Sofía Segovia: el murmullo de México
La escena difícilmente se borre de la mente del lector. La vieja nana de la familia Morales Cortés se levanta de lo que parecía un reposo infinito y decide perderse en el monte. Cuando la encuentran, la anciana se aferra a dos pequeños bultos. En una mano lleva un panal de abejas; en la otra, un bebé deforme. La familia decide adoptar al niño, que bautiza como Simonopio. A partir de esa presencia inquietante –las abejas crean un manto sagrado para proteger al niño– no solo el hogar sino toda una región cambiará definitivamente. El contexto ayuda: es el tiempo de la Revolución Mexicana.
Sofía Segovia ha escrito en El murmullo de las abejas, una ficción entretenida y profunda que se deja leer como una saga familiar donde resuena la ficción y la realidad de su país. A la novela, segunda en su producción, no le ha ido nada mal: en México fue best seller.
Segovia estudió comunicación en la Universidad de Monterrey. Ha escrito guiones de televisión y obras de teatro. Noche de huracán, publicada en el 2010, es su debut como novelista.
¿Por qué escribir sobre ese período de la historia mexicana? “Escribí esta novela inspirada por la nostalgia que yo percibía en las anécdotas que mi abuelo contaba sobre Linares e intrigada por la poca memoria que tenemos en nuestra región sobre nuestro papel en la historia del país. La de la Revolución y la Reforma Agraria es una historia que no se ha terminado de contar, de completar. Es un período de nuestra historia en la que el país cambió dramáticamente, pero el noreste de México y sus peculiaridades culturales e ideológicas han quedado casi por completo fuera de esta narrativa”.
Aun cuando usted es una novelista, El murmullo de las abejas tiene muchos datos históricos. ¿Cómo fue el proceso para documentarse para su trabajo? “Sí realicé una investigación extensiva. Acudí a cuantos recursos encontré, pero a mí me gusta hacer conexiones, ver la historia desde varios puntos de vista, por lo tanto estudié la historia de México, claro, pero también investigué lo que sucedía en el mundo en ese momento. Así di con la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa, la influenza española, la historia de la aspirina, hasta la historia de los tractores John Deere y más. Pero primero acudí a la fuente viva: entrevisté a personas cercanas que vivieron alrededor de esta época y de estas circunstancias. Ellos, en sus relatos, le dieron vida al Linares en el que vivió la generación de mi abuelo, le dieron un marco a sus anécdotas y una conexión de las costumbres de la sociedad de la época con los sucesos históricos, que era lo que más me importaba para esta historia. El resultado es una narración sobre la gente que vivió los días de revolución, sus puntos de vista, sus alegrías y sus miedos, y no solo un documento histórico”.
Simonopio, ese niño deforme y cubierto de un manto de abejas, es un personaje muy bien construido. ¿Por qué pasar parte de la trama de la novela sobre él? “Simonopio se convierte en el personaje central desde el principio. Aunque es un personaje encerrado en su silencio, es muy sonoro, transmite grandes emociones, se comunica sin necesidad de palabras. Se apoderó de la historia porque se convirtió para mí también en el deseo de que existiera alguien como él, alguien que pudiera salvarnos de algunos pesares y “hubieras”, si no de todos. Y creo que Simonopio, para el final, también nos incluye en su llamado a buscar nuestro propio murmullo, a escucharlo y a hacerle caso”.
¿Cree que volviendo al pasado, más precisamente a ese pasado de la historia mexicana, podemos entender mejor el presente que vive su país? “Absolutamente. Todos somos nuestra historia. Suena lógico, pero en este país nos distinguimos por nuestros olvidos. Vivimos –para bien o para mal– siempre en un presente que nos parece desconectado del pasado. Pero para entender el presente y planear mejor el futuro, debemos conocer y entender nuestro pasado lo más posible. Además, cada vez parece más claro que la historia continúa, que lo que comenzó con una guerra, sigue sucediendo: los mexicanos siguen abandonando el campo para migrar y reinventarse en otro lugar”.
Hace poco entrevisté a Jorge Volpi y me comentó que una de las soluciones ante la violencia del narcotráfico en México sería la legalización de las drogas. ¿Qué posición tiene al respecto? “Es lógico pensar que así sería y urge detener la violencia. Pero si un día se lograra la legalización, me gustaría que ya antes hubiera un plan establecido para que esta no se diera a la par con el libertinaje, con un aumento en el consumo y las adicciones entre la población”.
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@HVeraAlvarez
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de junio de 2015, 1:25 p. m. with the headline "Sofía Segovia: el murmullo de México."