Artes y Letras

Ramón Hondal habla sobre ‘Scratch’, el segundo de una trilogía

Además de un ruido, Scratch es un excelente libro de poesía. Un libro que publicado hace muy poco por Bokeh recoge esa zona neurótica, inclasificable, miope, anti-hooligan de Ramón Hondal (La Habana, 1974), poeta de la última promoción que, además de sus propios libros, lleva años editando en un mimeógrafo las obras completas de Witold Gombrowicz. Para entrar en Scratch y en su trilogía, nos escribimos.

Si mal no recuerdo Scratch pertenece a una trilogía cuyo último libro saldrá próximamente por Casa Vacía. ¿Qué une y separa a esos tres libros?

El primero es Diálogos (2014), Scratch (2018) el segundo, y Prótesis, que como dices saldrá por Casa Vacía, el tercero.

A los tres libros les une la progresión de una voz que en Diálogos es personal, íntima, delirante pero casi cálida, obsesionada por una compañía (Beckett) que busca aun cuando sabe imposible, y que se mueve por una ciudad que mantiene al margen, como si estuviera desierta. Ya esto no sucede en Scratch, donde la voz se mezcla en el drama social que le distorsiona y lacera. Finalmente, en Prótesis la voz va hacia adentro, no queda nada afuera, es pura esquizofrenia, delirio, sabe que no hay posibilidad de compartir nada ni lo quiere, es solo ella misma. No queda huella ni de la intimidad ni del interés social. Esas miradas distinguen a cada cuaderno, les une una misma voz pero le separa los cambios que esa voz va adquiriendo mientras “vive” y choca con lo externo. Un amigo me dice que podría ser una Trilogía para Voz (Diálogos), Ruido (Scratch) y Silencio (Prótesis), agujeros de donde salen esas palabras. Esa idea suya de voz, ruido y silencio me gusta.

Cualquiera que lea Scratch verá cómo dentro de cierto discurso abstracto sobresale cierto flujo social (o cotidiano). ¿Cómo llegan estos flujos a tu poesía?

Primero llegan porque habito, me muevo, miro, ando y toco esos flujos, formo parte y no hay manera de exiliarme de esa realidad, que es imposible no golpee con su violencia. Segundo, porque como te decía, la voz de Scratch se acerca más a lo social, a lo que ve en las calles, se trata de inmiscuir. Esa voz de Scratch, como la de Diálogos y Prótesis, es una voz torturada. De modo que más que una reflexión es una reacción. Trata de no juzgar ese afuera, cosa imposible, por eso más bien lo abstracto viene de una falta de coherencia para poder definir y entender esa vida de la que la voz no puede participar, y lo abstracto se establece como evidencia de incomodidad, de espanto, de contracción de su lenguaje frente al silencio.

¿Y la música que atraviesa a todo el libro?

La música choca también contra esa realidad que percibe la voz, lo pone sin querer en oposición. La voz de Scratch siente una distancia enorme entre la vida de afuera y lo que escucha (Miles Davis, Jacqueline Du Pre o Avishai Cohen), y ese cortocircuito le hace ver que es imposible alguna concordancia, es una guerra. Recuerda que el scratch es ese sonido “incomodo” de los acetatos al ser reproducidos en los tocadiscos, es una especie de interferencia imposible de eliminar mientras se escuchan.

Revisando algunas de las últimas antologías hechas sobre poesía cubana… noto que no estás en casi ninguna. ¿Qué hay que escribir para ser incluido en la contemporaneidad?

No creo que haya normas. Lo cierto es que en mi caso mientras menos ruido mejor, nunca escribí para formar parte de una generación, quizás todo lo contrario. No va conmigo eso de “dar la cara”. De modo que mejor así. O tal vez haya que estar al tanto de ciertos temas, participar de la actualidad y así poder ser “contemporáneo”, y yo siempre me he sentido fuera de época, viejo, pasado de moda, no solo en lo literario, miro mucho hacia atrás, demasiado pendiente del pasado. Muchos amigos me lo dicen y se burlan. Una amiga me llama a veces Nerval. No hay nada que hacer. No soy actual. Y no hay drama en eso. Mejor así. La verdad es que hubiera preferido pertenecer a la generación de escritores cubanos que son 10 o 15 años mayores que yo. Ser más viejo. Eso estaría bien.

¿Qué viene ahora?

Por ahí anda un librito recién terminado, La Caja, un “hueco” donde he tirado textos de todo tipo que mientras podían entrar de acuerdo al humor del libro han caído allí. Es un libro un poco agresivo, más directo y narrativo. Creo que bien diferente a los de la Trilogía.

También trabajo en un libro sobre mi relación con las lecturas que he hecho de Samuel Beckett. Pero aún es un librito que gatea, con mucho trabajo y poco a poco, así que ya veremos.

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