Artes y Letras

Louise Nevelson, dos muestras ahora en Miami

VObra de Louise Nevelson en Fundación Pablo Atchugarry.
VObra de Louise Nevelson en Fundación Pablo Atchugarry.

Hay dos mujeres de inevitable referencia en el campo escultórico estadounidense de la segunda mitad del siglo XX: Louise Nevelson (Ukrania-Nueva York, 1989-1988) y Louise Bourgeois (París-Nueva York, 1911-2010). Además de nombres y talento, belleza misteriosa y longevidad, estas artistas comparten también otras coincidencias biográficas. Por ejemplo, ambas son emigrantes, la primera de Ucrania (bajo el antiguo imperio ruso), la otra de Francia. Pero también en lo artístico tienen similitudes, porque las dos comenzaron sus respectivas trayectorias como pintoras. Sin embargo, se dieron a conocer y alcanzaron notoriedad como escultoras en el mundo artístico del Nueva York de finales de la década de 1940 y principio de 1950. Ciudad en la que coinciden en sus primeras muestras, como coincidente es también que ambas iniciaran sus trabajos escultóricos empleando materiales reciclados, sobre todo maderas: Nevelson con trozos que recogía de las calles, y Bourgeois con fragmentos arrojados por el mar. En lo que sí difieren estas dos grandes artistas es que Bourgeois se decantó por una poética figurativa de corte expresivo surrealista, mientras que Nevelson se inscribe en la orbita del arte abstracto de inspiración constructivista.

Esta abstracción de inspiración constructivista de Louise Nevelson, destaca en las dos exposiciones que actualmente pueden verse en Miami. Una en el ICA, titulada “Louise Nevelson”, formada por un grupo de esculturas de gran formato producidas en la década de 1970, donde puede apreciarse la técnica del ensamblaje, como una de las características fundamentales en la poética abstracta de Nevelson. La otra muestra, en Fundación Pablo Atchugarry titulada “Louise Nevelson & Pablo Atchugarry: Dialogue in Black and White”, esta formada por, además de las obras de el escultor uruguayo, más de una decena de obras de Nevelson.

Es una verdadera oportunidad poder disfrutar de ambas muestras porque, entre las dos con casi una veintena de obras, ofrecen un recorrido privilegiado por la obra de Nevelson, en un momento de madurez artística e intelectual. Todas las obras son monocromáticas negras, cuyas dimensiones emulan las dimensiones del cuerpo humano. Obras donde el ensamblaje y la superposición de piezas parece haber salido de una emulsión de ese negro tupido, espeso y satinado que compacta la imagen abstracta hasta hacerla emerger en forma de relieves de visualidad modernista. Todo ello es perceptible, entre otras, en la serie Sin título, 1976-78 (ICA) pero también en las obras presentes en la Fundación Atchugarry. Del mismo modo todas las piezas han sido “fabricadas” a partir de una rica constelación de objetos, muebles y fragmentos de maderas como, por ejemplo, espaldares y pastas de silla, ruedas, caja y bate de béisbol, balaustres y cabeceras. Describiendo una geografía del mundo domestico que circula en forma de “desperdicio” por las calles y lugares del entorno urbano. Cuando vemos estas obras viene a la mente esa aleatoriedad, ese amasijo, esas yuxtaposiciones objetuales, definitoria en la composición de sus esculturas, tanto de pared como de suelo. Y viene a la mente también cómo intervienen lo fortuito, la casualidad y su expresión psicológica en el mecanismo creativo de Nevelson quién, en este sentido, ha dicho: “Verán, cuando un automóvil pasa sobre un trozo de madera y sale con todo tipo de abolladuras. Esos son mis dibujos”. Es decir, tomar el objeto “abandonado” y marcado enfáticamente por las circuntancias de un entorno para el cual no fue creado. Estéticamente, habilitar el empleo del objeto fuera del marco de uso para el que fue creado, tiene el aliento dadaísta de Marcel Duchamp. Lo que pasa es que Nevelson no extrapola a un contexto de uso diferente el urinario, como sí hace Duchamp cuando lo pone en la galería. Nevelson, en cambio, traslada solo los fragmentos de objetos que llevan, enfáticamente tatuadas, la huella del abandono en toda la piel de la obra. Y aquí lo fortuito y la casualidad da más margen a una sensibilidad que cobra en lo intuitivo y corporal una dimensión que eclipsa a la reflexión y el concepto. Es cierto modo, estas obras son una metáfora de cómo queda nuestra alma, sus registros de sensibilidad de lo privado y lo íntimo cuando, al quedar a la intemperie, es impactada por la furia social y queda al abandono. Fragmentos y más fragmentos que buscan desesperadamente recomponerse para llegar a tener sentido.

Cortesía de imágenes de ICA, Miami y Fundación Pablo Atchugarry.

Louise Nevelson”. ICA, Miami, 61 NE 41st Street. Hasta el 19 de Abril. www.icamiami.org

Louise Nevelson & Pablo Atchugarry: Dialogue in Black and White”. Fundación Pablo Atchugarry. 5520. 4 Th Ave. Hasta el 30 de marzo. www.atchugarryartcenter.com

Dennys Matos es crítico y curador que reside entre Madrid y Miami

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