Artes y Letras

Orlando González Esteva nos lleva a ‘La edad de papel’, un viaje por la imaginación y los sentidos

Cada vez que Orlando González Esteva (Palma Soriano, Cuba, 1952) publica un nuevo libro, siempre nos regala otro motivo de celebración, no solo para sus amigos y lectores asiduos, también es una fiesta de bienvenida para la literatura cubana, la iberoamericana y para este idioma del Cid Campeador, Cervantes y García Lorca.

La edad de papel (Artes de México y del Mundo – Secretaría de Cultura, 2016), la obra más reciente de González Esteva, es título que bien pudiera cerrar una trilogía, junto a Elogio del garabato (Editorial Vuelta. 1994) y Cuerpos en bandeja: Frutas y erotismo en Cuba (Artes de México, 1998), que sentaría las bases definitivas –si algo lo es– de un nuevo género al que varios pensadores de la literatura han dado en llamar “ensayo de imaginación”.

Estamos en presencia de un libro donde el autor, desde el dominio de una voz, sintaxis y estilo únicos, con todas las riendas del lenguaje entre sus manos, echa a volar la imaginación y difumina las fronteras que normalmente separan el pensamiento crítico y analítico de la escritura de ficciones. El ensayo que con paso firme atraviesa el puente levadizo de la ficción para llegar al puerto seguro de la prosa poética. En la literatura cubana de los últimos 50 años escasean estos “canes bicéfalos” pero existen dos títulos fundamentales que pudiéramos sumar a este corpus, las Estancias de Miguel Collazo y Las comidas profundas de Antonio José Ponte.

El poeta español Álvaro Valverde, en un breve comentario en su blog a raíz de la publicación del libro del cubano, lo define de esta manera: “No hace falta volver a recordar que González Esteva ha inventado un género propio, personal e intransferible, que aquí despliega todas sus artes. Un híbrido entre el aforismo y la poesía pasando por el memorialismo y la narración. Despliega erudiciones varias, múltiples sabidurías, inteligentes ocurrencias y siempre con el soterrado humor caribeño que le caracteriza”.

La edad de papel se divide en cinco partes: “El hallazgo”, “Cuaderno del papirómano” –la parte más extensa, conformada por diecinueve fragmentos que giran en torno al invento del papel de piedra–, “Los papeles promiscuos”, “La orgía secreta” y “Oda al papel higiénico”.

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Cito un par de fragmentos que justifican el título, la columna central y el entramado del libro:

“Entre los materiales creados por el hombre milagrea el papel, tan útil al anciano que redacta su testamento como al niño que reúne cañas, goma de pegar, cordel y cintas para hacer un cometa. Que lo aguante todo no es indicio de sumisión o indolencia sino de tolerancia, la forma más cumplida de ser fuerte. No amarillea porque mengüe, sino porque aspira a integrarse a la luz.

Un ejemplar del Papel Periódico de La Habana fechado el lunes 29 de octubre de 1797 ahonda una vitrina de mi casa. Si alguna vez olvidara cerrarla, el documento no desaparecería porque alguien lo hurtara sino porque él mismo sabría cómo escabullirse y, cruzando el Estrecho de la Florida, repatriarse.

La invención del papel de piedra debería provocar asombro, si no por el papel mismo, sí por su nombre, que reconcilia lo más ligero con lo más pesado, lo más delicado con lo más burdo. Pero nadie celebra el hallazgo, ignorando que en el nombre, y no en la presunta utilidad del producto, reside el mayor mérito.

El hallazgo contrasta con las propiedades del material que designa, cuyo éxito pudiera redundar en perjuicio del mundo. Lo advierte un refrán: ‘Es raro que las cosas y los hombres se encuentren a la altura de sus nombres’.

Si hubo una Edad de Piedra y tres del metal, hubo una Edad de Papel, la nuestra, que lejos de caducar como sus predecesoras pugna por remontarse a la más antigua, inaugurando, fiel a la naturaleza circular del tiempo, la Edad de Papel de Piedra”.

Todo hombre que enfrente el paso del tiempo lleno de preguntas y búsquedas existenciales debería tener en su mesa de noche más libros leídos que por leer. Entre los míos siempre ha alentado un ejemplar de Elogio del garabato, en la vieja y fundada esperanza de que la palabra bien escrita y el buen estilo también los podemos aprehender por osmosis, mientras dormimos. Sumo La edad de papel a mis libros de cabecera, no sin antes cerciorarme de la hechura de mi mesa, asegurándome que pueda resistir el peso de la obra que, escrita para la memoria de los hombres y “fiel a la naturaleza circular del tiempo”, ha sido impresa en papel de piedra.

“La edad de papel”, de Orlando González Esteva, es presentado por la Feria del Libro de Miami este sábado 14 de septiembre, a las 3:30 de la tarde, en el Koubek Center del Miami Dade College, 2705 SW 3rd Street.

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