‘Esperando en la calle Zapote’, una magnífica y conmovedora novela
Se ha dicho muchas veces que la realidad supera la ficción. Es una frase tan manida que ha comenzado a caer en desuso. Sin embargo, hay libros que justifican su empleo. Este es el caso de ‘Esperando en la calle Zapote’, de la escritora cubano americana Betty Viamontes, quien se sintió obligada a escribir en su contraportada, a modo de advertencia, estas palabras: “Este libro está basado en una historia de la vida real”.
Aunque quizás, para preparar aún más al lector, pudo haber agregado: “Es la historia de mi propia familia; la misma que mi madre, justo antes de morir, me pidió que contara”.
Escrita utilizando dos voces narrativas -la de Laura, la madre; y la de Río, el padre- que se van alternando en cada capítulo, esta estupenda novela arranca con la salida de Cuba de Laura con sus tres hijos después de haber estado esperando durante doce largos años para reunirse con su esposo en Estados Unidos: “Podía oler la sal del mar y escuchar las olas rompiendo contra el acero en aquella noche sin luna del mes de abril. Era 1980, el año en que todo cambió”.
Sí, fue el año en que todo cambió. No solo para Laura y su familia, sino para cientos de miles de cubanos. Había comenzado lo que llegaría a conocerse como “el éxodo del Mariel”, uno de los episodios más vergonzosos ocurridos en la isla.
En los siguientes capítulos la historia retrocede en el tiempo y unas veces en la voz de Río y otras en la de Laura, Viamontes va reconstruyendo las vidas de todos ellos, primero, a partir de la niñez y adolescencia de sus padres -para otorgarle al relato un atisbo de cómo era Cuba antes de la llegada de la revolución- y después cuando se conocieron en 1961, justo cuando el país se adentraba en la negra noche del totalitarismo.
‘Esperando en la calle Zapote’ es una novela estructurada casi cinematográficamente. Sus escenas se suceden con precisión de tiempo y espacio, como si fuesen las de un guión. Por eso la trama, aunque detallada y meticulosa, avanza de una manera lineal: la boda de Laura y Río, el nacimiento de los hijos, la formación de una familia y su separación: “El día de la partida de Río, todos en la casa estaban tristes, como si alguien hubiera muerto. Me consolé con la idea de que mis hijos pronto verían a su padre nuevamente”.
Pero no fue así. Lo que sigue es el conmovedor relato de una madre sola y con tres hijos, atrapada en el laberinto de incivilidad y degradación en que se había convertido Cuba, mientras trataba de no ser vencida por la frustración y la desesperanza.
Los títulos de cada capítulo pueden dar una idea del via crucis que debió recorrer: ‘Raciones’ (“En las tiendas de alimentos alteraban las pesas para quedarse con una fracción de cada onza”); ‘Manifestantes’ (“Cuando se dieron cuenta de que mis hijos y yo estábamos saliendo del edificio de Inmigración comenzaron a gritarnos obscenidades y a tirarnos palos y piedras y a gritarnos: ¡Gusanos, traidores!”).
Muchos son tan detallados que algunas observaciones pueden resultar obvias. Sin embargo, las aparentes explicaciones no son gratuitas. En el contexto cubano todo necesita ser explicado para que pueda ser comprendido por personas (esta novela fue escrita originalmente en inglés) ajenas a la realidad de ese manicomio insular en que se ha convertido Cuba.
En el último capítulo, de una gran fuerza dramática, se narra la llegada de Laura y sus hijos a Cayo Hueso: “Más allá, en la distancia, una bandera estadounidense flotaba majestuosamente contra el cielo azul. Había carteles en español por todas partes: ‘Bienvenidos a Estados Unidos’. Los ojos de mi hija Tania brillaban cuando vio a hombres caer de rodillas y besar el suelo al desembarcar. Otros se abrazaban y gritaban: ‘!Por fin! !Por fin!’.
‘Esperando en la calle Zapote’ es la historia de una familia que, a pesar de haber enfrentado obstáculos inimaginables, logró permanecer unida. Una magnífica y conmovedora novela que nos recuerda algo que a veces olvidamos: el amor todo lo puede.