Artes y Letras

Luispa: dibujar la tragedia venezolana con los ojos y el dolor de los niños

Más que ilustrador o diseñador, Luispa se define como comunicador visual.
Más que ilustrador o diseñador, Luispa se define como comunicador visual. /Cortesía

Más que ilustrador o diseñador, Luispa se define como comunicador visual. Lo conozco hace casi quince años, se llama realmente Luis Aparicio, como el famoso beisbolista venezolano. Nos hicimos amigos en otra Caracas, una en la que todavía caminábamos de noche y teníamos una vida casi normal. Él pegaba unos stickers graciosísimos, con sus ilustraciones, en los postes de la ciudad y tenía una colección de muñequitos y revistas que me abrieron el camino hacia una nueva visualidad en la que propuestas urbanas, diseño de alto nivel y cultura pop se daban la mano.

Luego emigramos, al mismo país. Ahora lo visito en Brooklyn, donde me reciben también su esposa y su hijo de tres años. Son familia, pero estar fuera de casa me ha servido para revisar su trabajo desde otro lugar de enunciación. Su más reciente serie, Caminantes, rinde homenaje a los millones de venezolanos que, a diario, cruzan a pie la frontera con Colombia, escapando de una gravísima crisis humanitaria. Lo hace con una paleta muy particular, en la que el color se aleja de lo que Luispa considera una de sus máximas: la alegría estética.

En junio estará en Miami, en la galería Imago Art in Action de Coral Gables, presentando este trabajo. Mientras hacemos esta entrevista en Venezuela se juega el fin de una dictadura, el destino de un país y de un continente. Hay muertos y hay sangre.

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Luispa /Cortesía

Dame tres palabras clave para un comunicador visual.

Investigación, concepto y armonía.

Tres que definan tu búsqueda y tu propio lenguaje.

Simplicidad, coherencia y alegría estética.

Antes vivías en Caracas, luego viviste en Boston y ahora estás en Nueva York. ¿Qué cambió, en tu estética y tu discurso, cada una de estas ciudades?

Siempre he pensado que la personalidad de la ciudad donde habitas se refleja de alguna manera en tu proceso creativo. Cada ciudad tiene sus códigos visuales y ritmos de vida y, como comunicador, los digieres; los conviertes en factores importantes de creación y ejecución de tu trabajo.

La belleza y el caos de Caracas son las bases de mi ADN gráfico. Vivir en ella, por más de treinta y cuatro años, me enseñó a encontrar el balance ideal en lo que hago. La paleta de colores vibrantes de la geografía venezolana, es sin duda, un código característico en mis diseños.

En los dos años que viví en Boston, disfruté mucho de su simplicidad; de sus paisajes ordenados y justificados. Siempre he sido amigo del uso justo de los elementos que, cotidianamente, te rodean y eso lo aplico en mis trabajos. Estar residenciado en Nueva York, por tres años, me ha dado una percepción mucho más amplia de cómo puedo proyectarme; he podido estimular muchas facetas, como la tipografía y el dibujo, por medio de la diversidad gráfica y artística que solo esta ciudad ofrece.

En este momento trabajas en una serie sobre los venezolanos que cruzan a pie la frontera. De los miles de conflictos en Venezuela ¿por qué este? ¿Desde dónde o en qué lo estás enfocando?

En estos casi cinco años fuera, no he querido aislarme del caos sociopolítico que vive nuestro país. El fenómeno de los caminantes es una de las miserias que más me ha impactado, desde que la noticia empezó a difundirse en el 2016. Ver cómo millones de personas dejan sus hogares y seres queridos atrás, para emprender una búsqueda de futuro a pie, con toda una vida metida en una maleta, me ha generado la necesidad de expresar lo dolorosa que me resulta esta migración forzada.

He querido enfocar buena parte de esta serie en los niños que, desafortunadamente, han sido y son parte de esta movilización por la supervivencia. Ver los ánimos de aventura en sus ojos, caminando juntos a sus padres largas distancias con recursos mínimos para afrontar esta dura travesía, es algo que no puedo pasar por alto. De alguna manera tenía que decirlo, decir mi descontento con esta crisis humanitaria, provocada por veinte años de corrupción socialista.

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¿Eres tú ese niño que ve el trayecto con ojos de aventura? ¿Es también una serie sobre tu propia emigración?

Sí, por supuesto. Y he visto esa mirada, también, en los ojos de mi hijo. Es lo que nos ha empujado, todo este tiempo, a mantenernos fuertes y con ánimos para afrontar las dificultades de la vida migratoria. Esas miradas, en medio de tanta miseria, han sido de mucho valor para todos los que decidimos comenzar una nueva historia.

En un mundo sobresaturado de imágenes y espectáculo, tú apuestas por un lenguaje minimalista. ¿Toma de postura o asunto de gustos?

Más que postura o tema de gustos, la simplicidad es parte de mi personalidad gráfica. Vengo de una tradición —la de Bauhaus, la de Saul Bass y Gerd Leufert— con un uso muy preciso de los elementos. La sobresaturación genera, en mi opinión, poca coherencia y confusión en la lectura de lo que se quiere expresar.

Afortunadamente, creo que esa tendencia al espectáculo como estética está cambiando. Lo podemos ver, por ejemplo, en la evolución de los logos de grandes marcas: en los últimos años han optado por depurar y simplificar, para una lectura más clara y una mejor ejecución en todos los medios visuales.

Sigues dibujando a mano, antes de digitalizar. ¿Por qué?

El apego al uso del papel y el lápiz es imprescindible en mi metodología de trabajo. Sigo viendo con cierto grado de romanticismo la posibilidad de que se pueda desarrollar una idea mediante tu puño y letra. El dibujar a mano me mantiene en un plano terrenal, dentro de un mundo inmerso en la tecnología.

¿Crees que haya una marca distinguible en el diseño venezolano de los últimos veinte años?

Creo que, en los últimos veinte años, se ha afianzado esa marca, creada décadas atrás por los que considero los próceres del diseño venezolano: Santiago Pol, Álvaro Sotillo, Carlos Cruz Diez, entre muchos otros. El legado del buen uso del color, la composición y la técnica, es el sello que caracteriza la identidad de nuestro diseño.

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Por otro lado, aunque la ilustración siempre ha tenido un peso importante en la crítica social y política en el país, creo que nunca el diseño gráfico había tenido tanto protagonismo en este rol como ahora. Esa carencia de medios para informar sobre la crisis, por todas las restricciones impuestas por el comunismo, ha llevado a que el diseño sea una herramienta fundamental en la lucha por difundir la verdad.

Terminamos de hablar. Nos decimos chistes personales que no incluiré en esta entrevista. Me quedo mirando, por centésima vez, sus Caminantes. La tristeza y la ternura que emanan se esconde en pequeños detalles (eso que él llama las travesuras de la ilustración). Los ojos de los niños son dos puntos-faros, redondos y sin manchas, en contraste con los de los adultos. Los pies y manos, unos trazos frágiles. Pienso en el proceso de diseñar, ilustrar, crear, como un trayecto también largo y difícil. En una de las viñetas, un niño manda un barquito con un mensaje hacia Venezuela: una manzana-corazón. No puedo evitar sentir, sentimental que soy, que es el mismo mensaje que Luispa le manda al mundo sobre el dolor de su país.

Para seguir su trabajo: www.luispa.net, @luispeta.

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