidades la han nombrado Doctora Honoris Causa, nunca estudió en la Universidad. Sí fue a un colegio en Estados Unidos, cerca de Filadelfia, pero debido a una devaluación en México sus padres no pudieron financiar su educación universitaria y tuvo que regresar.
La de Elena Poniatowska es una casa de escritora, con paredes llenas de libros, un patio plagado de flores (jacarandás, bugambilias), fotos de familia, recuerdos de viajes y sus animales, Shadow, un labrador negro, y sus gatos Monsi y Vais, llamados así en honor a su gran amigo el escritor Carlos Monsiváis.
Allí Elena Poniatowska habla con pasión de sus hijos: Mane, el mayor, científico como su padre el astrónomo Guillermo Haro, quien es “especialista en nanotecnología”; Paula y su casa de cultura en Mérida y Felipe y sus documentales. Ahora anda haciendo uno sobre su madre y el camino hacia el Cervantes.
“Tienen hijos todos y yo espero que mis nietos sean unos luchadores y no sean unos niños que no sirvan para nada. Que le sirvan a México, que amen a México y que traten de sacarlo adelante y de participar en sus mejores luchas”. Que peleen, como ella, por esa alcanzar ese deseo que la "Princesa Roja" ha convertido en uno de los eslóganes de su vida: “que todos los mexicanos se vayan a dormir habiendo comido más o menos lo mismo”.•
Esta historia fue publicada originalmente el 18 de septiembre de 2014, 2:44 p. m. with the headline "Elena Poniatowska, la ‘Princesa Roja’ recibe el Cervantes."