Artes y Letras

Elvira de las Casas lleva a Hércules a las montañas del Escambray

La escritora Elvira de las Casas lanza ahora ‘Doce mensajes a Hércules’ en una edición para Kindle.
La escritora Elvira de las Casas lanza ahora ‘Doce mensajes a Hércules’ en una edición para Kindle. Diego Rodriguez Arche

Con una primera novela excelente, llena de humor e ironía, y con momentos de gran dolor, Elvira de las Casas entra de lleno al reino de los escritores cubanos que residen en Miami.

En el 2012 publicó con la Editorial Silueta Doce mensajes a Hércules, que ahora presenta en edición para Kindle. Tiene además una segunda novela inédita, La cruz de bronce, y está escribiendo una tercera.

Entre su producción literaria está el ensayo El teatro de Yvonne López Arenal en Celebrando a Virgilio Piñera, publicado por Plaza Editorial, Miami. Ha escrito también textos de español para extranjeros y un curso avanzado de gramática y composición. Y ha publicado varios relatos en las revistas Conexos y

TheWriteDeal.

Además de artista plástica y diseñadora gráfica, De las Casas es editora, reportera y traductora de alemán. En la actualidad escribe para

Skyword.com, Cocina al Día Magazine e Iguana Magazine. Llegó a Estados Unidos en 1991, después de haber trabajado en Cuba como traductora y periodista radial.

La escritora conecta al agente clandestino cubano Hércules con el héroe mítico, porque los mensajes recibidos por el cubano son 12, al igual que los trabajos de Hércules en la mitología griega. “El libro está salpicado de humor de principio a fin, y el nombre del misterioso agente clandestino es una pincelada humorística, una manera de jugar con el lector, de poner a prueba su intuición para identificar al verdadero espía”, explica.

“Recuerdo haber visto en Cuba, cuando era muy joven, programas de televisión y películas en las que los personajes que se enfrentaban al gobierno castrista eran muy negativos y de inteligencia limitada. Y los ‘buenos’ de la historia, que eran los agentes de la Seguridad del Estado, brillaban por su inteligencia y dejaban en ridículo a los opositores”, dice De las Casas, a quien se le ocurrió entonces crear un personaje que se opusiera al gobierno y que aventajara en inteligencia y destreza a los militares encargados de detenerlo. Así surgió el agente Hércules.

En su novela aparecen hechos que datan de la década de 1960, como el surgimiento de las milicias y el cierre de los prostíbulos, con otros de épocas posteriores, como los campos de concentración de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) y hasta el éxodo del Mariel. “Preferí no limitar el desarrollo de los personajes marcando fechas que me hubieran obligado a escribir cronológicamente. En su lugar, hago mención de los sucesos que marcaron el afianzamiento de la revolución y la restricción cada vez mayor de libertades”, dice la escritora.

Su personaje favorito es Purita, la comadrona, una mujer muy fuerte, pero que sus acciones están dictadas por amor a sus semejantes. “Sobre todo, a su hijo, de quien hace un hombre independiente, a pesar de las dificultades que enfrentan las personas de corta estatura en un mundo hecho a la medida de los de mayor tamaño”, afirma De las Casas.

La novelista nació y se crio en la ciudad de Cienfuegos, pero siempre estuvo en contacto con campesinos, porque su madre era maestra rural y su padre era químico azucarero y trabajaba en un central de la zona de Trinidad, una región muy afectada por las acciones bélicas en el Escambray.

De las Casas conoce muy bien el refranero popular y lo aplica continuamente en el libro, brindándole una dosis de humor al lector. “Así eran mi abuela y mi madre. Mis hermanas y yo también somos así; es herencia de familia. En cuanto al humor, ese sí lo heredé de mi padre que se reía hasta de su sombra”, dice sonriendo.

Según la escritora, hoy en Cuba hay de todo, como en botica. “Por lo general el cubano es solidario y amigo de ayudar a los demás, sobre todo si es de provincia. Ese es el cubano que describo en Doce mensajes…, pero desgraciadamente mucho de eso se ha perdido porque, para poder sobrevivir, el cubano de a pie ha tenido que apelar a la doble moral, a repetir consignas en las que no cree y a cuidarse hasta de los vecinos. Dios quiera que todo eso desaparezca un día para dar lugar a una nueva generación tan productiva y amistosa como era la generación de mis padres”, concluye. • 

elemaga@hotmail.com

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