Un libro que reconstruye los últimos días de Facundo Cabral
En los vídeos que hay en YouTube, y que cuentan con miles de visitas, a veces se ve a un hombre con anteojos y pelo ensortijado, otras con barba –el aspecto varía según la época de las filmaciones–, pero que insoslayablemente rasguea su guitarra española y canta versos sencillos de una profunda humanidad mientras va mechando anécdotas que incluyen a la Madre Teresa de Calcuta, Eva Perón, Jorge Luis Borges o Atahualpa Yupanqui. Al escucharlas uno sospecha que no alcanzaría una existencia para vivir las tantas historias que pregona Facundo Cabral en sus shows. En la incógnita que el artista cultivó alrededor de su vida, sin embargo, radica buena parte del magnetismo que en muchos provoca su figura. El trágico final –incongruente, injusto, sangriento, que encontró en manos de unos sicarios– acrecienta su nombre, le da el rango de leyenda en el firmamento del espectáculo, y fortalece en el tiempo canciones como Vuele bajo y No soy de aquí”.
Facundo Cabral: Crónica de sus últimos días (Suburbano Ediciones), de Gabriela y Percy Llanos, es un libro que documenta la gira que emprendió el artista argentino durante seis días por Centroamérica. Sería su adiós definitivo y eso le da un completo valor al testimonio que cruza el libro. La historia la cuenta, en primera persona, el testigo privilegiado que es Percy, mánager y amigo del artista por más de 40 años. En su relato se percibe el amor al amigo y la admiración al artista, que aprovecha cualquier circunstancia para dar rienda suelta a su repertorio de anécdotas.
Por lo general, confiesa Percy, todo comenzaba con una pregunta retórica que en Facundo destilaba confianza. “ ‘¿Esa te la conté, Percy?’. Era casi una regla interna responderle: ‘no, esa no me la contaste’ o simplemente guardar silencio y volver a escuchar las historias que nos había repetido mil veces. Con el tiempo, llegué a la conclusión de que Facundo Cabral también se valía de ‘¿Esa te la conté?’ para distinguir al amigo del conocido y, especialmente, para demostrar su enfado; cuando la pregunta iba dirigida a otro te estaba ajusticiando y de la peor manera: ignorándote”.
Una buena manera de conocer a profundidad a una persona es viajando con ella. A medida que pasan los días, en la intimidad de una habitación de hotel o en un viaje en auto hasta la ciudad de Quetzaltenango, en Guatemala, o a un costado del escenario donde Cabral ofrece su show, la mirada de Percy intenta armar el rompecabezas de esa figura escurridiza, pero siempre entrañable, que es el artista. El narrador pone su mirada en los detalles –Cabral amante del buen vino; Cabral poco amigo de las incontables entrevistas para promocionar sus espectáculos; Cabral siempre seductor con las mujeres– y reconstruye parte de los diálogos que llenaron las horas de su última gira. Percy sabe escuchar y también preguntar, agitar la cantera de vivencias en el músico.
“Hay una sentencia de Schopenhauer que me gusta mucho”, le contesta el artista cuando su amigo habla de la presencia de la muerte. “Tenés que cambiar música por vida y la vas a entender: ‘La música es la más misteriosa manera del tiempo, porque no hay espacio, es una ilusión compartida. Todo es ilusión’ ”.
Las últimas páginas del libro se centran en la madrugada del 9 de julio del 2011. Es allí donde quisiéramos detener el tiempo porque la fecha toca indudablemente nuestra sensibilidad. Cabral y Llanos deciden pedir un taxi que los lleve hasta el aeropuerto, pero el empresario Henry Fariñas se ofrece para la tarea. Cabral necesita llegar a Buenos Aires para empezar su quimioterapia. Su amigo lo ve cansado, algo viejo, pero todavía con fuerzas para vivir. Los tres emprenden el viaje a bordo de una Ranger Rover que el artista no duda en compararla alegremente con un avión. Fariñas va en el asiento del conductor, Facundo de copiloto y Percy detrás. A metros los escolta una Chevrolet marrón con los guardaespaldas del empresario. Entonces irrumpen las balas, los gritos, la muerte. No hay consuelo. El crimen duele más cuando le toca a un hombre que hacía lo que tenía que hacer con alegría y en absoluta libertad.
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@HVeraAlvarez
Esta historia fue publicada originalmente el 30 de mayo de 2015, 9:41 a. m. with the headline "Un libro que reconstruye los últimos días de Facundo Cabral."