Artes y Letras

Las ‘entropías’ de Guillermo Fornes

'Ananke', 2018, medio mixto sobre lienzo, 59 x 78.75 pulgadas (150 X 200 cm).
'Ananke', 2018, medio mixto sobre lienzo, 59 x 78.75 pulgadas (150 X 200 cm). ArtScapeLab, Miami

Entropía es la primera muestra individual en Estados Unidos de Guillermo Fornes (Bilbao, España, 1964). Pertenece a esa generación que vivió hasta su adolescencia la dictadura de Francisco Franco (1892-1975). Es una generación que abrazó la Constitución Española de 1978 donde se sancionaba explícitamente el nuevo rumbo democrático, hecho que ha marcado profundamente la historia reciente de España.

En esa España, que afianza con la Transición el marco social democrático, se formó Fornes como psicólogo en la Universidad Cardenal Cisneros de Madrid (1986-1990). Un par de años después cursa estudios de Bellas Artes en el Kings College of Art de Londres. En esta ciudad abre su primer estudio durante siete años hasta que regresa a Madrid. Entra entonces, a principio de los años 2000, en un decidido proceso de experimentación con el lenguaje y los materiales. Trabajo que le permite depurar una sintaxis, donde emerge y se asienta el simbolismo poético que ha dado carácter a su visualidad. En esta sintaxis se dan cita, por una parte, capitales simbólicos provenientes de la pintura tradicional japonesa. Por la otra, elementos de un expresionismo que navega en las márgenes de la abstracción y guiños al arte conceptual.

Se puede apreciar todo este espectro visual en una muestra como Entropía, compuesta por 20 obras producidas entre 2017-2018, nómina que incluye la bella serie Epifanía, formada por 7 dibujos. Además de esta serie se incluyen obras en gran formato como por ejemplo, Arch Light, Bow Shadow, Enzo o Encuentro. Llama la atención aquí, la presencia de un repertorio iconográfico formado por círculos, arcos y circunferencias, líneas de trazos gruesos o finos, que buscan la belleza escondidas tras la armonía de las proporciones. Llama también la atención, el uso de la pólvora como especie de pigmento que difumina los contornos de los objetos en el plano pictórico. Es una expansión de superficie granulada donde transpiran los diferentes espacios delimitados por las figuras. Figuras como posadas sobre unos fondos difuminados, por cuyas texturas el color parece haberse filtrado, dejando solo el rastro, la sombra de lo que fue. De ahí que no haya en estos fondos afirmación de color alguno. O al menos, se atenúa la intensidad del mismo, porque en estos fondos más bien lo que se busca es la levedad de una luz que contengan las auras de todos. De ahí también, esa sensación de ingravidez, ese salto al vacío de una mirada que, proyectando hacia todas direcciones el equilibrio, “apacigua” la tención y las áreas de disyunciones expresivas propias de su gesto pictórico.

La obra de Fornes en su proyección discursiva está empapada de un profundo humanismo, de una vocación por la cultura, el conocimiento, la experimentación y curiosidad sobre el mundo. Esta potencialidad espiritual haya su punto de arranque en la expresión de una subjetividad, cuyo centro de gravedad es el espacio del imaginario íntimo. Pero es una mirada, similar a como sucede en sus espacios pictóricos, expansiva que convoca una reflexión múltiple. En esa reflexión, aún cuando ésta se hace desde una voz en primera persona, se dan cita el libro de la historia, y el libro de la naturaleza. En el cruce de camino entre ambos es donde la existencia del hombre se torna mitológica, trascendente. No es casual entonces que en esta muestra Fornes traiga a colación referencias a la mitología griega, egipcia y hebrea, como sucede en obras como, entre otras, Caronte, Ananké y Enzo. Dos de estas obras, Caronte y Ananké, encarnan el relato de dos deidades de la antigua Grecia. La primera, describe el camino de la experiencia humana más radical: el camino a la muerte. Caronte es el guía de los difuntos de una a otra orilla, de uno a otro mundo, donde las sombras errantes encuentran la paz eterna. Ananké, en cambio, es la identidad de la que nace el mundo, el origen del ser y del tiempo absoluto. Las imágenes de ambas obras llevan plasmadas círculos sobre fondos de luz y colorido casi neutro, que nos hace intuir una capilaridad ondulante de la superficie pictórica, presentes también en otras pinturas de la muestra.

Resulta sintomático que sea el concepto de Entropía el que inspire esta muestra. Un concepto proveniente de la física, cuyo enunciado fundamental, grosso modo, es el de una magnitud física capaz de mantener el equilibrio de un sistema y que, por tal razón, puede percibir el grado de organización del mismo. Es sintomático porque habla, por un lado, de cómo la experimentación con el lenguaje y los materiales, forma parte de la sintaxis expresiva del artista. Trabajo de sintaxis como una suerte de alquimia donde la pólvora y el agua, el lienzo, la pintura y el papel buscan destilar una realidad otra del material capaz de absorber el espesor e intensidad de la subjetividad. Por el otro, un discurso que ha dejado de creer en los macro relatos de las utopías que ilusionaron al hombre del siglo XX. Una sensibilidad que percibe la inestabilidad de nuestro mundo como una fuente de feroz incredulidad. Y por tanto, dada la crisis de los valores se hace necesario revindicar el alma de otra espiritualidad, de otro humanismo con la potencia que irradia hacia el exterior la armonía y el equilibro del “ser” en la intimidad.

“Guillermo Fornes. Entropía”. ArtScapeLab 7255 NE 4th Ave #113. Hasta el 30 de junio. www.artscapelab.com

Dennys Matos es crítico de arte y curador independiente. Reside y trabaja entre Miami y Madrid.

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