‘George Segal...” una puesta en escena con diversos grados de intensidad dramática
A finales de los años 1950 George Segal (Estados Unidos, 1925-2000) ya era conocido como pintor pop, pero no es hasta principios de la década siguiente que su escultura cobra un gran protagonismo dentro de ese movimiento. Y es que a diferencia de compatriotas y compañeros de viaje como por ejemplo Jasper Johns o Claes Oldenburg con escultura más coloridas y, también, más objetuales, la escultura de Segal, en cambio, se centra en la figura humana. Unas figuras humanas a escala natural, en blanco monocromo y piel porosa, que desconciertan al espectador por su aura desapacible de cuerpo camino del desecho. El cuerpo como algo que se desinfla pero que a toda costa tiene que ser inflado para que la vida continúe circulando y, sobre todo, produciendo. Es un efecto por el empleo de vendajes de escayola (cintas empapadas en yeso) propia de la medicina ortopédica, cuya misión es recomponer las fracturas sufridas por la osamenta humana. De ahí esa apariencia, como ha reconocido la critica, “fantasmal y melancólica” que transmiten muchas de sus esculturas.
Si Johns y Oldenburg celebran, con la fina ironía que lleva siempre la mirada del pop, el objeto, su materialidad como omnipresencias del consumo, Segal, prefiere retrotraerse al ser social que consume esas mercancías. Por lo que, en la mediación de nuestras relaciones socioculturales, Segal pone el acento no tanto en el objeto, como sí en el sujeto. Un cuerpo escultórico de figuras humanas que es solo carcasa, literalmente vaciado. Sus esculturas, a menudo formadas por conjunto de figuras, despliegan una puesta en escena, cuya narración se presenta con diversos grados de intensidad dramática. Abraham’s Farewell to Ishmael (1987), es uno de esos conjuntos escultóricos donde más explícito se hace ese dramatismo. Esta obra, inspirada en un pasaje bíblico, reflexiona sobre el dilema que enfrenta a Abraham con su esposa Sarah. Esta exige que Abraham expulse del hogar a su amante Agar y, también, a su primogénito Ismael. Sarah busca con ello asegurar la herencia de su hijo Isaac. Abraham, se resiste, pero al final los destierra al desierto, un destino de muerte. Ese clímax psicológico de tensión extrema se ve acentuado por los sombríos colores gris y negro de Segal, para las cuatros figuras y, también, para la roca que, a modo de tótem, sirve como elemento escénico central. La escena tiene mucho de set cinematográfico, que ilustra este pasaje bíblico como guion escrito en el estilo de la novela histórica. Set que articula una narración apoyada en dos descripciones dramáticas. Una que brota de las figuras femeninas cercanas y, a la vez, distantes una de otra. De sus semblantes diferenciados por rasgos de juventud y de vejez, ambos adoloridos con las miradas apagadas por la tensión y el dolor, sobre todo en la más joven. La otra, aquella escenificada por los hombres, padre e hijo, en un abrazo fraternal como despedida que preludia un futuro familiar devastador. Sin embargo, según el pasaje bíblico, madre e hijo, por un milagro, logran salvar la vida, y acceder así a la libertad, justo cuando el desierto estaba a punto de tragárselos.
Es perceptible en Abraham’s Farewell to Ishmael cómo, en la representación de las mujeres, en su apariencia estatuaria, conviven el espíritu de la escultura clásica, fijado en el canon de las proporciones corporales, junto al carácter popular que desprende las estatuas de yeso producidas masivamente para el entretenimiento y la decoración. Todo ello también es perceptible en la descripción estatuaria de la figura masculinas, aunque aquí el acento de la estética pop es mayor.
Abraham’s Farewell to Ishmael escenifica la despedida, como desgarro traumático de la familia deshecha a causa de una “solución” extrema que ronda la muerte. Es la representación de un pasaje bíblico que nos invita a experimentar, como reconoce el psicólogo Víctor Hernández Ramírez, “las posibilidades de revertir el dolor sufrido en una historia de libertad, rompiendo con la fatalidad de un destino que estaba en mano de otros”. Es además, una especie de paganización de los textos sagrados, al ser “traducido” el texto bíblico a estas esculturas en clave narrativa de melodrama, que es uno de los géneros que más explota la cultura visual masiva de la contemporaneidad.
“Abraham’s Farewell to Ishmael” en PAMM, 1103 Biscayne Blvd, Miami. Hasta el 5 de julio, 2020. www.pamm.org
Dennys Matos es crítico y curador independiente. Reside y trabaja entre Miami y Madrid.