“Historia de una Galería de Arte. Durbán Segnini”, visión de una galería y de su galerista
En 1970, Venezuela vivía un acelerado proceso de modernización que rodaba sobre los altos precios del petróleo y las exportaciones. Son los años de la primera legislatura de Rafael Caldera (Venezuela, 1916-2009) que, entre 1969 y 1974 practica, con su llamado “nacionalismo democrático”, un proceso de consolidación de la democracia, ensanchando las vías del desarrollo venezolano. Estado democrático desmantelando salvajemente por la deriva totalitaria del chavismo.
Cuando la galería Durbán Segnini nace en Caracas en 1970, nace en medio de ese optimismo con una vocación clara: Su proyecto no era el de una galería de arte contemporáneo al uso, su proyecto tenía que ser un proyecto de país cultural. De ahí que la galería Durbán naciera con un perfil, con una voluntad amplia de sus funciones, donde se relacionaban la exhibición de arte con una intensa agenda de actividad sociocultural. Por lo que en sus espacios no solo se inauguraban exposiciones, sino también lecturas de poesía, tertulias literarias, conciertos, presentaciones y ediciones de libros. Actividades convertidas en programa que la galería coordinaba y desarrollaba con los Ateneos del interior del país como, por ejemplo, el de Valencia y el de Trujillo. Un programa que posteriormente se articuló también con las sedes de Durbán Segnini fundadas en Maracaibo y Barquisimeto entre 1972 y 1973. Ambas sedes abrieron sus puertas con exposiciones de Julio Le Parc y Hugo Baptista en un esfuerzo por dar a conocer las tendencias renovadoras del arte latinoamericano fuera del epicentro capitalino. Con esta proyección de país cultural, no es casual entonces que en las actividades organizadas por Durbán como, entre otras, presentaciones de libros, aparezcan fotografiados nada más y nada menos que dos presidentes de la República de Venezuela: Luis Herrera Campins, llamado “Presidente Cultural” y Jaime Lusinchi.
En este y otros sentidos el libro “Cesar Segnini. La historia de una galería”, es la publicación más completa y mejor informada publicada hasta ahora sobre una de las grandes galerías de arte latinoamericano de los últimos 50 años. Este volumen bilingüe (español-inglés) (de 247 páginas), escrito por la reconocida historiadora del arte e investigadora Bélgica Rodríguez abarca desde los inicios de la galería a principio de la década de 1970, hasta la actualidad. Cinco décadas de trayectoria, donde la autora va describiendo e ilustrando (es muy atractivo el material de imágenes, buena parte inédito) las distintas etapas. Los distintos retos artísticos y empresariales resueltos por la galería, así como los diferentes periplos espacios temporales que ha recorrido: De Venezuela (Caracas) a Europa (Madrid), vuelta a Caracas, y de ahí a Estados Unidos (Miami).
Esta historia de Durbán Segnini no dejaría de ser, en cierto sentido, la historia de otras grandes galerías contemporánea con ella sino fuera, de un lado, por la vocación, por el compromiso humanista con la sociedad, con el arte y la cultura de su tiempo que le imprimiera Segnini desde sus inicios. Del otro, descubrir la cercana relación que establece con los artistas, cultivando permanentemente la amistad. Algo perceptible en el primer apartado, “Una galería, el arte y los artistas”, en el tercero, “Un rumbo, varios caminos”, “Otras tendencias en la Durbán”. “No he trabajado nunca -comenta Segnini- con artistas que no haya conocido personalmente, que no haya visto su estudio y desarrollado una amistad”.
En esta amplia y entretenida narración, con cuidado diseño editorial de imagen de Zilah Rojas, se aborda, además, los artistas y tendencias que han hecho el cuerpo de la galería. El método de trabajo y la manera de organizar, montar y documentar las exposiciones. Impresiona el arsenal de catálogos y publicaciones con motivo de más de un centenar de exposiciones realizadas hasta la fecha. Para quien conozca que esta fue, más o menos, la manera de trabajar de las más importantes galerías en la segunda mitad del siglo XX, coincidirá que esas maneras, esos afectos y ese orden envueltos de profesionalidad y rigor, está tocando a su fin. Porque en el actual mundo del arte, -y también de la sociedad y la cultura- las cosas han cambiando acelerada y contradictoriamente, para bien y para mal. Lo que fue “el espíritu de nuestro tiempo”, referido al caso del que hablamos, esa cercanía y esa especie “pacto de sangre” entre artista y galería, mediado por un profesionalismo acendrado, esta condenado a desaparecer en las actuales circunstancias de la mercadotecnia y la era digital.
Bélgica Rodríguez, ha sabido trenzar esas diversas aristas por lo que el lector tendrá una visión privilegiada tanto del perfil de la galería como del galerista, tanto del proyecto artístico empresarial, como del trabajo con los artistas y sus obras. Y aquí se relaciona ese trabajo con grandes nombres de la vanguardia latinoamericana de la ultima mitad del siglo XX y los primeros años del XXI, como son los casos de, por ejemplo, Fernando de Zsyzslo, César Paternosto, Mateo Manauren, Carmelo Arden Quin, Eduardo Ramírez Villamizar, Julio Le Parc, Agustín Cárdenas, Manuel Felguérez Jesús Soto, Manolo Vellojin, entre muchos más.
Ampliando sus horizontes, en 1975, año en que muere el dictador Francisco Franco, Durbán Segnini abre sus puertas en Madrid con Ángel Rodríguez Valdez, escritor y periodista venezolano al frente de las actividades hasta su clausura en 1983. Es un período en que está retornando a España el exilio artístico intelectual, y la galería acoge a destacados miembros del arte abstracto informalista español como Antoní Tápies o Modest Cuixart. También acoge a miembros del grupo El paso, como Antonio Saura entre otros. Pero la aventura artística intelectual, cultural y empresarial, no acaba aquí.
El último apartado del libro, “Durban Segnini Gallery Perspectivas”, esboza cómo César Segnini cocina la apertura de Durbán en Estados Unidos, Miami. Es un apartado muy curioso porque aporta detalles sobre cómo en 1989, año en que Segnini fija residencia en Miami, participa activamente en el equipo de David y Anne Lester que en ese mismo año darán a luz Art Miami. Y en 1992, el mismo año que Hugo Chávez protagoniza una intentona de golpe de estado contra el presidente electo Carlos Andrés Pérez, la galería Durbán Segnini se establece en Miami y comienza una nueva etapa estadounidense. Es la primera galería con perfil de abstracción latinoamericana que abre en el Estado de la Florida, desbrozando el camino para otras galerías que llegaron después. Pero es también pionera, desde el alta voz que supuso Art Miami, en proyectar programática e intensamente una puesta en valor de la abstracción latinoamericana en la constelación de coleccionismo de arte estadounidense de los últimos treinta años.
Durban Segnini Gallery, Miami, 3072 SW 38 Ave., www.durbansegnini.com
Dennys Matos es crítico de arte y curador que reside entre Miami y Madrid.