Artes y Letras

Toño Malpica: “Un tipo afortunado”

Antonio Malpica se presentará  el viernes 12 de octubre, a las 7:00 p.m., en el Instituto Cultural de México en Miami.
Antonio Malpica se presentará el viernes 12 de octubre, a las 7:00 p.m., en el Instituto Cultural de México en Miami.

Antonio “Toño” Malpica (1951, Ciudad de México), uno de los más prestigiosos autores de libros para niños y jóvenes de Iberoamérica, se describe en pocas palabras como “un tipo afortunado”. Y no le falta razón, pensarán algunos al revisar su currículo en Wikipedia y ver que ha ganado un montón de distinciones relevantes tanto en México, su país, como en el extranjero: desde el Premio Iberoamericano SM, por el conjunto de su obra, hasta el Norma, el Barco de Vapor y el Gran Angular. Sin embargo, la mayor fortuna de Malpica es, sin duda, la extraordinaria acogida que han dado los lectores en Latinoamérica a creaciones suyas como Margot: La pequeña, pequeña historia de una casa en Alfa Centauri, Por el color del trigo, El bondadoso rey o la saga El libro de los héroes, entre otras muchas.

Este popular autor –que también ha escrito y recibido premios por su obra para adultos– estará pronto de visita en Miami, como invitado especial del evento Fiesta de la Lectura, que organiza cada año la Fundación Cuatrogatos con el apoyo del Departamento de Asuntos Culturales de Miami-Dade y otras entidades, entre ellas el Instituto Cultural de México y Cinco Books. La agenda de “Toño” incluirá encuentros con niños en escuelas públicas y una presentación para el público adulto.

¿Cómo un ingeniero en computación de la Universidad Nacional Autónoma de México, interesado en la narrativa y el teatro para adultos, se convierte en un prolífico autor de literatura infantil y juvenil (LIJ)?

Casi por accidente. Fue en el año 2000, cuando me animé a participar en un concurso de novela infantil. Para entonces ya escribía teatro y novela para grandes (con irregular suerte en ambos casos), así que no me resultó totalmente ajeno escribir para niños. Aunque lo hice de una manera muy intuitiva, recuerdo que disfruté mucho de ese primer ejercicio; tanto que me quedé para siempre. Usualmente lo defino como si, después de mucho peregrinar, hubiese descubierto al fin mi lugar en el mundo.

¿Qué tiene de atractivo este público?

El principal atractivo es lo abiertos que se muestran los chicos para aceptar cualquier posibilidad anecdótica, cualquier personaje, cualquier rompimiento de reglas, cualquier irrupción de la irrealidad. Los que escribimos para niños convenimos en que nuestra escritura se libera en la LIJ porque los chicos no cuestionan ni descalifican a priori aquello que se llevan a los ojos. Y no solo eso, sino que en gran medida agradecen lo fantástico, lo estrambótico, lo prodigioso, pues eso sacude la posibilidad de estarse enfrentando a una lectura aburrida. Los chicos aman lo extravagante, lo colorido, lo ruidoso, lo irrespetuoso, lo atrevido.

¿Qué aspectos son esenciales para ti a la hora de escribir? ¿Te diviertes al hacerlo?

El aspecto primordial justamente es no aburrir a mi lector, aunque siempre respetando una condición irrenunciable: no perder el propio discurso en el camino. Es decir, que no me importa caer en la bufonada o la pirotecnia mientras no deje de decir, en el transcurso de mi historia, aquello que verdaderamente me importa decir, no sacrificar la voz propia ni hacer a un lado mi primigenia intención de escribir (más allá del mero entretenimiento). Eso, para mí, es lo más importante. Y sí, claro que me divierto. De hecho es algo que me prometí hacer desde que comencé en esto, siempre divertirme, pues solo así la creación deja de ser un trabajo para volverse una vacación. No creo en la letra que se padece, pues para mí la literatura (y el arte en general) debe ser un juego. Y me cuesta mucho trabajo creer que algo bueno pueda salir de un oficio que te atormenta en vez de causarte placer. Por ello mismo creo que la escritura para jóvenes debe ser libre, gozosa, honesta, divertida y sin falsas pretensiones.

Has publicado novela negra, ciencia ficción, terror, historias detectivescas, novela histórica, narraciones de lo cotidiano... ¿Cuáles de esos géneros te atraen más?

Ninguno por encima de los otros. No me gusta etiquetarme como autor ni tampoco decantarme por temas específicos pues creo que eso coarta tu libertad y genera falsas expectativas en los lectores. Usualmente elijo mis anécdotas sin deliberar antes el tema a tratar, pues eso me parece que subordina el texto a (nunca mejor dicho) un pretexto. Es como empezar a crear con una camisa de fuerza. Y corres el peligro de que la historia se contamine de esa necesidad de ajustarla a un tema. Prefiero creer que la historia ya escrita dictará en qué género o subgénero entra, pero solo por meros motivos de clasificación. Nunca al revés.

