No más zombies, dictadores ni catástrofes. Esta escritora imagina la Cuba que nadie adivina
Daína Chaviano es una de esas escritoras cubanas que ha escapado al maleficio del exilio. Ha conseguido que las editoriales españolas la publiquen y que sus novelas escritas fuera de Cuba se traduzcan a más de 20 idiomas, como es el caso de La isla de los amores infinitos (Grijalbo, 2006).
“Escribir es una asignatura que nunca concluye”, dice Chaviano en entrevista con el Nuevo Herald a propósito de la presentación de su nueva novela, Los hijos de la Diosa Huracán (Grijalbo, 2019), el sábado 23 de noviembre en la Feria del Libro de Miami.
Dejando atrás una carrera literaria exitosa, a su salida de Cuba en 1991 Chaviano continuó en silencio su labor en Miami, al tiempo que se ganaba la vida como traductora y editora. Hasta que en 1998 su novela El hombre, la hembra y el hambre ganó el Premio Azorín en España.
Con una clara referencia en el título y en la trama a la gran crisis que vivió la isla en los años 1990, el libro logró traspasar el imaginario de los cubanos y conquistar a lectores de otras latitudes.
Chaviano empezó a escribir historias de hadas y cometas a los 10 años, y logró dominar desde temprano una de las facetas más duras del oficio de la escritura, la persistencia.
“A los 13 años, leía obras como Sexo y tabú, de Freud. Me leí a escondidas toda la biblioteca de psicología de mi madre. La esquizofrenia siempre fue mi enfermedad mental favorita. Me parecía muy romántica, quizás porque la vinculaba con el retrato de la locura de Ofelia que hace Shakespeare en Hamlet”, confesó en una entrevista con este periódico en abril del 2007.
Si alguien era un lector en La Habana de los 1980 es difícil que no haya tenido en sus manos un ejemplar de Los mundos que amo (Ediciones Unión, 1980). Con esta ópera prima, Chaviano consiguió apartar a sus lectores de una existencia uniforme en la isla y buscó la belleza, que definió en La isla de los amores infinitos como “un golpe que paraliza (...) la certeza de hallarse frente a un hecho que, pese a su aparente temporalidad, va a trascendernos”.
Cuidando el estilo y los detalles históricos, a Chaviano le tomó una década escribir su nueva novela, Los hijos de la Diosa Huracán, demora que atribuye a la complejidad del tema.
“Desde mi novela anterior hasta esta, siento que ha transcurrido toda una vida. Cada libro nuevo conlleva un aprendizaje. Es un desgaste emocional que no puedes evitar si respetas tu oficio. Uno intenta hilar cada vez con mayor cuidado, exigiéndose más y más”.
La novela contiene dos historias paralelas que transcurren en épocas diferentes: una, en la Cuba de hace cinco siglos, cuando se producen los primeros contactos entre taínos y españoles; la otra, un thriller que se desarrolla en un futuro cercano.
“Tanto la trama criminal como la reconstrucción de la sociedad taína, con sus costumbres, sus códigos sociales y sus características espirituales, requirió de una exhaustiva investigación que me llevó a buscar especialistas en documentos antiguos, visitar museos, entrevistarme con detectives, estudiar la morfología del idioma taíno, explorar el panteón de dioses indocubanos, localizar vestigios de ceremonias indígenas”, cuenta.
En este proceso, la intriga y la historia se van tejiendo para imaginar una Cuba en el futuro con varios partidos políticos, en la que temas como la ecología son clave en las propuestas democráticas. Al mismo tiempo, el flujo y los viajes entre Miami y la isla se desarrollan en una total normalidad que se ve interrumpida por un asesinato, el que por cierto investiga un policía cubano que arribó hace pocos años a la ciudad.
¿Cómo es la Cuba literaria que imaginas y en qué sentido crees que diferirá de la realidad?
