Arturo Rodríguez: sobre pintura y fantasmas
Después de casi diez años de ausencia de las galerías de Miami, Arturo Rodríguez está de vuelta con una exposición en LnS Gallery, la cual abrió el pasado 17 de noviembre y cerrará a principios de enero, 2019. Entre el 2014 y el 2016 Rodríguez exhibió los dibujos asociados con el libro The School of Night en el Frost Museum, y también otra serie de dibujos de retratos a lápiz de sus amigos y familiares en Under the Bridge Art Space en North Miami. Pero hacía casi una década que sus pinturas al óleo no se veían en Miami. Ahora reaparece, algo así como Delacroix en el Salón del 1859; un pintor con 63 años, con una trayectoria impresionante, pero que no descansa en sus logros pasados, que se las juega y se arriesga, todo en nombre de la pintura y sus posibilidades.
Arcimboldo’s Ghosts – Los fantasmas de Arcimboldo – ocupa los espacios de la sencilla y elegante galería con una austeridad casi clásica, donde el gris pálido de las paredes es el perfecto fondo para la explosión pictórica de Rodríguez. La muestra cuenta con 21 óleos sobre lienzo, 6 acuarelas, 6 dibujos, y una vitrina con apuntes del artista. Parte de lo maravilloso de esta exposición es su aspecto didáctico, desde los apuntes hasta los óleos. Rodríguez nos permite entrar en su proceso –que siempre tiene su misterio y su alquimia– y vemos cómo piensa y pinta a través de los diferentes medios y estados de concepción.
Rodríguez es lo que podemos llamar un obsesivo, en el sentido que la difunta Marta Traba usaba el termino: un artista cuya visión del mundo es profunda y constante, pero cuyo lenguaje plástico está abierto a una aventura, es decir, no es un pintor amanerado que se repite mecánicamente dentro de un vocabulario en el que se siente cómodo.
En la historia del arte encontramos obsesivos como Goya, Turner, Bonnard, Orozco, Guston, Mitchell, entre otros. Como muchos de estos artistas, Rodríguez trabaja en series, sacándole el jugo a un tema, explorando todas las posibles variaciones como un Bach o Coltrane visual, probando que el enfoque intenso es solo posible en las almas profundas y grandes talentos. Tenemos sus series a través de las décadas, desde Mad House, Fools, Exiles, The Tempest, Ghost Archipelago, Illuminations, The Human Comedy, Arrivals and Departures, The Caravaggio Project y The School of Night, como evidencia de que es uno de los pintores más rigurosos y atrevidos de nuestros días.
Con estos fantasmas de Arcimboldo el pintor nos presenta una serie de divertimentos pictóricos donde cruza y mezcla sus homenajes y parodias a diversos artistas visuales, desde el estrambótico manierista italiano que utilizaba vegetales y frutas en sus retratos, cuyo nombre da título a la serie, hasta fotógrafos del siglo XX como Henri Cartier Bresson y Diane Arbus. En medio de esto entran y salen San Jorge y el dragón de Uccello, los grabados de Sharaku, el jinete napoleónico y los locos de Gericault, Courbet y su mecenas Bruyas, el bañista de Cézanne y las cuadriculaciones de Mondrian. Todos estos elementos son transformados en la visualidad tan personal de Rodríguez, y son a su vez excusas para que el pintor nos invite a viajar dentro de su aventura pictórica; donde puede hacer lo que le da la gana con los elementos que integran dibujo, color y composición en lo que llamamos una pintura. Pero esto solo es posible en las manos de un pintor con la trayectoria de un viejo y la audacia de un joven.
Las acuarelas y dibujos en esta exposición demuestran la difícil sencillez de una línea y una mancha puestas sobre el papel con libertad y convicción. Con mínimos elementos, aparecen figuras creadas entre formas de cuerpos, vegetales y frutas. En los lienzos encontramos peregrinos con cabezas de zanahorias, bañistas con patas de dragones, sombras que corren por el piso transformándose de hombre a perro, a máscara. Los aguacates, papayas, berenjenas y piñas están pintadas en toda su suculenta sensualidad, pero no son parte de ningún bodegón, sino naturalezas vivas que forman rostros y cabezas. Estas reapariciones fantasmales, aparecen con la fragmentación de la vida misma, en movimiento perpetuo, imposibles de agarrar. Están y no están. En todas las obras el blanco como pigmento, o la tela del lienzo funcionan como color, y es metáfora de luz y de vacío; de nuevo el fantasma.
Podemos decir que el eje de esta exposición es el enorme tríptico titulado Arcimboldo, Gericault, Arbus, Sharaku, Courbet, Uccello, Cézanne Ghosts, que mide 66 x 152 pulgadas. La obra posee lo que podemos llamar una expansión fílmica, comparable al Kurosawa que nos dio Ran: aquí está todo, es decir el mundo entero con sus tragedias y alegrías, lo bello y lo grotesco, la nada y el todo. Caballos y jinetes, dragones y perros, doncellas y bañistas formados por frutas y vegetales, muchos de ellos tropicales, se mueven a través de estos lienzos con un sentido de ser apabullante, mientras al fondo, arriba, abajo y al costado aparecen pedazos de una ciudad que puede ser Miami o Florencia con sus murallas y carreteras.
Terminamos de ver esta exposición, y volvemos de nuevo a los dibujos y acuarelas, y de vuelta a las telas. Al final estamos agotados por la intensidad de la experiencia y a la vez alegres por su riqueza. Frente a estos fantasmas de Arcimboldo solo hay que reconocer que Arturo Rodríguez es un artista en plenitud de sus poderes, que hace pintura con mayúscula.
‘Arcimboldos’ Ghosts’, de Arturo Rodríguez, en LnS Gallery, 2610 SW 28th Ln, Miami, FL 33133, (305) 987-5642, www.lnsgallery.com. Hasta el 5 de enero de 2019.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de diciembre de 2018 a las 10:34 a. m..