Artes y Letras

Carlos Estévez, la noción de vigilancia en la era global

Vista parcial de la exhibición de Carlos Estévez, 'Entelechy'. Tucson Museum of Art.
Vista parcial de la exhibición de Carlos Estévez, 'Entelechy'. Tucson Museum of Art.

Asomarse a la obra de Carlos Estévez (La Habana, 1969) es siempre un vértigo. Curioso, cuando su universo está marcado por el orden y la simetría. Sin embargo, tras el canon depurado y el trazo prudente convergen un sin número de significantes heteróclitos que resultan, cuando menos, inquietante.

Si fuera imprescindible buscar una clasificación para la obra de este artista, esta sería la del artista enciclopédico. Admitamos que el término asoma un tanto demodé si visto no más a vuelo de pájaro. Sin embargo, fuerza es de convenir, el nacimiento del hipertexto podría entenderse como el devenir lógico del acto enciclopédico de afrontar un texto en su discontinuidad, trazando el propio receptor la trayectoria a seguir a partir de disímiles puntos de entrada y salida, combinatorias y conexiones cruzadas. Y es justo este el trayecto al que nos obliga la obra de este artista.

Insaciable lector y coleccionista antojadizo, el arsenal conceptual que asiste Carlos Estévez es de procedencia heterogénea: mitología, religión, literatura, alquimia, metafísica, tratados renacentistas, libros de hora medievales, dibujo mecánico y anatomía, entre otros tantos, coexisten en una reinterpretación personal y contemporánea del universo que habitamos donde, al fin y al cabo, los cuestionamientos existenciales más viscerales no distan mucho desde el comienzo mismo de la humanidad.

Así pues, la obra de Carlos Estévez, puede ser asumida en su totalidad como una serie prolongada en el tiempo (una suerte de enciclopedia), donde cada entrada –u obra- nos permite acceder al conocimiento desde nuevas perspectivas y armarnos de nuestras propias conclusiones en dependencia del camino escogido a través del portentoso viaje.

Carlos Estévez: Entelechy, es el título de la muestra retrospectiva abierta al público hasta el 5 de mayo en el Tucson Museum of Art, Arizona. Compuesta por más de setenta obras, la exposición comprende una revisión de la fecunda carrera de este artista desde al año 1992 (cuando se gradúa del Instituto Superior de Arte en La Habana) y hasta el 2018.

Hay tres obras tempranas de la carrera de Carlos Estévez que, a mi juicio, funcionan como brújula insoslayable del devenir de la carrera del artista. Son ellas: A través del universo, 1992, La verdadera historia universal, 1995, y Donde sueña el demiurgo, 1997. En la primera, una escultura en madera policromada de la figura de Cristo, despojada de la cruz, es asistida por la armazón mecánica de alas pobladas de signos de procedencia diversa. En el pecho, un nicho horadado acoge la luz. Esta es la obra que dio título a la primera exposición personal del artista (Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, junio-julio, 1992). La obra es síntesis de la preocupación ontológica que obsesiona al artista donde confluyen mitología, religión y ciencia. La verdadera historia universal, que le valiera al artista el Premio en el Primer Salón de Arte Contemporáneo, introduce la idea del teatro de marionetas: el proscenio y los roles intercambiables como parte del deber ser en el mundo y la renuncia al yo. Por último, Donde sueña el demiurgo, (participación del artista en La Sexta Bienal de La Habana, 1997) presenta una cabaña construida con materiales reciclados. En su interior, cual gabinete de curiosidades, cohabitan títeres, dibujos, ilustraciones, escritos, objetos domésticos, maquinarias y seres híbridos que se erigen metáfora del proceso creativo.

De esta etapa temprana, e incluidos en Entelechy, destacan Homo absconditus (Hidden Man), 1994, y The Secret of Life, 1998. Esta última, una pieza de simplicidad y delicadeza sin par donde el eco de Juan Francisco Elso, faro y figura mística dentro del arte cubano contemporáneo, se hace sentir.

Con el paso del tiempo, la obra de Carlos Estévez que fácilmente transita de la esculturas y la instalación, a la pintura, dibujo sobre papel, ensamblajes, collages y combinaciones de estos, pareciera desplazar el sujeto tratado. Esa suerte de semidiós que poblara sus primeras obras, comienza a ceder paso al autómata. Asistimos al escenario anunciado desde La verdadera historia universal. La imagen fragmentada de procedencia diversa, se apoya ahora más en el dibujo técnico de ascendencia renacentista. Ejemplo de ello son Self-fulfillment of Prophecy, 2012, y Misterious Ways of Life, 2015, ambas parte de la presente muestra.

Paralela a Entelechy en el Tucson Museum of Art, Artscape Lab, con cede en Little River, presenta hasta el 19 de abril la muestra personal Observatorios observables, que comprende una selección de la obra más reciente del artista. Compuesta por nueve pinturas de largo formato en acuarela y lápiz sobre lienzo realizadas entre 2018 y 2019, la exposición revisa las nociones de vigilancia en la era global. Los intrincados dibujos –suerte de cartografías de precisión técnica remarcable, parecen susurrarnos en controvertido retruécano, la sentencia Deus Ex Machina, como enigma inevitable y la encrucijada de la sociedad contemporánea.

‘Observatorios observables’ de Carlos Estevez , Artscape Lab, 7255 NE 4th Ave Suite 113, Miami, FL 33138. (305) 979-3855.

Janet Batet es escritora, curadora y crítica de arte. Escribe para diferentes publicaciones, galerías y museos.

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