‘Disparos al aire y otros poemas’, el testimonio lírico de un superviviente
Sin importar el género, un libro póstumo es, por definición, aquel que es publicado después de la muerte de su autor. No importa si se trata de un manuscrito encontrado en un viejo cajón o una oportuna compilación de su obra hecha por un ambicioso editor.
La mayoría de las veces son de autores consagrados; las menos, de escritores que murieron sin ver su obra publicada. Las de algunos de estos últimos, como Stieg Larsson y su trilogía Millenium, fueron éxitos internacionales cuando al fin vieron la luz; las de otros, desafortunadamente, solo alcanzaron un tardío y limitado reconocimiento, como es el caso de Felipe Cabrera Castellanos, un excelente poeta cubano perteneciente a la llamada “generación perdida”, fallecido hace algunos años en La Habana y cuyo libro, Disparos al aire y otros poemas, acaba de ser publicado por Ediciones El Ateje.
Fue gracias al tesón de su viuda, Odalis López Galindo, quien logró reunir no solo los poemas que él había dejado preparados sino otros encontrados dispersos por la casa, que este magnífico poemario pudo al fin ser conocido en el exilio.
Disparos al aire y otros poemas es, como dice José Abreu en el prólogo del libro, “la crónica desgarrada de la vida de un hombre que vivió intensamente pero no pudo, aunque lo intentó, cumplir todos sus sueños”. Es también, podríamos añadir, el lírico testimonio -más que escrito, sufrido- de un superviviente. Y es que la mayoría de sus poemas están concebidos desde el dolor y la desesperanza de los que se quedaron atrapados -sin haberlo querido- en el manicomio cubano.
Una prueba de ello es el poema titulado De Robinson, el primero del libro y en el que Cabrera Castellanos -más como constatación que como lamento- nos dice: “Aquí estoy, en esta isla / sin un centavo en los bolsillos, / mal vestido, peludo, con barba. / De Robinson Crusoe yo soy pariente, / hoy es viernes, mi viernes, / un poético viernes, pleno de necesidad. / No caben dudas, / de Robinson Crusoe soy descendiente”.
O el titulado Inmortales, en el que a través de un lenguaje sencillo -que no simpleza- se refleja su triste, brutal y habanera cotidianeidad: “Araño un peso a la tierra para subsistir, / para cubrir los gastos del día a día, / para vivir una miseria digna / de cuerpos rotos, ojos cansados / y sueños que mueren y vuelven, / y vuelven… y vuelven”.
Pero no son solo las realidades materiales del autor las que marcan este libro; también lo hacen sus obsesiones. Una de ellas es la fugacidad de la vida, tal como aparece en el poema titulado, Resumen: “Más allá de mí: La tierra / el mar / los otros / el tiempo / el universo / las ciudades / los cementerios / el breve paso de la existencia / el largo camino de la ausencia. / Más allá de mí…la nada”.
Y la otra, quizás la más arraigada, la añoranza por los amigos que partieron al exilio, escrita en versos que quizás hubiese preferido no usar: “Hago email a mis amigos idos / a los que no veo hace millones de años / desde el jurásico, cuando el dinosaurio / hacía estragos y nos escondíamos de él. / Aquellos años felices y ocupados por amigos…/ aquellos amigos; un salto en el tiempo / y hoy conversamos sin rostros, sin cuerpos / espacios distantes / usando el email”.
Disparos al aire y otros poemas es un estupendo libro. No creo que haya una mejor manera de decirlo. Sus versos, desprovistos de artificios, le brindan una dolorosa verosimilitud al conjunto. Ni siquiera la ironía que a veces asoma en algunos de ellos, logra despojarlos de su lírica fortaleza y de su casi condición de testamento. Literario, pero testamento al fin.
Felipe Cabrera Castellanos es un poeta cubano al que muchos consideran parte de la llamada “generación perdida”. Nació en La Habana el 2 de junio de 1951 y murió en esa misma ciudad el 20 de diciembre de 2018. Su obra nunca fue publicada en la isla, de la que nunca pudo salir. Dejó inéditos cuentos, varias obras de teatro y una novela.
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de abril de 2021, 8:55 p. m..