Artes y Letras

‘Ramón Alejandro vs Elio Rodríguez’, el bodegón como eje central

‘Alea Jacta’, 2018, de Ramón Alejandro. Acrílico sobre lienzo, 20 x 24 pulgadas. Valdés-Fauli Boren Collection.
‘Alea Jacta’, 2018, de Ramón Alejandro. Acrílico sobre lienzo, 20 x 24 pulgadas. Valdés-Fauli Boren Collection. Ramón Alejandro

El origen del género del bodegón, que irrumpe en la historia del arte hacia el siglo XVI está indisolublemente ligado a la Reforma protestante. Liberado el artista del mecenazgo religioso, el bodegón pronto deviene canto propicio a los placeres de la buena mesa. No es casual que la figura de Baco sea también uno de los temas recurrentes del Barroco, momento de esplendor del bodegón.

Paradójicamente denominado por unos “Todavía vivo” (Still Life) y por otros “Naturaleza muerta” (Nature morte), el bodegón también propicia el desarrollo de la pintura de vanitas. Esa variación del bodegón que nos agua la fiesta y nos recuerda que todo placer es pasajero y fútil y que lo único certero es la muerte (memento mori).

Desde su propia eclosión, el bodegón es mirado un poco de soslayo. En su clasificación jerárquica de géneros del siglo XVII, la Academia francesa colocaba al bodegón justo el último escaño de la lista. Una suerte de género menor que tendría que reverenciar temas mayores como la pintura histórica, el retrato y el paisaje. Sin embargo, es importante acotar que es justo el bodegón uno de los temas preferidos para la experimentación dentro de la historia del arte, como ocurre en el caso del cubismo.

Ramón Alejandro vs Elio Rodríguez, muestra abierta ahora al público en el Centro Cultural Español (CCE de Miami) es un duelo a cuatro manos donde el bodegón, airoso, se instala en un Trópico pletórico y voraz.

Con curaduría de Dennys Matos, la exposición se instala en el mecanismo de apropiación de género que anima ambas propuestas como punto de partida para nuevos relatos asociados con extendidos estereotipos tales como sexualidad, raza, ideología, alta y baja cultura, entre otros.

La pintura de Ramón Alejandro (La Habana, 1943) es estereotipada y sobredimensionada ex profeso. De visos surrealistas, la luz plana acentúa el sentido de irrealidad que parece contravenir las buenas normas del género del bodegón. En ocasiones, el artista se divierte en el trompe l’oeil. Pareciera que asistimos a paisajes (Combustión espontánea y Energy flows in both opposite directions, ambas 2016, y El Duende y Mó iyá omí, ambas 2018), y sin embargo, el juego a demiurgo, donde el artista dispone los elementos constitutivos a su antojo en composiciones caprichosas e improbables, prueban el subterfugio: no hemos abandonado nunca el tema del bodegón.

En las obras de Alejandro subsiste una sensación incómoda: al goce cuasi táctil se interpone una sensación de extrañamiento que se desgaja de las composiciones atrofiadas (de tan pletóricas quiméricas), donde los elementos inanimados parecen en plena mutación (Madre tierra y El santísimo, ambas 2018). Aunado a ello, la luz cortante genera un extrañamiento proprio de la pintura metafísica.

En el caso de Elio Rodríguez (La Habana, 1966) cuya obra coquetea con la pintura, el cartel, la instalación, y la escultura mórbida, entre otros, asistimos a una suerte de profanación de género. Suscribiéndose al choteo –ese tono burlesco y anti apologético tan caro al cubano, Elio gusta adentrarse en la intríngulis de la raza, la sexualidad y la política, desarticulando -desde ese mismo tono jocoso que perpetúa y valida más de un estereotipo- esquemas chatos de identidad.

La mayoría de las obras de Rodríguez incluidas en la presente muestra (Blue Garden, Gold Garden, Tropical Garden 01, todas 2018, y Goldy Garden 02 y Tropical Garden 03, ambas 2019) son jardines monocromos satinados que centellean con la luz magnificando su artificialidad. Excretadas del marco y en reproducción constante, las protuberancias sedosas se atropellan unas a otras. Se confabulan en composiciones orgiásticas que devienen nuevas entidades con vida autónoma.

La mitificación de la sexualidad en la cultura caribeña es una de los temas recurrentes de la obra de Rodríguez que aunado a las problemáticas de raza y marginalización generan un compendio que puede ser retrasado en la cultura cubana hasta el teatro bufo y las marquillas de tabaco.

Concebidas expresamente para la muestra, RvsE-Forma 1, 2 y 3, son una simbiosis lograda de los universos de ambos artistas. Asumiendo el tondo como punto de partida, el fondo es sintetizado para concentrarse en el centro de la composición donde las frutas de Ramón Alejandro sirven de campo de cultivo a las protuberancias de Elio Rodríguez que desafían la redondez -el sentido de perfección- del tondo: Eco del caótico y convulso universo caribeño.

Convenientemente acogida durante la primavera, ‘Ramón Alejandro vs Elio Rodríguez’ está abierta al público hasta el 3 de mayo en el Centro Cultural Español de Miami, 1490 Biscayne Boulevard Miami, FL, 33132. 305) 448-9677

Janet Batet es escritora, curadora y crítica de arte. Escribe para diferentes publicaciones, galerías y museos.

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