Juan Cueto y sus ‘Divertimentos’, musicalidad literaria
En música, el divertimento se define como una pieza de movimientos cortos y simples que se desplaza, desenfadada y alegre, a través del pentagrama.
En literatura, el divertimento es definido de una manera similar: una obra de carácter ligero cuyo fin es divertir.
Un poco de estas dos definiciones, armoniosamente entrelazadas, se hallan presentes en Tres divertimentos (Editorial Silueta, 2020), el nuevo libro del escritor Juan Cueto-Roig, que acaba de salir a la venta.
Y es que algunos de sus breves textos, tal como en la definición musical, se deslizan desenvueltos y gozosos sobre sus páginas. Otros, como en la literaria, pueden catalogarse de ligeros y concebidos para entretener.
Sin embargo, los divertimentos de Juan Cueto no son, en realidad, ni tan sencillos ni tan de pasatiempo. Sus poéticos y satíricos textos, a caballo entre el soneto y el microrrelato, hacen pensar. Y también, por el fino humor que los envuelve, sonreír.
El libro está estructurado en tres secciones cuyos títulos, En el huerto, Breviario y Bestiario, permiten adivinar lo que está por venir. En la primera de ellas, por ejemplo, las frutas y hortalizas son descritas poéticamente.
Así, sobre la piña escribe: “Tiene cresta de alimaña/ y verdes uñas de espina/ y en su burda piel de saurio/ su dulzor no se adivina”. Y, sobre la papa, nos dice: “Me endilgaron un nombre pontificio/ sin legarme la pompa ni el boato/ me vistieron de yute del barato/ y ciñeron el polvo por cilicio/ A pesar de mi humilde natalicio/ me volví universal por mi talento/ Y entro en choza en palacio y en convento/ a brindar por igual mi beneficio/ Soy en suma, si no cardenalicio/ ecuménico y próvido alimento”.
La segunda sección, Breviario, es más extensa y ambiciosa. En ella hay meditaciones, aforismos, viñetas, epigramas y un microrrelato, titulado Reciclaje dialéctico, que transcurre en Cuba y que vale la pena transcribir casi en su totalidad: “Dos médicos cubanos, preocupados por el perenne déficit de un producto alimentario básico, han inventado un sistema de reciclaje, para uso culinario, de la grasa humana extraída en liposucciones y otras cirugías. El Ministerio de Salud Pública ordenó la adopción inmediata de los métodos empleados por los dos médicos, y dispuso establecer centros de recolección y procesamiento en cada capital de provincia. El nuevo proyecto, que comenzará a funcionar de inmediato, será administrado por la recién creada “Empresa Consolidada para el Aprovechamiento de Desechos Fisiológicos y sus Derivados. Los dos médicos fueron declarados héroes del trabajo socialista”.
También en esa misma sección hay un cuento corto titulado El pintor y el crítico, una especie de sátira humorística en la que Cueto, aunque sin la intención de ridiculizar, se hace eco del estilo ampuloso de algunos críticos de arte del patio: “La insólita otredad de la obra de este artista plástico abarca, más allá del instante, la servidumbre de la memoria, la cual se afinca y regodea, no en el ámbito inapreciable de la irrealidad de una realidad, sino en la vorágine causal del entrevisto de su presente onírico, volcado sobre las vivencias existenciales de la inmediatez”.
En la tercera sección, titulada Bestiario, los sujetos poéticos son los animales. De la araña, escribe: “Vive sola, sin marido/ silenciosa y siempre en vilo, sin gastos de estambre o hilo/ laborando en su tejido”.
Y sobre el faisán: “Por pregonar lo que vales/ en riesgo mortal te metes/ bocado de cardenales/ y de suntuosos banquetes”.
Tres divertimentos es un libro que, como todos los de Juan Cueto, se lee no solo con una anticipada y gozosa complacencia sino con la certeza de que en sus páginas encontraremos textos repletos de sabiduría y escritos con esa proverbial musicalidad literaria a la que nos tiene acostumbrados.