Los mejores libros en español del 2019 según autores hispanos de Estados Unidos
El cierre del año es una buena oportunidad para que el Nuevo Herald convoque a una serie de escritores provenientes de diversas partes de América Latina pero que residen en Estados Unidos, para elegir cuál es el libro que más disfrutaron durante el 2019. Como siempre, en la selección hay sorpresas y obras rescatadas del olvido.
Anjanette Delgado
¿Qué hace que un libro nos parezca “el mejor?” Antes, para mí, el mejor era el que parecía haber costado más lágrimas escribir, el de la trama de actualidad global más “importante”. Pero este año maldito cambió eso. Leí tanto sobre injusticias, violencia y racismo, que cuando cayó en mis manos el libro Desordenadas (SED ediciones) de la venezolana Naida Saavedra, fue como si una hermana hubiese venido del país del que somos las dos a abrazarme.
Se trata de una colección de cuentos cortos sobre mujeres que resuelven con desparpajo y delicioso humor negro las guerras cotidianas de todos: el amor, el desamor, el cabello, la familia, el trabajo. Y sí, viven vidas desordenadas, pero viven, presentes en todos sus minutos. Y, al final, ¿habrá algo más delicioso que leer un libro y disfrutarlo, solo para darte cuenta luego de que escondió sus lágrimas entre líneas, para poder regalarte risas?
Antonio Orlando Rodríguez
Desde que, en los años 1980, empecé a leer los libros de Emilio de Armas quedé cautivado por la transparencia y la autenticidad de su poesía, desligada de modas pasajeras, tan esmerada y espiritual. En 1979, en el prólogo de La extraña fiesta, el primer poemario de De Armas, Eliseo Diego celebraba su dominio de la tradición del oficio. La lectura de Una sola palabra (Emmanuel Publisher, 2018), ambiciosa obra que reúne su poesía escrita entre 1968-2018, permite confirmar eso que la aguzada mirada de Eliseo destacó tempranamente.
Emilio de Armas posee un admirable manejo de la palabra y de las formas, y sus versos recorren un universo complejo y diverso con una sensibilidad y una profundidad muy personales. El encuentro con su poesía (casi) completa fue una de mis mejores experiencias como lector en 2019 y recomiendo Una sola palabra como un importante título de la lírica cubana contemporánea.
Oswaldo Estrada
Desde hace tiempo tenía ganas de leer una buena novela histórica y cierro el año con La Perricholi (Penguin Random House) del gran Alonso Cueto. Tomando en cuenta un amplio legado histórico y literario en torno a Micaela Villegas (1748-1819), actriz del Coliseo de Comedias de la Lima virreinal y amante del Virrey Amat, el renombrado autor peruano nos interna no sólo en el universo íntimo de la Perricholi, sino en un mundo dividido por clases sociales, costumbres peninsulares y tradiciones americanas. Mientras la Miquita Villegas actúa en el escenario, los lectores vislumbramos el contexto histórico y político en el que se prepara la Independencia del Perú. Y sobre todo conocemos a una mujer de carne y hueso. Atrevida y caprichosa, adelantada a su época, orgullosa de sus raíces mestizas y muy capaz de enfrentarse al poder, a las mujeres de la nobleza, al qué dirán. Una valiosa novela cuya trama colonial nos obliga a cuestionar nuestra actual colonialidad.
Gisela Heffes
Uno de los libros que más me gustó leer durante el 2019 es Las esferas invisibles (Editorial Entropía), de Diego Muzzio. El libro consta de tres relatos largos o nouvelles, los que comparten el año 1871 en Buenos Aires como punto de partida. El primer relato es “El intercesor”, seguido por “El ataúd de ébano” y “La ruta de la mangosta”. Además del contexto histórico, los tres relatos desestabilizan –o al menos intentan cuestionar– ciertas premisas en que descansan nociones asociadas con la idea de lo racional (algo que algunos llaman gótico, y otros fantástico). Si 1880 es un año clave para la nación argentina, año de la presidencia de Domingo F. Sarmiento, los relatos articulan historias diferentes, en las que apariciones metarreales, ritos no cristianos (¿anti-cristianos?), presencias que se vuelven efímeras e intangibles, o visiones y/o alucinaciones sugieren formas de la eternidad y finitud. Estos elementos colocan al lector en una posición –no diría incómoda– pero vacilante e indecisa, ante el desarrollo de la acción. La prosa de Muzzio es impecable. Como así también las tramas. Si bien hay una suerte de recreación hiperrealista respecto al marco en que transcurren los relatos, ésta es interrumpida de forma lograda por elementos que obedecen a otros órdenes. La escritura de Muzzio me provocó un deseo insoslayable de seguir leyendo, y eso hoy es algo poco frecuente.
