Artes y Letras

Retrospectiva de la obra de Carlos Alfonzo a 70 años de su nacimiento

La retrospectiva ‘Witnessing Perpetuity: Works by Carlos Alfonzo’, re realiza en honor al 70 aniversario de su nacimiento, en LnS Gallery.
La retrospectiva ‘Witnessing Perpetuity: Works by Carlos Alfonzo’, re realiza en honor al 70 aniversario de su nacimiento, en LnS Gallery.

Cuando Carlos J. Alfonzo (La Habana, 1950-Miami, 1991) se gradúa de Historia del Arte en la Facultad de Arte y Letras por la Universidad de La Habana en 1977, ya se había completado en Cuba un feroz proceso de stalinización. Antes, entre 1969 y 1973, Alfonzo cursaba estudio en la Academia de San Alejandro con los ecos de la Declaración del Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura (1971). Allí se enfatizaba: “Los medios culturales no pueden servir a la proliferación de falsos intelectuales que pretenden convertir el esnobismo, la extravagancia, el homosexualismo y demás aberraciones sociales, en expresiones del arte revolucionario, alejados de las masas y del espíritu de nuestra Revolución” (“Política Cultural de la Revolución Cubana, Documentos”, 1977). Estaba muy claro: En una sociedad totalitaria donde, al decir de Claude Lefort, el espacio privado se extingue, porque la revolución lo nacionalizó, tampoco existe el público, porque la sociedad civil se confunde con el estado, cualquier expresión no parametrada entra en conflicto con el status quo totalitario. El éxodo de El Mariel (1980) por donde Carlos Alfonzo, al igual que miles de cubanos y cubanas, salió de Cuba fue la manifestación más contundente del desacuerdo social frente a la deriva totalitaria de la revolución. Cuestionaba los discursos que producían una imagen de fuerte unidad y salud nacional, dejando ver las propias contradicciones, los abismos generados por el proceso revolucionario, proyectando una imagen conflictual del mismo.

La retrospectiva Witnessing Perpetuity: Works by Carlos Alfonzo, se organiza “En honor al 70 aniversario de su nacimiento” -reconoce Sergio Cernuda, director de LnS Gallery y curador de la muestra. Deseamos darle más énfasis a su formación en Cuba y al proceso de emigración porque, en 2020, se cumplen también 40 años de El Mariel”. Se contemplan cerca de 50 obras entre pintura, escultura, dibujo, acuarela y cerámica repasando tres décadas: Desde mediados de los años 1970 hasta principio de los 1990. “Alfonzo en Cuba fue restringido y en Estados Unidos de América -amplía Cernuda- encontró libertad de expresión, logrando una de las grandes carreras de la generación de los años 1980 en el arte contemporáneo americano”.

Abriendo la muestra la serie Untitled, 1976, marcada por una poética figurativa gráfica, de fondos y figuras planas, cuya iconografía paisajística recurrente de las palmas, el mar, la luna, los peces y figuras humanas, recuerdan la visualidad del diseño comunicacional de la propaganda totalitaria presente, también, en muchas de las obras de Alfonzo de esos años. Fina ironía porque están parodiando la estética y el estilo comunicacional de adoctrinamiento de las masas. Son especie de “paisajes señaléticos” que distorsionan y subvierten la sintaxis de esa comunicación de signo totalitario. Perceptible también, aunque desde una estilización más caligráfica de la figuración, en la serie Tribal (1979). Tal vez por ello, cierta crítica relaciona la obra de Alfonzo y la de Keith Haring (Estados Unidos, 1959-1990), quién trenzó el grafitti con el mundo de los dibujos animando en sus obras callejeras. Pero más que a ritmo de ese “vocabulario” la obra de Alfonzo -observación que comparto con el curador de esta muestra- late con ritmos más pictográfico y totémico del neo expresionismo de A.R Penck (Alemania, 1939-Suiza, 2017). Artista de la República Democrática Alemana que, similar a Alfonzo, fue señalado como disidente y hostigado por la Stasi.

