Artes y Letras

‘El relato, el relato siempre’. Entrevista con Espido Freire

Espido Freire se presentará el 9 de octubre, a las 8:00 p.m., en la librería Books and Books de Coral Gables.
Espido Freire se presentará el 9 de octubre, a las 8:00 p.m., en la librería Books and Books de Coral Gables.

La autora española María Laura Espido Freire (1974, Bilbao) llega a Miami, invitada por la Feria del Libro del Miami Dade College y con el auspicio del Ministerio de Cultura y Deportes de España, para presentar su más reciente novela para adultos Llamadme Alejandra, que recrea la historia de la última zarina de Rusia y los días finales de la familia Romanov. Con esta obra ganó el Premio Azorín 2017; pero a principios de enero, la reconocida escritora sumó otro reconocimiento a su carrera: el premio Letras del Mediterráneo en la categoría de novela histórica, otorgado al libro para jóvenes El misterio del arca: una aventura en el Mare Nostrum.

Las actividades de Espido Freire durante su breve estancia en Miami se enmarcan en la sexta edición del evento anual Fiesta de la Lectura, organizado por la Fundación Cuatrogatos con el apoyo de distintas instituciones culturales de la ciudad. La creadora de Melocotones helados, Soria Moria, La flor del norte, Nos espera la noche y La diosa del pubis azul, entre otras muchas obras, se presentará en la librería Books and Books de Coral Gables, y además visitará una escuela para tener un encuentro con jóvenes estudiantes de español.

Antes de volar a Miami, Espido Freire concedió esta entrevista para el Nuevo Herald.

¿Cuándo sentiste que la escritura podía ser un camino profesional para ti? ¿Qué te motivó a incursionar en los territorios de la ficción?

Una cosa es sentir y otra pensar: en mi caso, creía, con la confianza totalmente avasalladora de la juventud, que no solo lo sería, sino que lo lograría pese a mi falta de contactos o de conocimiento del medio editorial. En poco tiempo tuve menos fe en el azar y en mí y más en el trabajo constante y en entender que una profesión exige mucho más que buenas ideas y voluntad. Y la ficción era, y creo que sigue siendo, mi manera natural de narrar, en particular el relato.

¿Qué sentiste al ver Irlanda, tu primer libro, publicado?

Tenía 23 años, y era un momento en el que varios autores muy jóvenes habían publicado libros exitosos, de manera que no resultaba tan excepcional como quizás ahora. Junto con la satisfacción caminaba la cautela. Había un pequeño punto de desconfianza. ¿Qué diría la crítica? ¿Qué pasaría con los lectores? ¿Cuál sería el siguiente paso?

¿Eres de las que considera la escritura como un ejercicio angustioso o, por el contrario, estás entre los autores que disfrutan durante el proceso de creación?

No, escribir no me resulta angustioso. Otros factores que lo rodean, otras presiones, o incluso el carácter del escritor, pueden complicarlo. Pero para mí hay un elemento de juego, de tensión narrativa y de duelo de inteligencia con el lector que está por encima de todo ello.

Has sido el autor más joven en ganar el Premio Planeta con Melocotones helados, uno de los galardones más codiciados del ámbito iberoamericano. ¿Te sentiste presionada cuando esto ocurrió en 1999? ¿Qué significan para ti los premios literarios?

Nuevamente, resulta muy diferente mirar al pasado y verme allí, serena en mitad del torbellino y la reacción que mucha gente imaginaba que tendría. Fue muy sensata, muy cauta; entonces, como ahora, los premios suponían una gran oportunidad para un autor joven si se sabía aprovechar la visibilidad e incorporarla a una trayectoria más larga. De otra manera, podían acabar con una carrera. Para mí era más importante escribir que un libro, mi novela que un premio o mi ego. Pensé a medio plazo, continué formándome, salté al ensayo y casi veinte años más tarde creo que me divertí menos de lo que hubiera podido, pero que lo manejé bastante bien.

Has escrito novela, cuento, poesía y ensayo. ¿Hay alguno de estos géneros que prefieras y en el que te sientas más cómoda?

El relato, el relato siempre. En realidad, el formato corto. Incluso en no ficción. Y los cruces de géneros.

¿Qué te impulsa a escribir?

Es mi trabajo. Es mi pasión. Y es mi manera de estructurar mi cabeza, el hilo de pensamientos que todos tenemos. A veces lo vuelco en textos, otros en las redes sociales, más inmediatas, o en clases, o en conferencias. No sé separarlo de mi vida. Tampoco podría distanciarme de leer, por ejemplo.

¿Tienes algún lector ideal en mente cuando escribes o simplemente escribes para ti?

Hay un lector: no ideal, no perfecto, pero sí cínico, resabiado, que ha leído mucho y que me cuestiona. Y al que si entusiasmas, se entrega. Supongo que yo leo así, y me imagino a mis lectores atravesando los mismos estadios de ánimo.

¿Cómo encuentras tus historias?

