“On the Altars of Vanity”, reflexiones en torno a la vanidad
“On the Altars of Vanity”, es la muestra de Grethell Rasúa y Harold García, ambos nacidos en La Habana, en 1983 y 1985, respectivamente que ahora se presenta en Dot FiftyOne. Es una exposición que propone reflexionar sobre las manifestaciones y, también, las connotaciones del término vanidad. Hay una rica variedad de matices semánticos de la palabra, pero hay uno que sintetiza y lo plantea de una manera muy clara “Orgullo del que tiene y muestra un alto concepto de sí mismo con el deseo de ser admirado y considerado por todos”. Esta muestra, articula manifestaciones de vanidad en dos ciudades: La Habana (Cuba), Miami (Estados Unidos). La vídeo instalación Cubiertas de deseos (2008-2019) de Grethell Rasúa, nos sumerge en ese incombustible mundo cubano de “maquillar”, de pintar, esté en el estado en que esté, los frontónes de sus arruinadas casas. El vídeo es una sucesión de imágenes de personas pintando, pero tambien de fotos fijas de frontónes ya pintados. A este vídeo lo acompaña la fotografía, hecha de un frontón en La Habana, que se lleva una pared de la galería, además del libro con impresiones de imágenes sobre estas casas. Algunos de los documentos fílmicos fueron tomados de manera planficada, otros fueron “descubiertos” por la artista sobre la marcha y filmados al vuelo.
Harold García está presente con dos vídeo instalaciones: The Third Bullet (2016-2018) y On the Altars of Vanity (2017-2019). Esta interpreta un episodio de vanidad asociado a los Everglades a finales del siglo XIX y principio del XX, cuando la industria puso de moda el sombrero de pluma. Se desató una caza masiva de aves que en poco años llevó al borde de la extinción a algunas especies. El vídeo relaciona, por un lado, fotos entre otras, del paisaje de los Everglades, su singular ecosistema, fotos documental referida a la moda de los sobreros de pluma. Por el otro, destacan imágenes aéreas de los condominios, donde las corporaciones inmobiliarias crean grandes lagos artificiales como reclamo publicitario del status de las viviendas. Aguas trasvasadas de las cuencas de los Everglades que, otra vez, ponen en peligro el equilibrio de su ecosistema. Esta vídeo instalación contempla también una serie de acuarelas y una gran foto que flanquea la entrada a la galería. Las acuarelas intercalan especies de aves junto a distintos modelos de sombreros de plumas. Mientras que la foto es una imagen aérea donde aparecen claramente destacados grandes condominios con sus lagos artificiales
Ambas obras despliegan el término de vanidad, pero lo ponen en perspectivas críticas desde magnitudes espacio temporales distintas. Una (Cubiertas de deseos de Grethell Rasúa), emergida en el contexto de una sociedad comunista que ha fracasado en su promesa de brindar un mundo mejor a sus ciudadanos. La otra, (On the Altars of Vanity de Harold García), describe esa implacable dinámica capitalista, basada en los presupuesto de la oferta y la demanda. Entre tanto, el giro de la muestra ya ha creado toda una constelación discursiva sobre vanidad que desborda las esferas semánticas de este término en sus usos etimológicos más comunes. La vanidad se ha proyectado tanto hacia el espacio privado, como también hacia el mundo público. Confrontando metafóricamente sus manifestaciones como gesto individual y, también, como expresión de fenómenos que hablan del horizonte de expectativas mentales de dos sociedades contrapuestas. Cubiertas de Deseos de Rasúa, nos sitúa en un sistema que ha hecho de la precariedad, del remiendo y el reciclaje una especie de punching bag, una suerte de terapia sobre la que el ciudadano “libera” las frustraciones por limitaciones materiales y espirituales que le constriñen ferozmente la vida. Una vida que se percibe a sí misma de manera voluntariosa, que no se da por vencida. Una existencia a la que el sistema parece haberle inoculado que el futuro es el horizonte de expectativa. La vida se torna entonces en un de cursar de la vida como esperanza de vivir mejor, aunque tenga que estar, cada día, remendándose para seguir adelante. Es la percepción que se tiene cuando vemos a esas personas pintando con todo el cuidado, diríase que hasta con amor, las superficies sucias y arruinadas de sus casas. A veces estas casas están para derrumbarse, sin embargo ahí están sus habitantes cubriéndolas de colores, como animándolas a continuar, a no caerse, a relucir, entre otras tantas igualmente ruinosas hasta que se desplomen.
On the Altars of Vanity nos pone en un escenario metafórico donde la vanidad es desplegada como la señas de un sistema que juega a ser del presente un eterno futuro. No es casual que la publicidad de “hacer realidad tus sueños” o “el futuro ha llegado” sea un telón de fondo recurrente como reclamo de atracción al consumo ciudadano. Estos exclusivos condominios con sus canales y lagos artificiales, con sus piscinas y agencias de seguridad, se constituyen en un micro mundo de lujo y confort que responde a las visiones paradisíacas del romanticismo como parte de la ideología del proyecto moderno. Convertidos en productos de estatus social, estas visiones del presente, de la actualidad, de un ahora, “tiene que extraer su normatividad de las imágenes de los pasados aducidos que en esa actualidad especularmente se reflejan” (J. Habermas, “El discurso filosófico de la modernidad”, Ed, Taurus, Madrid, 1989). Este presente ha coagulado las referencias al futuro y entiende el progreso como la actualidad. Poco importa entonces que las grandes áreas destinadas a estos lujosos condominios deglutan territorios de los humedales. Del mismo modo que también poco importa si los ingentes metros cúbicos de agua para hacer fuentes, lagos artificiales, regar jardines y enormes campos de golf, acaben por trastornar, en un futuro a la vuelta de la esquina, el equilibrio de un ecosistema único del que depende un universo de especies de la fauna y flora.
La exposición On the Altars of Vanitycon, con un cuidado display conceptual, desdobla estas dos experiencias sobre expresiones de la vanidad. Entre tanto la vanidad, en la expansión discursiva que despliega la exposición, comienza entrever cómo dos sistemas antitéticos, (capitalismo y comunismo), articulan sus narraciones sobre la vida a partir de visiones ideales. El comunismo, con su voluntad totalitaria de un futuro manido sin explotadores ni explotados, encarnado en su paraíso colectivizado de obreros y campesinos de una sociedad sin clases. El capitalismo, recreando paisajes ficticios fijados por la oferta y la demanda, donde el futuro se trastoca en progreso consumista del presente.
“Grethell Rasúa y Harold García: On the Altars of Vanity”. Dot fiftyone Gallery, 7275 NE 4th Ave #101. Hasta el 1 de mayo. www. dotfiftyone.com
Dennys Matos es crítico de arte y curador independiente. Trabaja y reside entre Miami y Madrid.