Artes y Letras

“El enano”, tierno juguete de una infanta cruel

Alexander Zemlinsky (1871–1942) fue un compositor admirado por Brahms, idolatrado por su también cuñado Arnold Schönberg (“mi único maestro”) e injustamente olvidado. Con El enano, ópera que lo “pinta” en todo sentido, en 2019 Zemlinsky “regresó” triunfalmente a Berlín desde donde partió en 1933 proscrito por los nazis hacia el exilio en Viena y luego a uno definitivo en América en 1938.

Es espejo de su obra y de sí mismo; según Alma Schindler, su ambiciosa discípula que lo rechazó como amante para casarse con Gustav Mahler, era “de una fealdad repulsiva”. Adaptación libre del cuento El cumpleaños de la infanta de Oscar Wilde, traza descarnado paralelismo con su vida, quizás surgido del rechazo de la veleidosa alumna preocupada en coleccionar hombres célebres.

Aunque Zemlinsky conoció el éxito con La sirenita, la Sinfonía lírica y El círculo de tiza, en el Nuevo Mundo no prosperó su segunda carrera minada por la depresión y mala salud que lo acabaron en 1942. Había portado el estigma de la “música degenerada”, siendo silenciado por el régimen nazi que no soportaba ni su éxito ni sus alusiones, metáforas y sarcasmo. Estrenada en Colonia (1922) por Otto Klemperer, El enano pronto llegó a Viena, Praga y Berlín confirmando el prestigio bien ganado por Una tragedia florentina en 1917, ópera corta que suele representarse con ésta. Su revalorización comenzó a fines del siglo XX con directores que desvelaron la ‘Entartete Musik’ (“música degenerada”) grabándola y escenificándola. En las antípodas del trabajo de sus alumnos vanguardistas, su música mantuvo el sello exuberante del postromanticismo de 1900.

El rechazo como respuesta a la deformación física ocupa un capítulo importante en ópera, desde el bufón Rigoletto al nibelungo Alberico burlado por las ondinas del Rhin y este enano que parecería servirle como exorcismo de su fealdad. En su apropiación del cuento de Wilde, Zemlinsky plasma el horror al diferente y la crueldad ejercida por los hombres sugiriendo a Alma como la infanta la misma que juega con el enano haciéndole creer su interés amoroso. Si Tchaicovsky se reflejó en su Onegin, Zemlinsky lo hace en El enano, ópera en un solo acto como Salomé y Elektra de Strauss y otras de la época; mas urgentes, mas cercanas al cine que a la desmesura wagneriana. El director Tobias Kratzer acude entonces al cine mimando el Acompañamiento para una película Op. 34 de Schoenberg que usa como preludio, mostrando en escena a Alma y Alexander, ideal antesala a la pequeña gran tragedia que seguirá.

En la puesta de Kratzer, el cumpleaños transcurre hoy día, con invitados con celulares y minifaldas en un aséptico salón de fiestas. Así el músico enano aparece en la celebración como gran regalo de cumpleaños de Donna Clara; él nunca se ha visto y no capta las burlas, las toma como muestras de simpatía. Como no podía ser de otro modo, se enamora de la infanta que lo obliga a verse en un espejo. Al tomar conciencia de su aspecto, la criatura acude a ella que desalmada le confirma su fealdad. Muere con el corazón destrozado sabiendo que nunca será amado.

Este cuentito triste de Wilde crece como tragedia gracias a la opulenta música de Zemlinsky magníficamente plasmada por Donald Runnicles y su orquesta de la Deutsche Oper Berlin. El ilustre director escocés se mueve como pez en el agua en el lenguaje del compositor, tensando las texturas o relajándolas con un barniz exquisito. Lo acompaña un elenco perfecto para cada personaje, sobresaliente la inimputable Donna Clara por Elena Tsallagova (una Salomé en ciernes) con una excelente Emily McGee como Ghita, la única compasiva de esa corte enloquecida, así como Philipp Jekal como Don Estoban. Se llevan las palmas, el actor que encarna al enano, Mick Morris Mehnert y el soberbio tenor que lo interpreta, David Butt Phillip, a cargo de una feroz tesitura que recuerda los implacables Baco y Emperador straussianos.

El momento cumbre de la ópera, cuando ambos se enfrentan como espejo, es un golpe de teatro estremecedor. Si la revelación destruye al enano, la música es una revelación que pinta el incomparablemente rico universo interior de su compositor. (ZEMLINSKY, DER ZWERG, RUNNICLES, NAXOS DVD 2110657)

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA