Larga conversación con Novo. Entrevista a Luis Felipe Fabre
Fundador de Los contemporáneos, aquel grupo que contó con personajes de la talla de Villaurrutia, Gorostiza o Torres Bodet…, Salvador Novo (1904 – 1974, México) es uno de los mitos del siglo XX. Y no solo por sus pelucas, sino por su escatología, sus poemas y memorias en general. Para adentrarnos en el mundo Salvador Novo converso brevemente con Luis Felipe Fabre (México, 1974), quien publicó el año pasado en Sexto piso Escribir con caca, un libro que más que estudio es poema, el poema que no se había escrito hasta ahora sobre el gran escritor y cronista mexicano.
Octavio Paz decía, refiriéndose a la poesía satírica de Novo, que “escribía con caca”. ¿Dónde no comprende Octavio Paz a Salvador Novo?
Aquella frase de Paz me parece muy precisa si se la lee sólo como descripción y no como un juicio moral, aunque en su contexto es más bien esto último: una descalificación. Y la descalificación no se limita a aquella cita. En casi todas las referencias que Paz hace de Novo, el reconocimiento de sus talentos nunca está exento de cierta repugnancia hacia el autor. Antes que razones intelectuales (que las hay), sospecho algo muy humano: no le caía bien. La personalidad disruptiva, camp, protagónica, estruendosa de Novo no creo que se aviniera muy bien a la idea de lo que debería ser un escritor para Paz. Hay, por supuesto, motivos políticos: el escepticismo de Novo aunado a un descarado oportunismo y fascinación por los poderosos es muy distinta a la relación (también cercana) que Paz sostuvo con el poder. Y creo, sobre todo, que hay un componente de pudor por parte de Paz en relación al erotismo, que en Novo alcanza extremos escatológicos. Paz, al contrario de Novo, era bastante pudoroso literariamente en materia sexual. Esto se pone de manifiesto, además de en algunos pasajes de su correspondencia, en la traducción que hace de un poema de John Donne al que en español le “matiza” algunas imágenes por temor a que sonaran de mal gusto (y así lo dice en Versiones y diversiones). Nada más distinto a Novo, que nunca temió al mal gusto y aún se regocijó en ello. Sin que esto sea totalmente definitorio, creo que sus respectivas orientaciones sexuales tuvieron también consecuencias estéticas.
¿Pudiera decirse entonces que Novo convierte la escatología en una de las variantes más radicales de la poesía en español?
Sí, por supuesto. Pero no sólo es eso: no sólo es una cuestión temática o estética. No se trata de una belleza de lo obsceno, a la manera del siglo XIX, sino de una cuestión anatómica: un cambio del órgano de enunciación. No se trata sólo de lo que dice, sino desde dónde se dice. No es la boca ya, sino el ano -tanto personal como del cuerpo social- el que canta… Son poemas hechos con aquella materia considerada innoble, pues qué puede decir un ano que no esté manchado de mierda.
¿Quiénes serían los “contemporáneos” de Novo en el siglo XX?
La verdad es que muy pocos. A veces me resulta más fácil emparentarlo con escritores de otros siglos, como Villon o Aretino o Fernando de Rojas. Quizá, en el siglo XX, encontraría alguna empatía estética en la desparpajada transgresión de Copi, y en los momentos más felizmente superficiales de Perlongher (aunque en él el asunto es más intelectual e ideológico y moral).
¿Y alguien como Lamborghini?
Lo que quería decir en mi respuesta anterior y que quizá no quedó claro, es que son pocos los que verdad hablan o cantan desde lo “bajo”, desde la mayor “bajeza” sin justificaciones “altas” o “nobles”, ya sean morales, ideológicas o estéticas. Me encanta Lamborghini, pero lo que trato de explorar en el libro es que más allá del tema, o del tratamiento escatológico, lo que encuentro en Novo es el sacrificio del talento y la “gran obra” en la producción de lo execrable (o que así podría ser considerado desde la perspectiva de la “alta” literatura). No se trata, en Novo, nada más de escribir sobre la mierda, sino de hacer mierda de -y con- todo su gran talento.
Una de las cosas que más me gusta de tu libro es su escritura. Una escritura que se mueve entre el ensayo, la poesía, lo biográfico… ¿Qué se gana (y se pierde) cuando se ‘escribe’ a Novo?
Para mí escribir ese libro fue una larga conversación con Novo. Es decir, hay tanto de él como de mí en ese libro. Pero ciertamente la obra de Novo resiste lecturas así sin despeinarse: continúa tan espléndida e inusitada y fresca y admite y aguarda todo tipo de lecturas. Y es, y sigue siendo una apuesta, un tanto descreída si se quiere, por la poesía, y ante todo, un placer.