En lo discursivo, Alfonzo, en lugar de referir a la movilización social, lo que más bien parece es convocar una especie de comunión entre el individuo, como fuente inagotable de la subjetividad moderna, y elementos de la naturaleza caribeña. Por ejemplo, en Untitled, (III y VI) palmas invertidas y negras, o estrella y luna coloreada como el sol. Proyectando, como sucede también en Yo nunca te tuve bajo un árbol (1976), o El trovador (1977), un paisaje que “trasfigura” la representación de sus elementos, incluido el individuo despojado de atributos hasta tal punto que se indistingue de las cosas. Carlo Levi (Italia,1902-1975), artista que sufrió el hostigamiento fascista, señala también este proceso de indistinción en su libro Miedo a la libertad (1939), cuando apunta “Todo hombre nace del caos y puede volver a perderse en el caos; surge de la masa para diferenciarse, y puede perder su forma y reabsorberse en la masa”. Este proceso de diferenciación/indiferenciación sociocultural se hace aún más imperativo en la obra de Alfonzo, Trazos en el jardín, 1978. Es un jardín, sí, pero un jardín en blanco y negro, que se trasmuta en laberinto de objetos y cosas, donde la individualidad, atrapada claustrofóbicamente en sus formas, va camino de disolverse.

Entrando en los años 1980, la pintura de Alfonzo proyecta la tensión de un volcán a punto de estallar. Obras como, entre otras, Untitled (Gray self-portraid), 1982, Sissors cutting the evil eye, 1985 anuncian esa catarsis expresiva que recorre su producción a lo largo de toda la década. Aquí, el simbolismo de trazos gruesos se torna menos figurativo, más surreal y psicodélico. Obras atravesadas por un pulso arrollador, que lo mismo se vuelven sobre la percepción de los sentidos (Ojo de una gota de sangre, 1985), que descarga una espiritualidad teñida del sincretismo afrocubano en Babalú Aye y Yemayá, ambas de 1987. La introspección se reafirma en, por ejemplo, Petty Joy, 1984 y Trail, 1985, Shift, 1987, o Untitled (Gray self-portrait), 1982 donde la intensidad psicológica se expande aceleradamente hasta casi desbordar la superficie pictórica. Convertida en un intricado bosque simbólico, jalonado por tijeras y bocas, ojos, cuchillos y bombillas, lagrimas, sangre y rostros, hasta conformar un amasijo desapacible de objetos, vegetación y trozos corporales. Son obras que implícitamente citan a grandes figuras de la vanguardia moderna cubana como, entre otras, Amelia Peláez, René Portocarrero o Wifredo Lam. Traduciéndolos a una sintaxis expresiva que articula surrealismo de inspiración barroca con un tenaz expresionismo. Del que emergen escenarios turbulentos, imágenes convulsas destiladas de una introspección que, aun atravesada por un sentimiento de profunda soledad, busca desesperadamente ir hacia delante. Un expresionismo que se hace cada vez más contumaz y desolador en obras como Home, y Untitled (Blue Figure), ambas de 1990, un año antes de su muerte.

Witnessing Perpetuity: Works by Carlos Alfonzo, es el ensayo visual más completo y sugestivo que se haya hecho en los últimos años sobre la obra de Carlos Alfonzo. En ella el espectador va al encuentro de una mirada que habla de la ilusión como del desencanto, primero, por la falta de libertad en Cuba y, después, por la incomprensión que sufrió de la parte más conservadora del exilio. Un ser que canta no a la imaginada vida que esta en otra parte, parafraseado a Milan Kundela, sino a esa única vida que todos los día nos late dentro, y cuyo único sentido parece ser vivirla.

Witnessing Perpetuity: Works by Carlos Alfonzo, LnS Gallery, 2610 Sw 28 Lane. Hasta el 18 de Abril. www.lnsgallery.com

Dennys Matos es crítico de arte y curador independiente. Reside y trabaja entre Miami y Madrid.

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de marzo de 2020, 2:08 p. m..

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