Artes y Letras

Pablo Sanpedro, el primer detective del exilio cubano

Aunque existen otros antecedentes, siempre se ha considerado que el género policíaco, tal como le conocemos, nació en el siglo XIX cuando Edgar Allan Poe creó, para su famoso relato Los crímenes de la Calle Morgue, al detective Auguste Dupin.

A ese primer detective literario le siguieron otros cuando en 1887 Arthur Conan Doyle, en su novela Estudio en escarlata, trajo al mundo a Sherlock Holmes; y cuando, 20 años después, Agatha Christie, en El misterioso caso de Styles, dio a luz a su reverenciado Hércules Poirot.

Pero si estos tres icónicos detectives literarios fueron los primeros en París y Londres, en Miami lo es Pablo Sanpedro, una mezcla híbrida de Sam Spade y Phillip Marlowe que persigue criminales -a veces en un Dinner Jacket blanco; otras en un ligero saco deportivo a lo Miami Vice- desde La Pequeña Habana hasta Kendall.

Su creador, el escritor cubano Oscar F. Ortiz, lo acaba de presentar a través de su nuevo libro, Sanpedro, investigador (Wolfgang Books, 2020), un volumen de cuentos escritos utilizando todos los elementos típicos del género: narración en primera persona, lenguaje coloquial (en su caso algún spanglish), escenarios urbanos (Hialeah, Westchester y el Downtown), investigaciones con pistas a seguir, argot policial y la captura del criminal.

Los cinco cuentos que lo componen, por su homogeneidad estilística y temática, podrían leerse como si fuesen una novela.

En el primero de ellos, titulado Furia nocturna, el detective Sanpedro investiga una violenta agresión a un guardia de seguridad en un complejo de apartamentos del East de Hialeah: “La noche en que el security René López fue violentamente agredido mientras vigilaba el estacionamiento del edificio Golden Gate -que se alza frente al hipódromo- era una noche como otra cualquiera”.

Sanpedro, investigador es un libro sustentado por su personaje central, Pablo Sanpedro, para quien Ortiz ha construido, con recursos que van desde lo dramático hasta lo tremendamente lúdico, un pequeño universo que no admite fisuras.

Como en Los mil y un canarios, un cuento en el que Ortiz aprovecha la popularidad de la cría de canarios -un pasatiempo convertido en lucrativo negocio- para elaborar una trama en la que Sampedro, al margen de las autoridades, investiga el caso utilizando sus inusuales métodos: ”Cuando arribé a la tienda de Silvano Horta ya estaba allí la policía. Mi primera reacción fue seguir de largo para evitar el contacto, a causa de mi licencia expirada, con los muchachos del Hialeah Police Department”.

Pero Sanpedro no se va, permanece en la escena y su participación en el caso hace que la trama avance, siempre en un tono muy pop y repleto de guiños cinematográficos, hacia un final que aunque previsible no deja de sorprender.

En el cuento, La muerte de un brigadista, quizás uno de los más logrados por su contenido político, la historia se centra en los esfuerzos de Sanpedro, contratado por los ex combatientes de “La Brigada” para encontrar al asesino de Elpidio Calderón, “un hombre honesto que había dedicado su vida a la lucha por una Cuba libre”.

Pero antes de que encuentre al asesino, el detective Sanpedro conocerá a los antiguos camaradas de Elpidio del grupo clandestino Halcón 12 y explorará el mundo en el que se mueven los espías castristas que operan en Miami.

Sanpedro, investigador, es un libro muy bien escrito -siempre dentro de los márgenes de la novela negra- que atrapa al lector en la primera página y no lo suelta hasta la última. Es también el libro que anuncia la llegada de un nuevo antihéroe: Pablo Sanpedro, el primer detective del Exilio Cubano.

Oscar F. Ortiz (Matanzas, Cuba, 1959) llegó exiliado a Miami a los once años de edad. Es autor de la serie de espionaje Archivo Delta y resultó ganador del Único Accésit en el concurso Premio Internacional de Cuentos Enrique Labrador Ruiz 2006, con su cuento La culpa fue de Hammett. También fue finalista en el concurso Taller de Escritores de Telemundo 2006. Ha trabajado como guionista independiente para los estudios de Cubana de Televisión, en Miami, y para Telemundo Puerto Rico.

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