Artes y Letras

‘El camino de ayer’, entre la fantasía y el erotismo

José Abreu Felippe.
José Abreu Felippe. El Nuevo Herald

El más reciente libro de José Abreu Felippe, El camino de ayer (Alexandria, 2019), es una prueba de cómo el cuento, en manos de un buen escritor, puede llegar a ser una de las mejores formas de ficción.

Julio Cortazar, que fue un maestro del género, decía que al cuento había que incorporarle elementos mágicos, irracionales y oníricos para trascender la realidad de sus tramas.

Y eso es lo que José Abreu ha hecho en este nuevo volumen de relatos: conseguir que el lector, enfrentado a situaciones misteriosas y fantásticas, se abra a un mundo de posibilidades infinitas, algo que se advierte desde el primer cuento, La inserción de la piedra de la locura, en el que un anciano confronta sus terrores nocturnos a través de eventos extrasensoriales: “En ese momento, antes de que la noche corporizada se echara sobre él, escuchó como los tres cerrojos se descorrían uno a uno y vio cómo las persianas se abrían y cerraban enloquecidas”.

En el segundo cuento, Está lloviendo ángeles, Abreu mantiene el mismo tono fantástico y alucinante del primero, pero sitúa la trama en un escenario más contemporáneo y permite que los personajes, Donald y su esposa Caroline, se muevan en su propia cotidianeidad cuando durante una tormenta se encaran a lo inesperado: “Al atardecer, el aguacero arreció. Era un agua con un viento muy fuerte que estremecía toda la casa. Los golpetazos sobre el techo comenzaron cerca de las doce de la noche”. Es en ese momento que Donald sale al portal con una linterna en la mano. “Voy a ver que pasa”. Al regresar, cierra aterrorizado la puerta y exclama: “Está lloviendo ángeles”.

En el titulado Kukulcán, Abreu convierte una simple anécdota -el viaje de una pareja a México- en una historia repleta de posibilidades mitológicas y eróticas. Los protagonistas, María Alejandra y Fabián, primero recorren Chichén Itzá para ver el descenso del dios Kukulcán por la alfarda norte de su pirámide, solo para después verse envueltos en un extraño encuentro nocturno con un joven bailarín del lugar que misteriosamente parecía ser el mismo Kukulcán: “Entonces la serpiente emplumada se deslizó sobre el cuerpo de la muchacha y se adentró en sus profundidades”.

Pero no todos los relatos están insertos en lo fantasmagórico. Hay algunos escritos no solo con un gran realismo, sino también con un fuerte contenido erótico. En uno de ellos, Mulato, narrado en primera persona, un joven homosexual cubano establecido en Madrid cuenta su historia, desde su infeliz niñez y su atribulada adolescencia habanera, hasta su difícil exilio español.

En el otro, titulado Una propuesta, dos amigas conversan por teléfono sobre sus vidas. Entre confesiones, una de ellas cuenta con gráficos detalles su más reciente y osada experiencia sexual. La otra escucha la historia con asombro y curiosidad. Esa noche, excitada por el cuento de la amiga, decide hacerle una atrevida propuesta a su marido.

El resto de los cuentos (Vida de Ryan, La estatura ideal, Micenas, Como sombras azules y Concha & Dago), transitan con comodidad entre sus diferentes temas: amor paterno, vanidad masculina, ambiciones literarias, recuerdos del pasado y relaciones familiares.

Todos son impredecibles y están escritos con una prosa detallada que, aunque exenta de adjetivos innecesarios, le otorga verisimilitud a la historia. Algunos de sus finales, por su tono místico, son verdaderas epifanías para los personajes.

El camino de ayer es un estupendo libro que le brinda al cuento una nueva oportunidad. Y a José Abreu, como cuentista, un merecido lugar entre los grandes cultivadores del género.

José Abreu ha escrito numerosos poemarios, novelas, obras de teatro y tres volúmenes de relatos: Cuentos mortales (Universal, 2003), Yo no soy vegetariano (El Almendro, 2006), Confrontaciones (Alexandria, 2018) y el más reciente de ellos, El camino de ayer, (Alexandria, 2019).

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