Artes y Letras

Conversación con Henry Eric Hernández. El discurso de lo visual en Cuba

Henry Eric Hernández.
Henry Eric Hernández.

A pesar de que en los años ochenta una serie de artistas reflexionaron sobre la relación política-arte, el discurso de lo visual en Cuba ha estado vigilado siempre por la cuchillita ideológica. Ahora, una antología no solo viene a recordar estas “relaciones”, sino que viene a pensarlos. Comisariada por Henry Eric Hernández y Clemens Greiner, Pan fresco. Textos críticos en torno al arte cubano (Almenara 2019), resulta de lectura obligatoria para todos los interesados.

¿Cómo ha condicionado el castrismo en los últimos treinta años el territorio-plástica en la isla?

Uno de los condicionamientos totalitarios más perversos para el arte cubano ha sido el de sumarse al mercadeo del fetiche utopía. O sea, no es lo mismo que como artista comentes tu obra al curador de turno haciéndole ver que Cuba es una “utopía fallida”, lo cual le supone cierta belleza de la miseria y con ella algo precario a reparar en algún momento, que le digas que evalúas un sistema totalitario. Tampoco es lo mismo titular un libro como el de Rachel Weiss To and From Utopia…, que conceptualizarlo desde From and To Totalitarianism... Es así como la utopía no deja de alimentar su fetichismo, de “embellecer” el credo del izquierdismo intelectual, que no es lo mismo que la izquierda crítica. Y esto es muy importante, porque el hecho de aferrarse al eufemismo discursivo en torno a la utopía detiene la dimensión histórica, es decir, la dialéctica social y política que muchos venimos ansiando.

¿Pueden pensarse la censura y la violencia desde lo estético?

Este es un tema enquistado en la producción intelectual a causa de la condición totalitaria. Sigo centrándome en el correlato crítico y te digo que “la cuestión estética” ha sido utilizada para bien y para mal, para salvar y para condenar. Pensemos en el Caso AR-DE, de los años ochenta; un grupo que tuvo que cotejar su activismo en torno a una discusión estética para justificarse ante la burocracia, evadir la censura, la prisión y la expulsión, pero esto sirvió de poco pues luego sus mismos amigos y colegas, conjuntamente con la burocracia cultural, juntaron lo estético con la cuestión de ser contrarrevolucionario y condenaron a sus miembros.

A la vez que la represión en Cuba se ha hecho más visible, lo marginal o underground ha ganado cuerpo. ¿A qué tú crees se debe este fenómeno?

La era postotalitaria en la que entra Cuba no se caracteriza, a diferencia de Rusia, China o Vietnam, por mencionar tres “aliados” actuales del Estado cubano, por un despegue económico –cosa que no sucederá en mucho tiempo–, sino por su actualización a medias de la conexión a internet. Quiero decir, el problema que sigue quitando el sueño al Partido y a su burocracia política sigue siendo el control de la información, que ahora se les escapa de las manos debido a la personalización de la misma en todo sentido, pues por activar un renglón económico -el de las comunicaciones-, el gobierno ha puesto en riesgo el control de lo que cree se debe y no se puede decir. Así, la consecuencia no es un despegue económico, sino un desparpajo informacional que ha venido acalorando el deseo de autonomía, lo que podríamos resumir en el voy a decir lo que me dé la gana.

¿Pudiera hablarse de una diferencia conceptual e ideológica entre la crítica de arte que se practicaba en los noventa y Pan fresco, libro que recoge textos o discusiones de quince ensayistas o críticos más o menos recientes?

La diferencia se desprende del criterio reformista que hablábamos antes y el sentido acrítico que al día de hoy produce dicha postura. Un detalle significativo es que excepto dos textos, el resto de los incluidos en el libro discuten el contexto introduciendo los términos dictadura, totalitarismo y autoritarismo, por lo que tenemos un cambio en la conceptualización y por supuesto en el sentido político. A Clemens y a mí nos interesaba reunir colegas que pese a conocer el trabajo crítico de la década de 1990 desechaban sus subterfugios, como por ejemplo, cambiar utopía por totalitarismo, con lo cual suben un escalón importante en el corpus crítico cubano.

¿Pudiera leerse o verse Pan fresco como un objeto más de tu obra?

Pan fresco… forma parte de un tríptico editorial en el que comencé a trabajar desde 2016. Primero vendría la curaduría de la exposición colectiva y la edición de su libro homónimo El fin del Gran Relato, enfocado en trabajar con un grupo de artistas cuya obra me interesaba poner a interactuar. Luego Pan fresco…, una colaboración entre Reinbeckhalle Foundation, y Almenara Press. Y por último, Imaginar el totalitarismo. Ensayo sobre la violencia en el arte cubano, un libro que estoy terminando ahora y pronto será publicado por Hypermedia Editorial.

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