Artes y Letras

Galerías, arte y mercado en tiempos de Coronavirus

Hace unos días tuve mi primera reunión de trabajo, más de dos meses después de la última. Entretiempo que coincide con la declaración de alarma pandémica. Soy por naturaleza optimista, así que pensé que esto pasaría, como pasaron otros tantos desastres sanitarios de los que apenas ahora tenemos noticias: La Gripe Aviar, El ébola, Las Vacas Locas, el SIDA, etc. Pero esto pica y se extiende. Las dudas comienzan a pastar en la voluntad porque, a diferencia de las otras, aunque no estés contagiado, sufres sus limitaciones como si lo estuvieras. Entonces imagínense una reunión de trabajo entre enmascarados. Es algo esperpéntico, detrás de las mascaras toda percepción se hace extraña. Dificulta el entendimiento de la voz y, para más inri, de pronto las gafas se empañaban por el vapor del aliento y la respiración. Me inquietaba no percibir la expresión de los dos interlocutores más allá del movimiento de los ojos. “¿Que es esto?” -me decía- tratando de conservar la calma. Es el surrealismo hecho realidad, pura y duramente. El estado de excepción, se ha convertido en normalidad. (Ojo con ello, porque el poder se frota las manos). Pero avanzada la reunión y encarrilados ya los objetivos, hay que tomar algo y queda roto el enmascaramiento y fue un momento de alivio. Quedaba la distancia de seguridad, pero, descubiertos los rostros, fue una liberación grabada en el semblante que relajó todo. Pero poco duró ese impasse hasta que el enmascaramiento volvió a cernirse sobre nosotros. Bienvenidos a la “nueva normalidad”.

Todo ello me hizo pensar que en Miami parece no escampar para el circuito galerístico y la comunidad de artistas. Sin contar los huracanes, que siempre cobran lo suyo, hace apenas tres años la especulación inmobiliaria había desguazado el “bohemio” barrio de Wynwood. Lo que había sido el Art District de la ciudad por más de 15 años con alquileres asequibles, se esfumó como de la noche a la mañana. Y en este “largo y tortuoso camino” de sobrevivir estaban aún embarcadas muchas galerías, cuando las ha sorprendido el virulento vendaval del Covid-19, por ejemplo, Kabe Alejandra Von Hartz o Dina Mitran. Y con él ya han cerrado, o están en proceso, otras tantas galerías y espacios artísticos importantes de Miami como, entre otros, Art Nouveau Gallery, ArtScape Lab, y Ca’ D’ Oro. Esto no quiere que decir que dejen de existir, sino que cierran su espacio físico para potenciar el trabajo en el espacio virtual. Tal vez, con la esperanza que bajen los alquileres de espacios comerciales y ello se traduzca en una nueva oportunidad. El tiempo lo dirá.

Mientras tanto, las galerías que parecen estar sobreviviendo en Miami a este segundo tsunami, comienzan a reabrir sus espacios físicos con aquellas limitaciones que impone las circunstancias pandémicas, que son muchas. También algunos museos y centros de artes van despertando de su larga hibernación y el tejido artístico cultural, lentamente, va saliendo de la desolación. Pero no nos engañemos el tejido artístico, igual que el social y económico, continua en estado semi comatoso y todo parece indicar que así estarán, al menos, por el resto del año. Porque a principios de esta pandemia todos estábamos muy relajados, viendo esa realidad en China y Europa, fundamentalmente, como si fuera una noticia de telediario más. Pero cuando saltó el charco y comenzó a cebarse en Las Américas, con particular virulencia aquí y en varias grandes urbes como, por ejemplo Nueva York o Los Ángeles, saltaron todas las alarmas, pero ya era tarde. De pronto, el peso de todo ese desastre sanitario monumental, por si fuera poco, envuelto de mortandad galopante, nos cayó encima. De pronto las imágenes, dejaron de ser virtuales, y comenzaron a ser reales con el virus depredando miles de cuerpos a este lado del Atlántico, completando así una imagen apocalíptica global digna de un walking dead.

Pero de todo se aprende y, como suele suceder en estos fenómenos, además de los efectos negativos, también se manifiestan brotes verdes en el mundo del arte. Por ejemplo, “Al permanecer más en casa”, comenta Georgina Chumaceiro, directora de ArtScape Lab, “la gente quiere cambiar el ambiente, hacerlo más atractivo con obras de arte, y esto es algo que comienza a notarse”. Es una observación potenciada por el hecho del éxodo, a raíz de la pandemia, de un buen número de la clase media, desde las grandes megalópolis, hacia sus segundas residencias en Miami. Segundas, camino de convertirse en primera, pensando en la vida que tendremos que llevar bajo la “Nueva normalidad”. Para Sergio Cernuda, director de LnS Gallery, Miami, esa “Nueva normalidad”, recupera el estudio del artista como sede de un dinamismo más rico y estrecho entre la galería y el habitar del artista. El lugar de producción cobra un nuevo protagonismo en el dispositivo del mercado del arte. Y dentro de este mercado, para Cristina Gómez, directora de DsProjects, Miami, “el segmento del arte emergente se verá más afectado, porque las compras buscarán más a grandes firmas, irán a la marca antes que al arte. Buscando confianza y la seguridad de valores estables en la inversión”.

Mientras las webs dedicadas a la venta online de arte han acelerado sus movimientos, las ferias pegarán un frenazo en seco y sufrirán el descalabro de una manera mucho más acusada. Pero su pulso online, bien gestionado, puede darles bocanadas para campear el temporal. Esbozando nuevas relaciones entre las galerías, (sus storages), las ferias y los estudios de los artistas, inéditas hasta ahora. Antonio Ascaso, director de Ascaso Gallery, Miami, participó en Frieze New York en su primera edición online (Frieze Viewing Room, mayo, 2020) con buenos resultados. Pero augura: “el escenario futuro de las ferias de arte será complicado”. En cambio, las experiencias artísticas en el espacio público al aire libre se verán potenciadas y, el valor de lo público, recuperará el protagonismo democrático ciudadano que el neoliberalismo feroz le ha venido arrebatando.

La migración masiva al espacio virtual ya es un hecho, pero es necesario adecuar el lenguaje a esta nueva realidad. No se trata de volcar al mundo virtual lo que antes sucedía en el espacio físico, haciendo de ello una especie de documento que normalmente resulta muy aburrido. No. De lo que se trata -esto es válido para galerías como también para los museos- es de reimaginar una traducción de ese mundo físico al formato virtual, pero desde las propias dinámicas expresivas del lenguaje digital.

En el mundo del arte no hay peor noticia que el precio del arte este a la baja. Y esta la ha dado David Zwirner, entre las tres más importantes galerías de arte contemporáneo del mundo con sede en Nueva York, Londres, París y Hong Kong. Recientemente ha dicho que el precio del arte bajará hasta que se descubra la vacuna. Bueno, es lógico, pero no tiene porque ser así, está por ver. Lo que sí pondría a la baja, seguro y rápidamente, los precios del arte sería un conflicto bélico, como sucedió cuando los misiles estadounidenses cayeron sobre Bagdad dando comienzo a la Guerra del Golfo (1991). Estamos sentados sobre una hoya de presión económica, al rojo vivo bajo el fuego de la presión social. Se están dando todos los atributos para que haya una explosión. Ante estos escenarios de máxima tensión, ojalá y prime la cordura.

Dennys Matos es crítico de arte y curador que reside y trabaja entre Miami y Madrid.

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de junio de 2020, 11:07 a. m..

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