Tienes una producción literaria muy amplia y de gran calidad, ¿cómo lo logras?

Siempre he creído que la única forma de permanecer fiel a un oficio, el que sea, es disfrutándolo. En el momento en que aquello que te da de comer también te da pesadillas, hay que echarse a correr en dirección contraria. Por ello, no hay ningún secreto o fórmula mágica en la forma en que produzco. Simplemente lo hago porque me gusta hacerlo. No es que me desvele demasiado o trabaje a deshoras; es solo que lo hago todos los días y siempre de buena gana, ya sea por quince minutos o por seis horas. Al final, claro, algo resulta de estar todo ese tiempo frente al teclado. Lo mando a una editorial y, en el mejor de los casos, lo publican. Como sea, no me detengo a pensar en eso, ni a esperar dictámenes cruzando los dedos; en cuanto termino y envío algo, sigo con otra cosa. Casi como una maquinita, sí, pero una maquinita feliz.

¿Qué te permiten las sagas como creador? ¿A qué atribuyes su éxito?

En realidad una saga no es más que un solo libro gordo publicado por entregas. Es una forma un tanto tramposa de crear algo que, de otra forma, te tomaría varios años sin obtener ninguna satisfacción anticipada. Lo mejor de escribir una historia así de grande y publicarla por partes es la complicidad que se consigue de los lectores. En el juego que propone un escritor siempre hace falta la confabulación de su público, eso lo sabemos todos. Pero nunca es más evidente y satisfactorio que con una saga. Uno escribe una historia que pide al lector mantenerse fiel a ella mientras se produce la siguiente parte. Y lo mejor es que funciona. Y el lector crece contigo, se vuelve tu amigo, tu cómplice, tu compañero de viajes. Creo que el éxito de este tipo de literatura está basado, justamente, en el cariño que prodigan los lectores a personajes que no quieren ver desaparecer. Por eso implica tanto escribir una saga, porque sin personajes entrañables no puede funcionar.

¿Escribes tus libros con un lector en mente?

Para escribir para niños nunca hay que perder de vista al lector. Lo cual no significa más que eso. Instintivamente, creo que todo autor se concederá las licencias que correspondan o se impondrá las restricciones que le parezcan convenientes con el solo hecho de reconocer que le está hablando a un niño. En el mejor de los casos, funciona. Así, naturalmente, sin recetas ni manuales, del mismo modo que funciona cuando se le habla a un niño en la vida real. Por el contrario, creo que cuando se escribe para cualquier otro público (incluido el juvenil) debe desecharse esta idea. Los chicos y los no tan chicos adoptarán la literatura si esta les engancha. Y nada podemos hacer para que esto se consiga excepto escribir con toda la honestidad posible (y probablemente, sí, cruzar los dedos).

¿Consideras que hay temas que no deben abordarse en los libros para niños?

Creo que todos los temas que competan a los niños pueden y deben abordarse en su literatura, siempre y cuando se cuide la forma en que sean tratados. Solo cuestionaría aquellos temas que en lo absoluto les competen porque tienen poco o nada que ver con ellos. No podemos negar que hay edades para todo. E intereses para todos. Y no es que no se “deban” abordar dichos temas (esto ya de entrada parece restrictivo y quién soy yo para dictar ninguna norma); lo digo, simplemente, porque la historia puede perder eficacia si aborda un tema que para nada hará eco en su lector y sí, en cambio, podría causarle confusión. Un burdo ejemplo: alguna inquietud filosófica muy profunda en un libro para niños de preescolar.

Si alguien que no conoce tu obra quiere acercarse a ella, ¿qué le recomendarías que leyera primero?

Suponiendo que se trate de un lector consumado, ya sea adulto, joven o bien niño que lee mucho, le recomendaría algún libro corto, pensando en aquello de que “como muestra basta un botón”. Por ejemplo, Las mejores alas, Los mil años de Pepe Corcueña o Un viejo gato gris mirando por la ventana son novelas breves bastante representativas de mi tipo de escritura.

Como escritor, ¿tienes algunas rutinas?

No soy de manías. Escribo cuando puedo y donde puedo, aunque sí he de confesar que prefiero la mañana a la noche. Y prefiero hacerlo en mi estudio que en una sala de aeropuerto. Pero no es necesario tener buena música o una vista hermosa tras la ventana (aunque a veces ayudan). Tal vez mi única rutina sea desconectarme de Internet mientras escribo; está tan poblado de distractores que es una bendición evitar su ruido de fondo.

Por último: ¿Te leen tus hijos? ¿Qué opinan de tus libros?

Más que leerme, nosotros (mi esposa y yo) les leemos mis libros. Les gustan, para mi enorme fortuna. Y tienen sus favoritos. Pero igual disfrutan de otros autores sin menoscabo del cariño por su padre (que en este renglón es muy poco celoso, la verdad).

Antonio Malpica se presentará el viernes 12 de octubre, a las 7:00 p.m., en el Instituto Cultural de México (1399 SW 1st Ave, Miami, FL 33130).

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