Sergio Andricaín
De entre todos los libros que he leído este año, quiero destacar dos publicados por la Editorial Norma. Ambos exploran el universo de lo fantástico con miradas diferentes y abordan desde lo puramente narrativo algunos tópicos filosóficos: el par vida y muerte, el amor como principio creador, la fascinación del hombre por arrancar al mundo sus secretos... El primero, Donde nadie oye mi voz, del mexicano Juan Carlos Quezada, es una novela que sorprenderá al lector por el inteligente y renovador relato que protagonizan un padre vampiro, preocupado por la condición mortal de su vástago, y su hijo, que atraviesa un primer fracaso sentimental. El segundo libro es la reedición de Amoroso planeta, una colección de relatos fantasía y ciencia ficción de la cubana Daína Chaviano, publicado por primera vez en 1983. Esta obra sorprende por su lozanía, su depurado lenguaje, las variadas estructuras de los cuentos y la madurez estilística que pone de relieve su escritura. Dos lecturas imperdibles.
Gastón Virkel
Me impresionaron Las aventuras de la china Iron (Penguin Random House) de Gabriela Cabezón Cámara, publicado el mismo mes en el que se hicieron públicas las acusaciones contra Harvey Weinstein. Parece un bulldozer arrasando los pilares del patriarcado y de varios mitos fundacionales de la Argentina. La maternidad, la sexualidad, la familia, el matrimonio, el país. Todo se resquebraja bajo las ruedas de una carreta durante este viaje iniciático de la china junto a Liz, una inglesa que atraviesa el desierto interminable y plano en busca de su marido. La China Iron/Fierro, mujer del gaucho Martín Fierro, —algo así como el Quijote argentino— se convierte en protagonista de la historia y de la Historia. Como le sucede a ella misma, el lector pasa de sentir la desesperación de esta “road novel” en carreta a rogar que no se llegue nunca al destino final.
Naida Saavedra
Este año leí muy buenos textos de autores latinoamericanos en Estados Unidos. Sin embargo, como solo puedo nombrar uno, tengo que hablar de Noches de tablarroca (El BeiSMan PrESs), de Raúl Dorantes. Muchas de las historias encontradas en este volumen se edifican sobre la figura de la escritura: cuentos de un paciente psiquiátrico venerados por una enfermera, memorias de una reclusa que viola la probatoria constantemente, mensajes platónicos entre un profesor y una alumna, cartas de amor de un adolescente con el pelo pintado de rojo, letras de sangre hechas por un chinche sobre la piel de un ingeniero. Dorantes además emplea un juego lingüístico que invita a los lectores a los escondites de la incertidumbre. Si quieren conocer la literatura de Chicago, empiecen por aquí, un compendio del trabajo de Dorantes, una de las grandes figuras de las letras de esta ciudad.
Pedro Medina León
Fui lector asiduo de Fernando Vallejo años atrás hasta que leí La Puta de Babilonia, y a la mitad del libro me aburrí. Pero hace poco lo reencontré con la lectura de Casablanca la bella (Alfaguara), una novela breve y asfixiante, a la que no le sobra ni falta una palabra. El personaje, acaso como el autor, vuelve a Colombia después de vivir largos años en el extranjero, y la hermosa casa blanca en el barrio noble que lo aguardaba para ese gran día se le torna un antro inhabitable, el vecindario dantesco y la sociedad está más estancada en la mojigatería y cucufatería aldeana que cuando la dejó. Casablanca la bella narra la experiencia que quizá sea el espejo que un inmigrante evite tener enfrente por temor a no reconocerse: el regreso al país de origen; y me recuerda por qué Vallejo debe ser siempre uno de mis autores de cabecera.