Artes y Letras

El teatro de Javier Marimón

El año pasado la editorial Casa vacía publicó Nunca la deja, dos piezas breves de Javier Marimón (Matanzas, Cuba, 1975), que en su abstracción y borradura –al menos para mí- abarcaban mucho. Y no solo para el teatro como género, sino para la literatura en general, para la transficción, para lo que se puede hacer y pensar con ella. Aquí una breve conversación sobre el libro y sus singularidades.

Hace poco editaste Nunca la deja, un pequeño volumen con dos obras de teatro. Dos piezas atípicas y cómicas, por decirlo de manera rápida. ¿Qué piensas del teatro cubano?

Muy restrictivos los imaginarios nacionales, baños públicos demasiado atestados. Entiendo la escritura como pulsaciones muy privadas, intuición de sonidos tras paredes dobles, ojos entornados; pero lo social tiene la mirada demasiado dirigida y, así, no enfoca. No me opongo o resisto de modo consciente a eso, solo me desmarco de la práctica de un modo de escritura o percepción de la vida que no es para mí.

javier Marimón.JPG
Javier Marimón.

Asimismo, interesarme particularmente en el teatro cubano, del que escucho ser muy contextual, me impone una referencia basada en un accidente geográfico que sepulta mis ansias de la desaparición de las ideas. Hay mucho de predecible en la idea, y lo social se construye precisamente sobre ellas. No hay belleza artística en su naturaleza vapuleada. Aún más, apenas leo, para evitar las referencias o predisposición a lo que se supone sea la escritura. Me interesa la sensación de colocarme al escribir en territorio sorpresivo; así como rechazo la pretensión de tener más que unos muy contados lectores. Simplemente es parte de mi interpretación del acto de escribir. Aspiro a escrituras cuyo ejercicio me coloquen en un estado ético mucho más exigente y asolado, no comunicativo sino expresivo.

Una de las cosas que más me gusta de tu libro es que los personajes ya no responden a ninguna psicología o “facha”. ¿Qué inscriben o territorializan para ti tus personajes?

Ese ser completo de rostro, pensamiento, convicción, hilo de acciones coordinadas, reacciones prescritas, es una idea simplificada de un trasfondo mucho más rico e ininteligible. Jodorowsky iba cortando miembros, no tanto para presentar seres deformes, sino poéticos. Pretendo inquietar con la escritura una limpieza total de atributos, del mismo modo que lo aspiro en mí, zafarme de narrativas como el ser y su contexto, o tipos psicológicos, fuente de engaños y falsos desvelos, concentrarme en las impresiones, no en la definición exterior de quien las produce. Hacerlo con el teatro parece ser un camino de mayor desafío, luego más inquietante, pues no solo participan las exhalaciones de alguien, sino que ambos ser y exhalaciones están presentes. Borrar al sujeto sin que queden otros rastros más que sus proyecciones íntimas es una imagen del proceso mismo de un ser ante la escritura, y esto ayuda a manifestar mi propia relación con el acto poético de modo muy directo. Los personajes, entonces, arquetípicos más que estereotípicos, no son la expresión de alguien o la mía, sino de la disposición misma ante la escritura, hijos suyos muy puros. Deseo que se manifiesten más allá de mis propias ideas, y al hacerlo, liberen un mecanismo. Las pasiones humanas son unas pocas; las inhumanas, o del lenguaje, infinitas.

Nunca la deja se compone de dos piezas. ¿Qué relaciona a ambas?

Ambas tienen los mismos personajes, o personajes negados. Estos interactúan entre sí, su relación es la clave de su propia existencia y la del texto. Las relaciona un lenguaje alusivo, que no narra sino donde la percepción del Momento se engorda en interpretaciones posibles. Ambas reproducen el tiempo hiperreal de las impresiones.

Desde los años cincuenta hemos visto un progresivo desvío del espacio teatro a manos del performance, el happening, etc. ¿Es posible aún pensar el teatro como stage de una historia?

Veo el teatro no como una ventana a una historia más los desenvolvimientos de sensaciones o percepciones, a lo Beckett. Estos otros géneros, al eliminar o enrarecer personaje y conflicto narrativo, no conducen necesariamente a un mejor estado, pues muchas veces se vuelven simbólicos, o sea, inútiles, en tanto deyecciones a partir de una idea. Marina Abramović, por ejemplo, tan celebrados sus performances, y tan patéticos. No creo que se trate de géneros sino de la disposición ante estos.

¿Qué escribes ahora?

Textos muy breves que apuntan a una desaparición paulatina de la escritura, donde el decir quede lo más excluido posible, manchas, más que palabras, pero abriendo universos de relación, motivando impresiones escondidas. La literatura ha dejado de ser un dios para mí, uno recio que castigaba, obligando a mi pensamiento a generar escritura sin descanso. Pero no sufro ya por las visiones que no da tiempo a anotar, por el contrario, disfruto sin ensañamiento su pérdida.

  Comentarios