Artes y Letras

Galería de Miami llega al tope en Art Basel y entra en exclusivo club del mundo del arte

Miami puede mirar hacia dos nuevos espacios de arte

El escultor y galerista Pablo Atchugarry presenta su obra de arte en Atchugarry Art Center en Little Haiti. La edición más reciente de la escena de la galería Upper Eastside planea abrir al comienzo de Miami Art Week.
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El escultor y galerista Pablo Atchugarry presenta su obra de arte en Atchugarry Art Center en Little Haiti. La edición más reciente de la escena de la galería Upper Eastside planea abrir al comienzo de Miami Art Week.

Cuando David Castillo haga un balance del 2018, a nivel profesional podrá sentirse orgulloso de haber alcanzado un hito, que no solo es significativo para él como galerista, sino para el mundo del arte en Miami.

David Castillo Gallery, en Lincoln Road, Miami Beach, entró por primera vez este año en la prestigiosa sección Galleries, de Art Basel, que acoge a las 200 galerías más prestigiosas del mundo.

A su vez es la segunda galería de la Florida en esa sección de Art Basel, al sumarse a la de Fredric Snitzer, un veterano galerista que también forma parte del comité de selección de las galerías que participan en Art Basel Miami Beach.

“En esta sección puedes mostrar lo que quieras de tu programa, sin límites, ya que la galería ha sido aceptada en su totalidad, y no como una propuesta específica”, explicó Castillo, indicando que la elección significa un voto de confianza para el trabajo de la galería y para el nivel que han alcanzado sus artistas.

“Ellos [el comité de selección] reconocen que trabajamos con artistas que han vendido obras a museos internacionales y con coleccionistas de todo el mundo”, apuntó.

Esta es la sexta vez que los artistas de David Castillo Gallery participan en Art Basel. La primera fue en el 2008, en la sección Art Positions, donde se exhibió la obra de Quisqueya Henríquez, también la primera artista que representó Castillo como galerista.

Para él es como si se cerrara el círculo, porque Henríquez exhibe ahora en el espacio de David Castillo Gallery en Art Basel, el booth F26, donde se podrán ver piezas de Belkis Ayón, Sanford Biggers, Adler Guerrier, Pepe Mar, Glexis Novoa, Shinique Smith, Xaviera Simmons y Vaughn Spann, nueve de los 14 artistas que trabajan con la galería.

El escultor y galerista Pablo Atchugarry presenta su obra de arte en Atchugarry Art Center en Little Haiti. La edición más reciente de la escena de la galería Upper Eastside planea abrir al comienzo de Miami Art Week.

En términos de negocios, la presencia de la galería en Art Basel es una oportunidad de hacer nuevos contactos, de vender las obras de sus artistas a una audiencia internacional y de promoverla a curadores de museos, periodistas y críticos de arte, explicó Castillo.

Como observador de las tendencias en el mundo del arte, Castillo destaca que en la actualidad ha resurgido el interés por la pintura, después de más de dos décadas en las que este medio no fue el favorito.

“El público desea conocer a los artistas que están surgiendo”, dijo, indicando que los museos y galerías muestran preferencia por las obras que indagan en la identidad, lo que coincide con el trabajo de muchos de los artistas que él representa.

“Ahora los museos están llenando esos vacíos con lo que se ha omitido históricamente”, señala.

Castillo, nacido en Madrid de padres cubanos, se considera miamense porque llegó aquí a los cuatro meses de edad. Ha sido testigo del desarrollo del mundo artístico en la ciudad, desde que de niño asistía a exposiciones de arte en el Gusman Center, hoy Olympia Theater, hasta el más reciente apogeo de Wynwood, del que fue pionero al establecer su galería allí en el 2005, en una época en que solo había tres más en el vecindario.

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David Castillo en su galería en Lincoln Road, Miami Beach. Jose A. Iglesias jiglesias@elnuevoherald.com

Hoy, cuando un amigo de otra ciudad lo visita, le pide que lo lleve a ver los murales de Wynwood, cuenta Castillo, que decidió mudar su galería a Miami Beach para estar más cerca de Art Basel y de los hoteles donde se alojan los coleccionistas que visitan su espacio artístico.

“Estamos viviendo un renacimiento”, dice refiriéndose a Miami Beach, y específicamente a la zona de Lincoln Road, en la que hace una década había numerosas galerías que después fueron cerrando por el aumento del alquiler, la avalancha de otro tipo de comercios y de los turistas.

David Castillo Gallery está hoy en el tercer piso de un edificio Art Deco, en el número 420 de Lincoln Road, el cual es propiedad de uno de los coleccionistas más importante del mundo, Paul Cejas.

“¿Viste el mural de Leo Birchansky?”, preguntó Castillo, invitando a admirar el mural que el artista ruso pintó en el lobby del edificio en 1945, cuando vivía en La Playa.

Hablar de arte con Castillo es presenciar cómo se desborda su pasión, es un placer que va creciendo a medida que cuenta cómo llego a convertirse en marchante de arte.

Estaba estudiando ciencias premédicas en la Universidad de Yale cuando tomó su primera clase de historia del arte. Eso fue perfilando su plan, que era hacer un doctorado en artes y convertirse en profesor.

Sin embargo, el rumbo cambió cuando un coleccioniosta de arte latinoamericano le pidió que evaluara su colección y después que vendiera las obras, entre las que había piezas de Wifredo Lam y Roberto Matta.


Castillo reconoce que entonces no sabía cómo venderlas, y que además, como vivían la era preinternet, todo se tenía que hacer en persona, y por supuesto requería un arduo trabajo de investigación. Pero logró vender las obras y le tomó el gusto.

La intuición es lo que lo distingue como galerista y como marchante de cuadros. En el arte no existe un discurso preestablecido para la venta, como en el mercados inmobiliario o en el de los autos, explicó. Solo escuchando al coleccionista o al representante de un museo y adivinando qué temas le interesan, se puede llegar a un acuerdo para ofrecerle lo que busca.

El galerista debe creer en la obra del artista y poder explicar a los museos, a los curadores y a los críticos, por qué esos artistas están haciendo obras únicas, apuntó.

El trabajo de un galerista que promueve la obra de un artista en activo, que enfrenta a veces los altibajos del mercado, es mucho más retador que vender la de uno establecido o que ya está muerto y forma parte del canon.

“Mi labor es apoyarlo cuando vende y cuando no lo hace”, concluyó.

Siga a Sarah Moreno en Twitter: @SarahMorenoENH.

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