Artes y Letras

Ensayos sobre el estado del arte cubano contemporáneo de Rubens Riol

Rubens Riol presenta ‘El entierro de las consignas” el sábado 25 de mayo en Books&Books de Corals Gables.
Rubens Riol presenta ‘El entierro de las consignas” el sábado 25 de mayo en Books&Books de Corals Gables.

En la contratapa de El entierro de las consignas (Editorial Hypermedia), nuevo libro de Rubens Riol (Cuba, 1985), se encuentran elogios de los críticos Suset Sánchez, Andrés Isaac Santana y Píter Ortega. La elección de los jóvenes investigadores es clave ya que dan las coordenadas precisas para un libro que analiza el estado del arte cubano contemporáneo.

Por la mirada de Riol, sensible y potente, pasan artistas como Sergio Martínez, Eduardo Hernández, Mario Bencomo, María Cienfuegos, Rogelio López Marín (Gory), Eikoh Hosoe, Osiris Cisneros, entre tantos otros. El escritor, que reside en Miami, extrae la esencia de cada obra y la extiende hacia ángulos originales, y siempre con una prosa clara e informativa, donde queda expuesta la tensión entre estética y política que se produce dentro y fuera de la isla.

Muchos de los ensayos y textos críticos del libro se publicaron entre 2005 y 2017, a propósito de exhibiciones acontecidas en La Habana, Miami y Nueva York. Rubens Riol, es licenciado en Historia del Arte por la Universidad de La Habana.

El entierro de las consignas reúne artículos publicados durante poco más de una década. ¿Cómo fue el proceso de selección?

Desde el inicio de mi carrera procuré archivar siempre todas y cada una de mis publicaciones. Reconozco que hay en esa obsesión un ademán fetichista y un poco también de narcisismo, pero desde entonces me interesaba velar por mi obra creciente como escritor. Un día en mi casa, aquí en Miami, me percaté de que el cúmulo de diarios y revistas no dejaba entrar la luz del sol por la ventana, y pensé: ‘después de 12 años escribiendo, quizás sea tiempo de antologarme’. ¿Qué mejor estrategia de reciclaje para ganar espacio en un librero, que sustituir aquella cantidad exorbitante de papel periódico por un libro? Además de lo que me ahorraría anualmente en servicios de Pest Control, pues he oído que las cucarachas gringas son bastante tenaces.

Fue trabajoso digitalizar tanta información. Es un ejercicio que requiere paciencia. Pero al menos las referencias editoriales estaban claras. Luego debía armar el rompecabezas mayor: agrupar los textos por capítulos, respetar cierta cronología, establecer líneas temáticas (una suerte de dramaturgia interna para darle fuerza a la lectura). Seguido, todo esto, de algo aún más extenuante: el escrutinio. Quedarme solo con aquellos textos más lúcidos y provocadores, mejor escritos. Toda selección es excluyente, pero a decir verdad no extraño los artículos que faltan. El libro estaba destinado a quedar así, tal como lo soñé. He quedado muy satisfecho con el producto final, gracias al esmero de Ladislao Aguado y Editorial Hypermedia.

¿El crítico, como el artista, debe provocar?

La provocación es un camino espinoso, pero indudablemente es uno de los más efectivos a la hora de gestionar el debate, pues ayuda a encender la polémica, y eso le da vida al discurso, al tiempo que enriquece la evolución del pensamiento. Paul Gauguin dijo alguna vez que: ‘el arte es plagio o revolución’ (ese es uno de los exergos que coloqué en las primeras páginas del libro). Los artistas piensan con cabeza propia, e históricamente —en su lucha contra la mímesis, el poder, las instituciones, la burocracia o la política— han sentido la necesidad de demoler convenciones y enfrentarse al status quo. El arte es entonces una dimensión simbólica en la que expresamos nuestra inconformidad con el mundo circundante; de ahí que este sufra cíclicamente períodos de rechazo y censura, de negación y reserva.

En el libro hay textos de tus años de estudiante universitario en Cuba como de los más recientes ya como crítico en los Estados Unidos. En este sentido, el volumen actúa como una especie de autobiografía.

Efectivamente, creo que el libro es un reflejo de quién soy y de lo que he hecho, de cómo pensaba entonces y el distanciamiento con que miro todo ahora. Siempre digo que la escritura revela nuestros secretos más íntimos. Nos deja desnudos y vulnerables, pues es un acto de confesión, de sinceridad y transparencia. Quien desee conocerme mejor solo tiene que leer un párrafo y lo sabrá todo de golpe. Puesto que, en cada línea, se pueden adivinar tus referentes, miedos, obsesiones, carencias y, sobre todo, tu identidad, cosmovisión y lado sensible.

Era inevitable incluir trabajos de mi etapa estudiantil, porque mi primera publicación fue una tarea de clase, cuando recién iniciaba el primer año de la carrera. A partir de entonces empecé a producir textos en una maratón que no termina; pues para mí la crítica de arte es como un vicio. No obstante, el libro resume también mi desarrollo personal como profesor universitario durante seis años de experimentación docente, y mi fogueo como esclavo voluntario y dichoso de la prensa escrita norteamericana, considerando esta última mi etapa de madurez intelectual.

¿En qué medida influye la maquinaria económica y académica de la comunidad cubana en los Estados Unidos para la proyección internacional del arte hecho en la isla?

La comunidad cubana en este país es histórica e influyente, con acceso a capitales financieros significativos, puestos en función del coleccionismo, el mercadeo, la exhibición y la promoción del arte cubano, que atesoran y defienden desde exponentes de las primeras vanguardias del siglo pasado hasta artistas emergentes, para lo cual han creado fundaciones, galerías, museos, becas, residencias artísticas, premios y coloquios, que estimulan la presencia y el debate sobre ese arte. En ese sentido el arte cubano tiene privilegios.

De igual manera, ¿cómo se percibe en este país el arte cubano de los creadores que residen en Miami y otras ciudades de la unión americana?

Estimo que existe una curiosidad recíproca, aunque teniendo en cuenta la extensión del territorio estadounidense, me temo que el alcance de la obra de artistas cubanos, solo se limita a los circuitos de arte de ciudades como Miami o Nueva York. Pero ciertamente sus producciones simbólicas despiertan interés en todas las plazas, porque llevan a cuesta su país, nuestra singularidad histórica, el fatum de la tragedia insular; una fórmula que vende bien. Es cómo explicarle al mundo el catálogo de diversiones de un circo decadente y marchito, negado al cambio. A estos efectos, recomiendo leer la reseña que da título al libro, donde examino la obra de Hamlet Lavastida. La gente aún se sorprende, pero el arte cubano ha tenido siempre gran aceptación, quizás por la solidez formativa de las escuelas de arte en la Isla.

El autor presenta ‘El entierro de las consignas’ el sábado 25 de mayo en Books & Books, 265 Aragón Ave., Coral Gables, FL 33134), a las 5 p.m.

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