Casualidad, historias familiares, conexión emocional… Muchas de ellas me acompañan mucho tiempo, como si fuera un rumiante, hasta que veo dónde encajan. Ya no tengo la prisa de la juventud por escribir. El tiempo siempre juega a favor. El conocimiento de la vida modela mejor esas historias que mi propia intención.

¿Cuál es el personaje creado por ti con el que te sientes más identificada y por qué?

Ahora hace un par de años que no estoy de lleno en una novela, y lo mismo que los personajes envejecen, envejece esta pobre autora. Nunca he sido del todo ninguno de ellos, y ahora lo soy menos.

El mundo de los Romanov ha sido abordado por la literatura y el cine en los últimos años. ¿Qué ángulo inédito sentiste que podías explorar en Llamadme Alejandra?

La voz de Alejandra Feodorovna, la mirada de la malvada alemana espía, de la histérica en manos de un gurú, de la manipuladora intrigante; de la esposa amorosísima, de la madre preocupada, de la tímida patológica. Alejandra ofreció muchas dificultades: ¿cómo rescatar de esa historia y esa mujer una historia y una personalidad diferente y propia?

¿Te fue difícil lograr la voz de la última zarina?

Toda voz en primera persona exige más y ofrece más. He pasado una década con esta novela y esta voz, y me ha devuelto ese esfuerzo con creces.

Para escribir Llamadme Alejandra, ¿la investigación fue solo bibliográfica o también visitaste los lugares donde los Romanov vivieron sus últimos días?

Mi interés comenzó cuando era una niña de unos ocho o nueve años. Y acabo de regresar ahora de una ruta que he llevado a cabo con lectores desde Ekaterimburgo a San Petersburgo, pasando por Moscú. Coincidimos con el centenario del fusilamiento de los zares allí mismo, en la iglesia de la Sangre Derramada. Era, además, el día de mi cumpleaños. Es decir, que no solo he investigado en su momento; las lecturas, los viajes y el interés por este y otros temas continúan. Los libros tienen un remate, un punto final, pero las historias no.

¿Estás trabajando un nuevo libro? ¿Nos puedes adelantar alguna información?

Siempre estoy trabajando en algún libro nuevo. Ahora mismo en uno juvenil, y corrijo y reviso la que espero que sea mi próxima novela el año que viene.

¿Qué autores admiras? ¿Algunos de ellos han influido en tu escritura? ¿Quiénes y de qué forma?

Siempre los clásicos. Es más, cada vez con mayor intensidad, los clásicos. Shakespeare, claro. Yo soy filóloga inglesa. En los últimos años me piden que hable en muchas ocasiones de autoras inglesas, que fueron tantas y tan relevantes en el XIX, y que por fin a través de una lectura nueva de Frankenstein, Orgullo y prejuicio, Cumbres borrascosas o Middlemarch vuelven a ser admiradas y consideradas. Me gustan mucho Eugénides, Atwood, Nooteboom, Pavese, Rilke…

¿Cuál es la máxima recompensa que esperas recibir tras la publicación de un libro?

Espero muy poco de los libros. Lo que me tenían que dar me lo han regalado durante su proceso. El estudio, el placer, la energía, la curiosidad… todo eso ha aparecido mientras trabajaba en ellos y es muy hermoso. El resto ya no depende de mí, es un don que otorgan, o no, los lectores o el momento.

Además de la literatura, ¿cuáles son tus otras grandes pasiones?

La botánica, los viajes, el teatro, la moda. La arquitectura y la arqueología, de la que no sé nada pero me interesa todo. Antes, la cocina, ahora he perdido un poco el interés. Y los animales, claro.

Tienes un blog muy leído y una constante presencia en Instagram. ¿Por qué esa relación tan estrecha con ambas redes sociales?

Porque, a diferencia de otras, me permite crear un mundo propio y mostrarlo de una manera muy inmediata; fotos, aforismos, enlaces, frases. Aunque no es muy habitual en España, trabajo también creando contenidos para publicidad y marcas. Soy una de las pocas escritoras que han logrado saltar de la barrera del lector a la del público. Mucha gente que no me ha leído me conoce, me sigue en prensa o sencillamente le interesa qué pienso, qué digo o qué hago, y me parece curioso explorar eso. Al no ser un blog literario, sino de estilo de vida, puedo también desconectar un poco. Eso sí, mi vida personal está excluida de todo eso, salvo mis tres gatas, que tienen sus propias vidas y despiertan muchísimo más interés que yo.

¿Qué palabras escogerías para definir el momento en que estás en tu carrera literaria?

Tengo 44 años y llevo veinte de profesión. He recibido premios y aguardo aún recibir más. Otros no llegarán nunca. Los lectores siempre me han acompañado. Soy inmensamente curiosa. Espero que los siguientes treinta o cuarenta años me permitan conocer algo de lo mucho que ignoro.

Espido Freire se presentará el 9 de octubre, a las 8:00 p.m., en la librería Books and Books de Coral Gables (265 Aragon Ave, Coral Gables, FL 33134), donde será entrevistada por Ainara Mantellini y charlará con el público.

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