‘The Roses of Fibonacci’ de John William Bailly
La película “π (Pi, fe en el caos)”, USA 1998, de Darren Aronofsky era atractiva porque el personaje principal era una mezcla, tanto de genio de las matemáticas sacado de la historia medieval, como de alguien que deambula por su casa, y por la vida, en actitud similar al homeless citadino del siglo XXI. Un personaje, Maximillian (Sean Gullette), que en su obsesión por comprender lo incomprensible, y tratando de apaciguar la angustia que ello le provocaba, llega a la conclusión de que el mundo puede ser entendido a través de los números. De que la materia y el espíritu, la naturaleza y el universo, más allá del caos que reine sobre ellos, pueden ser comprendidos y, también, representados a través de una serie de números que encarnen la armonía. Una sucesión “mágica”, cuyo número o proporción áurea describe la enigmática Rosa de Fibonacci (conocido indistintamente como Leonardo Pisano, o de Pisa, Italia, siglo XII). Este número infinito, (0,1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144…), traduce una especie de patrón o estructura que se repite en las formas emergidas del universo. Por lo que, de alguna forma, se intuye que nuestra percepción del mundo está atravesada de sus imperativos, aunque ello no sea una realidad constatable, ni tampoco un factor que prediga o normatice el universo y la existencia humana.
Esta idea, pero también el mito y la historia, son manejadas hábilmente por John William Bailly en The Roses of Fibonacci su primera muestra personal en LnS Gallery, Miami. Son ideas que se contrastan a través de una veintena de obras entre pinturas y dibujos, buena parte de este material producido específicamente para la ocasión.
Las pinturas Ghost Dance, Venice Venezuela y Decree of Death, las tres de 2019, destacan en el recorrido porque en ellas pueden apreciarse aquellos caracteres que, tanto en el orden poético como discursivo, están presentes en la obra de Bailly. Una poética que cita y recrea diversos estilos como, por ejemplo, elementos expresivos de la figuración, el expresionismo y también de la abstracción. Comparten estas obras, además, fondos pictóricos comunes generados por una especie de mosaico de laminas diminutas, donde el azul emerge en sus diversas tonalidades como elemento distintivo. A partir de ellos Bailly levanta toda una trama cuya narración simbólica convoca figuras y abstracciones, pero también cosas informes. Hay tanto de naturaleza indomable que rompe el corsé impuesto por la cultura, y engulle todo a su paso, como de entornos citadinos, fragmentos ruinosos y construcciones. Pero hay también en estas obras figuras humanas, en clave de lenguaje neo expresionista, con apariencia desapacible. Rostros y cuerpos que parecen expoliados de su humanidad. Articulando un cúmulo expresivo, que emerge desde el centro del lienzo y se expande como si hubiesen sido lanzados en distintas direcciones desflecándose hacia los bordes. Bailly ha sugerido muchas veces que la exuberancia del ecosistema natural de Miami, ha sido una fuente de inspiración para su trabajo y, de hecho, se considera como un artista de Miami.
En The Roses of Fibonacci, Bailly que, además de artista es profesor de FIU, entreteje aquellas esferas discursivas que han avanzado en su trayectoria. Esto es, reflexionar sobre el fenómeno de la interculturalidad trasatlántica entre las Américas y Europa desde una perspectiva histórica. A ello se refiere el poeta Richard Blanco cuando apunta en el texto del catálogo de la muestra. “Una rosa para repensar lo que era viejo sobre el Nuevo Mundo y lo nuevo sobre el Viejo Mundo, la diferencia y la similitud de colonos y nativos, conquistadores y exploradores, sacerdotes y asesinos, esclavos y santos, soldados y traidores”. En Bailly la perspectiva histórica involucra, tanto enfoques provenientes de las matemáticas, como de la mitología y la naturaleza. Es una perspectiva que incorpora, al mismo tiempo, la biografía personal de Bailly como un archivo de esta historia trasatlántica. Ya que él nació en el Reino Unido, (1968), de padre francés y madre estadounidense y aunque reside en Miami, vive a caballo entre el paisaje y las ciudades de ambos continentes. En este sentido escribe Melissa Díaz en las palabras al catálogo: “En el tempestuoso estado político actual, las pinturas de Bailly nos llevan de vuelta a una génesis; la agudeza de un momento cuando dos fuerzas chocaron entre si para convertirse en algo nuevo: el colonizador y el colonizado; el mundo nacido de ese momento de violencia, trauma y fervor”.
The Roses of Fibonacci nos sumerge también en la incertidumbre que provocan las dimensiones de un mundo que ha dejado de ser humano, bajo el desarrollo contradictorio de la contemporaneidad. Vivimos aturdidos de conocimientos, y esto es una idea que comparte tanto la película “π (Pi, fe en el caos)”, como esta muestra. Todos los conocimientos necesitan una justificación, como bien sabía L. Wittgenstein, en cambio, la certeza, no. El nacimiento y la muerte, las dos experiencias humanas más radicales son certezas, no necesitan justificación, como tampoco son necesarias justificaciones para cosas como respirar, sentir placer o dolor. Son certezas. A ese pulso de las certezas parece dirigirse Bailly cuando se pregunta ¿Cuáles son los moldes culturales que nos han forjado? ¿Podemos elegir nuestro destino, o somos parte de un existir ya predeterminado? ¿Es la herencia histórica cultural, sus normas, algo que juega con la vida de manera casual y aleatoria o, por el contrario, somos la consecuencia de hechos anteriores, como lo son los números en la secuencia de Fibonacci?
“John William Bailly. The Roses of Fibonacci”. LnS Gallery, 2610 SW 28 Ln., Miami. Hasta el 11 de enero. www.lnsgallery.com
Dennys Matos es crítico de arte y curador independiente. Reside y trabaja entre Miami y Madrid.