El tejido y la memoria como expresión artística
Cuenta la leyenda que las parcas, hijas de la noche, gobiernan la existencia de todo mortal desde el nacimiento y hasta la muerte. Hurañas, pacientes, impertérritas, las tres hermanas –siempre desde la invisibilidad- tejen en la noche nuestro destino. Paralelo interesante el de este mito con el de Aracné, la tejedora envidiable, capaz de vencer al Empíreo con sus insuperables tejidos y convertida en araña a fin de que sus magníficas creaciones trastocadas en la fina hebra transparente del arácnido, pasaran desapercibidas.
Esta condición de invisibilidad soportada desde el mito, es evidencia de la noción de invisibilidad asociada a la mujer y a la labor milenaria del tejido, consecuencia directa de las nociones patriarcales y de heteronormatividad que todavía hoy confinan a la mujer a la condición de anonimato.
Women Weavers (Mujeres Tejedoras), la mega exposición curada por Aluna Art Foundation (el colectivo curatorial integrado por Adriana Herrera y Willy Castellanos) parte del precepto del hilo de Ariadna (Aracné) para llevarnos de la mano en un exquisito viaje donde el hilo conductor es justo el tejido, y su reinterpretación y apropiación desde postulados de absoluta contemporaneidad. La muestra de calidad museística, cuenta con obras de primera de 19 artistas y comprende la participación de artistas latinoamericanas pioneras dentro de la recuperación de la tradición del tejido tan caro a la región. Son ellas Olga de Amaral, Stella Bernal de Parra, María Angélica Medina y Cecilia Vicuña.
Inspirada en el legado precolombino, la obra de Olga de Amaral (Colombia, 1932) destaca por el depurado trabajo con la fibra que genera estructuras formales geométricas donde siempre trasluce ese lenguaje otro, implícito en la labor del tejido. No olvidemos que el tejido precolombino implica un código simbólico la más de las veces perdido en el tiempo y que asociado al transcurrir temporal de la labor de tejido, hay un proceso de aprendizaje a través del cual se transmiten las tradiciones de generación en generación. Algo, en la urdimbre de la obra de Amaral, nos recuerda lo que ha quedado atrapado entre los nudos del tejido y aun por redescubrir.
La obra de Stella Bernal de Parra (Colombia, 1932), marcada por la impronta de la Bauhaus, es ineludible a la hora de trazar la entrada del textil dentro del arte latinoamericano contemporáneo. El gusarapo, 1973, y Coloquio en blanco y negro, 1975, son ejemplos magníficos de la perfecta imbricación entre tradición y arte moderno.
El carácter enigmático y de ensueños de la particularísima obra de María Angélica Medina (Colombia, 1939), una de las primeras artistas conceptuales del área, se caracterizan por su integración al medio natural y/o al recinto expositivo donde el público es seducido y arrobado por esta suerte de gaza premonitoria que nos circunda e interpele. La labor procesual, que puede llevar a la artista años de confección (Pieza de conversación, 1981, incluida en la presente muestra, es el resultado de 18 años de labor de tejido) es elemento sustancial que carga las piezas de Medina del sentido de memoria elidida y reclamo tan caros a su obra.
Indisolublemente asociada a la tradición oral que implica el tejido, la obra de Cecilia Vicuña (Chile, 1947) nos interpele desde la poesía de lo precario. Sus obras, que recuerda las instalaciones de Eva Hesse, constituyen un alegato en favor de lo femenino y lo efímero.
Woven Channel (Canales entretejidos), 2008, de Raquel Schwartz, Bolivia, es una potente instalación compuesta a partir de 300 cintas de audio-cassette usadas. La recurrencia al tejido y a la cinta de audio imponen una reflexión en torno al tiempo en dos niveles. El primero, asociado a la noción de lo perentorio que secunda nuestra existencia y que deriva de ese tempo acelerado que impone la sociedad contemporánea en la que todo caduca en breve lapso, y contrapuesto a este frenesí, la duración. Ese lapso magnífico, tiempo real imprescindible para la confección del tejido o para, sencillamente, escuchar. Lograda sinestesia, Woven Channels constituye una aguda reflexión acerca de la sobreabundancia de información y la falta de tiempo real para su procesamiento, erigiéndose en monumento a esa suerte de palimpsesto o torre de babel de la información que tipifica a la época contemporánea.
Shawl (Chal), 2009, de Cecilia Paredes (Perú) es una obra de absoluta delicadeza. Las crisálidas entretejidas generan un fragilísimo manto dorado, eco de ese equilibrio quebradizo y magnifico que es el cosmos que habitamos. La artista ha procurado intervenir lo menos posible las crisálidas que conforman tan sui generis paño, restringiendo su labor a tan sólo abrir una a una las doradas crisálidas -del griego chrysos, que significa oro- para cuidadosamente unirlas una a una con puntadas de seda. El chal, insuperable, pareciera bordado en finísimo hilos de oro cuando en realidad asistimos a una minuciosa obra de reciclaje de un desecho natural.
Mujeres Tejedoras incluye además obras de Frida Baranek (Brasil), Karla Caprali (Brasil), Sandra de Berduccy (Bolivia) Sylvia Denburg (Guatemala), Marina Font (Argentina), Norah Hernández (Puerto Rico) Akiko Jackson (Hawai/Estados Unidos), Mira Lehr (Estados Unidos), Elysia Mann (Estados Unidos), Marcela Marcuzzi (Argentina), Suzanne Noujaim (Venezuela), Mabel Poblet (Cuba) y Agustina Woodgate (Argentina).
‘Women Weavers’ (Mujeres Tejedoras), en IdeoBox Artspace, 2417 N Miami Ave, Miami, FL 33127. Hasta el 2 de noviembre.
Janet Batet es escritora, curadora y crítica de arte. Escribe para diferentes publicaciones, galerías y museos.
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de octubre de 2018 a las 11:15 a. m..