Estamos saturados de distopías. No hay más que ver las series y filmes que proliferan sobre cataclismos provocados por zombies, sociedades atrapadas en dictaduras o futuras catástrofes globales. Personalmente me agotan las distopías. ¿Para qué crear más desaliento, si ya estamos viviendo en un mundo así? Lo peor es que, con esas imágenes, estamos reforzando la idea de que ese futuro es inevitable; y si seguimos atrapados en ellas, esperando lo peor, eso es lo que tendremos. Cuba no escapa a esa tendencia. No conozco un libro o película donde se visualice una salida a la hecatombe que llevamos viviendo seis décadas. Mi novela propone otra posibilidad. Quisiera soñar con una salida que no sea un nuevo desastre. No sé si ocurrirá algo parecido a lo que muestro, pero al menos no será porque no lo intenté.
¿Qué objetivo persigues con el uso de varios tiempos cronológicos y espacios?
Al superponer dimensiones y tiempos cronológicamente diversos, intento contrarrestar el modo de pensamiento occidental y aristotélico con el pensamiento mágico de otras culturas. La realidad no es un horizonte plano, como suelen pensar muchos. No disponemos solo de cinco sentidos. También tenemos otros capaces de detectar los campos electromagnéticos, el equilibrio o el paso del tiempo, por mencionar solo tres. Y se sospecha de algunos más, relacionados con la percepción extrasensorial o paranormal. Ese universo multidimensional es el que trato de representar. La estructura no lineal de la novela rescata el pensamiento mágico-chamánico (o cuántico, si usamos la terminología científica) de otras culturas.
¿Por qué el título de La Diosa Huracán y por qué mantienes el interés de hacer personajes femeninos sólidos, que llevan el peso del argumento, una de las características que te distingue como autora?
Las mujeres siempre han vivido con una desventaja social y económica, en medio de una sociedad patriarcal donde la violencia ha impuesto un modo de vida que no concuerda con las especificaciones de nuestra psiquis. Por eso hemos desarrollado estrategias de supervivencia muy particulares: la intuición, la astucia, la planificación oculta, la simulación, y otras similares.
Las complejidades de la psicología femenina no solo ofrecen mayores posibilidades para enriquecer una historia, sino que ponen de manifiesto las fallas de la sociedad donde viven.
La presencia de esa deidad en el título revela los pilares que sostienen la novela: por un lado, la importancia del universo espiritual de los taínos, y por otro, el cambio de perspectiva que aporta un punto de vista femenino. Además, la diosa de los huracanes es una alegoría del caos social y político que ha azotado la isla desde sus orígenes.
¿Por qué decidiste insertar una trama detectivesca, y en qué sentido esta se vincula o se aparta del estilo de tu obra anterior?
No me gusta repetir lo que he hecho en otros libros. Si no es algo nuevo, no me tienta como proyecto. Por eso he abordado tantos géneros y temas, dándoles un giro diferente al acostumbrado y tratando de transgredir sus fronteras habituales.
En el caso de esta novela, como nunca había explorado el thriller, me pareció una variante interesante para la historia que tenía en mente. Pero ese género suele trabajarse respetando la lógica más estricta. Mi desafío consistió en mezclarlo con lo sobrenatural, que situé en el universo de los taínos.
Fue bastante difícil porque mi premisa era que no podía engañar al lector. Ambos universos —el mágico y el racional— debían coexistir como dos territorios innegables. Necesitaba resolver el misterio de los crímenes y, al mismo tiempo, dejar incólume la dimensión de lo espiritual. En ese sentido fue un tour de force mantener y, a la vez, romper las reglas del género.
Daína Chaviano presenta Los hijos de la Diosa Huracán en la Feria del libro de Miami, sábado 23 de noviembre, 4:15 p.m., Salón 8503, (Edificio 8, Quinto piso), Wolfson Campus, 300 NE 2 Ave. Para más información, www.miamibookfair.com