Artes y Letras

William Barbosa: pureza de una geometría sensible

Conocí a William Barbosa en Miami, en 2016, el mismo año que fijaba residencia en la ciudad. Los extremos del chavismo habían hecho aborrecible la situación en Venezuela, por lo que cerró su estudio, y su vida, en Caracas y vino a abrirse camino aquí. Cuán diferente era la Caracas de ahora de aquella a la que llegó en 1975 con solo 20 años. “Una ciudad con una actividad socio cultural fabulosa”, comenta Barbosa. “Veías muchas familias enteras pasar por exposiciones, fiestas, conciertos, en los teatros, en las ferias, quedé muy impresionado también con su arquitectura”.

Hasta convertirse en uno de los grandes escultores abstractos geométricos de su generación, William Barbosa (Ocaña, Colombia, 1955), tuvo que transitar un largo camino, rodeado de situaciones que no siempre le fueron favorables al desarrollo de su sensibilidad artística. En muchos casos más bien fueron contrarias a ella, pero siempre voluntariosamente supo ponerlas a su favor.

A lo largo de la década de 1990 y de los años 2000, Barbosa sorprendió al circuito internacional de la escultura contemporánea con una intensa proyección. A través de más de una decena de muestras individuales, su obra pudo verse en galerías y museos de América Latina, Estados Unidos, Europa y Asia. En esos años conoce en París al maestro de la abstracción latinoamericana Carmelo Arden Quin (Uruguay, 1913-Francia, 2010). Uno de los fundadores, en 1946, del movimiento MADI. Grupo que cuestionaba la representación como tradición del arte figurativo, revindicando el movimiento y lo irregular del formato artístico como elemento constitutivo de la expresión. Con el tiempo Barbosa formará parte de la actividad del movimiento MADI Internacional, desarrollando una obra escultórica en clave de lenguaje abstracto-geométrico de vistosos y elegantes volúmenes, de planos que, en su colorida plasticidad, hacen ondular sus geometrías sobre los ejes que les contorsionan. Creando un estilo distintivo dentro del lenguaje de la abstracción latinoamericana. Algo que puede apreciarse en importantes exposiciones personales como, entre otras: William Barbosa. Esculturas, Galería Durban Segnini (Caracas, Venezuela, 2006); Puertas, Museo de la Estampa y del Diseño Carlos Cruz-Diez (Caracas, Venezuela, 2002); Geometrismo escultórico, Galería Saint-Charles de Rose (París, Francia, 1997) y William Barbosa. Geometría de luz, Youngeun Museum of Contemporary Art, (South Korea, 2014).

Volviendo al principio, Barbosa a su llegada a Caracas tuvo que buscarse la vida trabajando para empresas metalúrgicas. En el trabajo con la metalurgia aprendió las técnicas de cortado, doblado, soldadura y pintura de diferentes metales. Porque a pesar de ser un escultor nato, como entonces le reconocieron sus amigos, ha sido también un escultor autodidacta. A diferencia de otros artistas colombianos más o menos contemporáneo con él, como el escultor Germán Botero (1946) o el pintor Carlos Salas (1957), Barbosa no gozó de educación superior especializada. Visto así su biografía, guarda más relación con la de Manolo Vellojín (Colombia, 1943-2013). Artista también autodidacta que despliega, sin embargo, un rigor del oficio, cuya obra está considerada una de las más solidas dentro del arte abstracto-geométrico de Latinoamérica.

De este aprendizaje autodidacta, que fue fraguándose en el ámbito de la empresa metalúrgica, habla una curiosa producción del artista donde destacan frontones y puertas, escaleras y bases de columnas, paredes y módulos articulados. Entre todas, forman una constelación escultórica con distinción propia, que muestra una vertiente del trabajo escultórico de Barbosa más desconocida, pero no por ello menos importante dentro de su producción. Y es aquella vertiente que lo vincula a la ideología estética del arte aplicado, en su dimensión más sociocultural. Arte aplicado, revindicado por la vanguardia del Constructivismo Ruso a principios de la década de 1920. Son trabajos que, a la dinámica estética del arte aplicado, suman también la impronta del site-specific. Aquí, además del sentido de escultura funcional en clave abstracto-geométrica, se toma en cuenta también, tanto el espacio, como el ambiente lumínico donde van a ser encajadas, tanto en el espacio público como en el privado.

En sus esculturas de mediano y gran formato monumentales, es notable el impecable dominio del material, hierro, acero inoxidable y aluminio. Notable es también la voluntad por depurar el lenguaje y, controlar el simbolismo formal, orientado a la economía y contención de la expresión abstracto geométrica. Cierto es que la abstracción geométrica apela más a los conceptos y las abstracciones, antes que a los sentidos a la hora de hablar sobre la realidad. Pero del mismo modo también lo es que, en una escultura como la de Barbosa donde interviene grandes planos de colores intensos, el componente retiniano libera una sensualidad, un mundo de percepciones encerrado en los volúmenes, en la espacialidad fría y distante del abstraccionismo a secas. En Barbosa, en cambio, la espacialidad, los volúmenes y planos, se abren y expanden a través de la luz y el color interactuando con el ecosistema del paisaje. Es una escultura que se yergue, que explota la vertebralidad simbólica de la columna geometrizada, proyectando en el espectador una energía que comunica calidez y optimismo.

Dennys Matos es crítico de arte y curador independiente que reside y trabaja entre Miami y Madrid.

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