Artes y Letras

‘Dadá ruso 1914-1924’: un movimiento rico, diverso y muy sugestivo

‘El carrusel de Guillermo’, 1914, de Malevich Mayakovski. Litografía.
‘El carrusel de Guillermo’, 1914, de Malevich Mayakovski. Litografía. Museo Nacional. Centro de Arte Reina Sofia.

Es media mañana de finales de agosto y el sol da un respiro a Madrid. Hace un fresco delicioso que invita caminar por el Paseo del Prado. A esa hora llevan tiempo abiertas las cafeterías y desplegadas las terrazas, los puestos de la prensa y, también, un ajetreado ir y venir de transeúntes y coches. El aire se impregna de la mesa servida con café y croissant recién hechos, de olor a jamón, tortilla de patatas, vino y cerveza. Hay ya un hervidero de gente comiendo y bebiendo, mientras conversan como si no les importara el agobio de ciudad que puedan llevar por dentro. Es ya un tópico disfrutar la vida del día, el buen comer y beber, la acogida cálida que dispensan los madrileños, y su frenética y completa diversión nocturna como ninguna otra capital.

Del mismo modo es también ya un tópico que el Paseo del Arte de Madrid posee, en algo más de un kilómetro, una de las concentraciones de las bellas artes más portentosas del mundo. En el están, además del Museo del Prado y el Thyssen-Bornemisza, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia (MNCARS), donde ahora se exhibe una gran exposición sobre el Dada en Rusia. Es notable la vigilancia policial, incluso con armas largas, en las plazas y lugares de afluencia pública. Esta zona no es la excepción. España esta en alerta 4 antiterrorista.

Hay que coger carrerilla para ver Dadá Ruso 1914-1924, curada por Margarita Tupitsyn, que se extiende por más de tres grandes salas del museo. Al tratarse de una exposición de tesis (es la primera gran exposición específica sobre el tema), cuenta con una impresionante documentación historiográfica, además de las obras de arte entre pintura, escultura, fotografía, dibujos, cine y audio visuales. Documentación, recogida en un elaborado catálogo de la muestra, que abarca carteles, ediciones de libros, cartas, partituras, poesías…, dando cuenta de la estrecha relación que ya entonces se establecía entre las bellas artes y otras disciplinas como la música, el cine, la arquitectura, el diseño y la literatura.

Habría sido difícil soportar un recorrido continuo con tal aluvión de obras y de todo tipo de materiales artístico, sino fuera por el acertado diseño de montaje de la exposición. Un diseño que pauta la muestra en tres grandes partes y, a la vez, va disponiendo obras en las diferente salas, sobre todo audiovisuales, que invitan al espectador a sentarse y luego seguir disfrutando este maravilloso recorrido sobre el arte de vanguardia rusa.

La primera parte enfoca la abstracción alógica, una especie de proto abstracción cuyo lenguaje se inspira en la estética del ready made y de los collage. Es una abstracción que, en parte, prescinde del componente geométrico. Destacan aquí la obra de Ilin (Nal) Futurismo en un pueblo (1914) o la impresionante serie de dibujos de Kazimir Malevich para vestuarios y diseños de la puesta en escena de la opera Victoria sobre el Sol (1913). Son dibujos de pequeños formatos pero, en su pequeñez, mostraban lo descomunal que se iba tornando el mundo bajo el impacto maquinal de la modernidad en los inicios del siglo XX. Pero hay algo aún más sorprendente y curioso todavía; uno de estos dibujo resulta ser un boceto del Cuadrado Negro, cuadro esencial del siglo XX que Malevich exhibiría como obra definitiva dos años después, en 1915.

La segunda parte contempla, desde 1917, triunfo de la Revolución Rusa, hasta la muerte de V.I. Lenin en 1924. Años de la guerra civil y radicalización del discurso revolucionario, ambas problemáticas muy presentes en las ideologías de las obras, tanto en sus respectivas poéticas como discursivas.

Resaltan en esta parte obras muy poco vistas de Aleksandr Ródchenko, Gustav Klutsis, de El Lissitzky, Vladimir Tatlin y Varvara Stepanova. También destacan obras de artistas menos conocidos, pero igualmente asombrosos como, entre otros, Vasily Ermilov, Klement Redko, Adrián Kudriashov, Ivan Punin y Olga Rozanova. En los primeros de esta lista, es llamativo el modo en que pasan de la impronta dadaísta a elaborar un singular discurso constructivista, llevándolo a su expresión más radical: El Productivismo, arte aplicado en estado puro que respondía, desde el terreno de la ideología estética, a la radicalización de la ideología política revolucionaria: Barrer con el pasado, con lo viejo, e imponer lo nuevo y el futuro. Abundan el rostro de Lenin, las multitudes del campo y de la ciudad, las maquinarias, calles, edificaciones y referencias al Ejercito Rojo. En este sentido, para Boris Groys, el enunciando esencial de la vanguardia rusa “consiste en la exigencia de que se pase de la representación del mundo a la transformación de este” (Boris Groys. Obra de arte total Stalin, 2008).

La última parte registra los puntos de contactos entre el movimiento dadaísta de Berlín y París, pioneras del movimiento, y Rusia. Es la parte menos intensa y más previsible. Describe las conexiones entre, por ejemplo, de El Lisitski en Berlín o Serguéi Sharshun e Iliá Zdanévich en París. Pero también muestra las dotes e imaginación artística en clave satírica del gran poeta Vladímir Mayakovski. Este talento menos conocido del poeta se puede ver también en otras partes de la exposición en colaboración con otros artista como por ejemplo Malevich y, son entre muchas más, otras de las curiosidades de la muestra

Que el nacimiento de la vanguardia rusa constituya uno de los hecho fundamentales para la historia del arte del siglo XX, no es ninguna novedad. Tampoco lo es que, en especial, el Constructivismo (y el Productivismo como su ala más radical), haya sido la corriente más influyente en el arte contemporáneo posterior a la II Guerra Mudial. Lo que sí es una novedad es la existencia de un movimiento Dadá ruso, rico, diverso y muy sugestivo tal y como muestra esta gran y primera exposición en torno a ello. ConDadá Ruso 1914-1924 se intenta inscribir -y esto es también una novedad- un nuevo segmento historiográfico y, al mismo tiempo, una nueva superficie en el circuito comercial internacional del arte de las vanguardias que, hasta ahora, no se había formalizado tan extensa y rigurosamente.

Dadá Ruso 1914-1924”. Museo Nacional. Centro de Arte Reina Sofia. Calle de Santa Isabel, 52, 28012 Madrid, España. Hasta el 22 de octubre de 2018. www.museoreinasofia.es

Dennys Matos es crítico de arte y curador independiente. Trabaja y reside entre Miami y Madrid.

  Comentarios