Artes y Letras

Aleisa Ribalta nos entrega ‘Tablero’, versos de crecimiento y testimonio

Presentación de “Tablero”, el poemario más reciente de Aleisa Ribalta, en la librería Animal Sospechoso de Barcelona

Aleisa llega a nosotros con una voz que parece extranjera, que nos interroga y toma apuntes, que viene, a su vez, dando testimonio de sí misma y su paisaje; una voz sencilla que oculta un profundísimo conocimiento de lo poético y lo abisal.
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Aleisa llega a nosotros con una voz que parece extranjera, que nos interroga y toma apuntes, que viene, a su vez, dando testimonio de sí misma y su paisaje; una voz sencilla que oculta un profundísimo conocimiento de lo poético y lo abisal.

Con Talud, (Ekelecuá Ediciones, 2018) Aleisa Ribalta Guzmán nos retó a ser testigos del salto, −de todos los saltos−, del juego de adentrarse, como sombras entre los hierbajos, “rompezaragüey de una isla suya verde entera”, de un retorno a la poesía de la tierra. “Ser enterrado bajo/ la raíz de un guayacán donde desde/ la belleza de su tronco, de sus ramas y de sus flores,/ vería pasar el tren tranquilamente.” Ahora es el tiempo de Tablero (Verbo(des)nudo, 2019), y la poeta decide iniciarnos en sus propios misterios, los que “la montaña sabía, los hombres no aceptaban” y que son también los del mundo: “preguntemos, si es que hay respuestas:/ qué sintieron los árboles aquellos”.

Entramos en Tablero −poesía sensual, de los sentidos−, con una provocación: “griot que convocas/ con palabras nuevas/ a la fiesta ¡sirve el deseo!” Se está convocando aquí a los tiempos en que la poesía era reino exclusivo del aire, del cántico ante la hoguera, del areíto: “No tuvimos pirámides, solo burdas casitas/ en barro amasamos el casabe”. Pudiera verse aquí el mismo llamado de nuestros poetas siboneyistas si no fuera porque estamos ante una cubana cósmica, que ha cultivado en silencio un gusto por lo umami −el quinto sabor−, y que elije asomarnos hacia otra isla, “la que buscaron otros, la jamás encontrada”, en un retozo poético semejante al del naturalista descubriéndose en el pez, el anón y en la piedra Rosetta. Re-nombrando. “Un todus multicolor/ barrancolí cartacuba pedorrera/ plumaje de ave pequeña/ cantora”. Y yo veo en ella algo de aquel entregarse insular, piñeriano, donde hay una poesía “de la boca, como la saliva”, primigenia, anterior a la grafía, y que presiento será uno de los elementos que destacará en la poiesis de Aleisa.

Pudiendo haber elegido para su testimonio poético el camino asfaltado que bien aprehendió en sus lecturas y creaciones precoces −el de la imagen hermética y el reto y cuyas referencias revolotean en citas e intertextos−, Aleisa viene desandando el trillo, el sendero de los cantos rodados. Llega a nosotros a pie, con una voz que parece extranjera, que nos interroga y toma apuntes, que viene, a su vez, dando testimonio de sí misma y su paisaje; una voz sencilla que oculta un profundísimo conocimiento de lo poético y lo abisal.

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Aleisa Ribalta /Foto de cortesía

A los del Asia pertenece el magisterio sobre la poesía de la naturaleza y el paisaje, testimonio libre de arabescos cuya elegancia dormita en el sonido evocador, en la imagen como detonante, en la sinestesia. Hay también un fuerte eco de este asomarse al mundo en la poesía de Aleisa: “De niña pasó largas horas sentada/ a la entrada de una bahía de verdad/ bolsa de sal mucho más pequeña que la suya/ imaginando rutas luces mapas/ sobre piedras/ gastadas/ esqueletos de hierro corroído/ salitre y pestilencia”. Es por ello quizás que, por alguna alquimia oblicua, Tablero, tanto como Talud, recuerdan a la propuesta de los imagistas del pasado siglo.

Tablero, de Aleisa Ribalta (La Habana, 1971), mirada ab-origen, de los inicios, debiera leerse en alta voz, como se dice que era costumbre leer hasta el siglo XVII. De otra forma, nos perderíamos gran parte del conjuro-juego, su música-imagen: “reinita azulada/ setophaga caerulescens/ la bijirita migra a costa de isla ama/divaga/hiberna luego prefiere el dosel de los bosques”.

Hecho el pacto, sentémonos ahora frente al tablero. “Métete/ a bruja hoy conmigo/ déjate sin pudor escudriñar”.

“Tablero”, el poemario más reciente de Aleisa Ribalta, se presenta en la librería Animal Sospechoso, de Barcelona, este sábado 20 de julio a las 7:00 p.m.

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