‘País sin moscas’ poemario de Félix Anesio
“Mi poesía es un canto desangrado que brota de un corazón tardío y solitario”. Así comienza uno de los poemas de País sin moscas (Editorial Primigenios, 2020), el más reciente libro de Félix Anesio.
Ese verso, tan contundente y melancólico, tiene mucha garra. Tanta, que el autor podría usarlo como su divisa para enfrentar la vida; o como su poético epitafio para despedirla. Podría ser, también, un lírico resumen para su ya importante corpus literario.
En efecto, con varios libros publicados -tanto de prosa como de poesía- Anesio se ha convertido en una presencia constante en los círculos culturales de la ciudad y ha llegado a ocupar, por derecho propio, un lugar en la literatura cubana del destierro.
País sin moscas es un libro marcado, al igual que sus anteriores poemarios, por vivencias que parecen provenir de los fantasmales rincones de su memoria; sobre todo los de la infancia. Como cuando en el poema titulado Castillos en el alma, nos dice: “¿Te acuerdas, hermano, del tiempo en que aún/ no frisabas el borde la mesa de familia/ siempre colmada de golosinas, para celebrar/ con cánticos, la vida, cada año?”.
O como cuando en Semblanza del patriarca retoma el recuerdo paterno -ya lo había hecho en El Ojo de la gaviota- para decir: “Habito en el gesto esquivo de mi padre/ en su rostro aguileño y su pupila gualda/ de gaviotas/ en todos sus miedos, cuitas y silencios”.
Pero no todos los poemas de País sin moscas se asientan en el ámbito fundacional de la infancia. Hay otros en los que el culturalismo -en la mejor acepción del término- aparece para enriquecer el texto mediante la utilización de referentes literarios.
Tal como puede verse en Sino, donde Anesio evoca el suicidio de Pavese: “Al filo de la medianoche/ sobre la baranda de un puente/ ves pasar todos los trenes del verano./ Han pasado ya todos los trenes de la noche/ y aún no te lanzas al vacío”.
O en A un poeta maldito, dedicado a Pessoa: “Porque vives oculto/ detrás del clavel en la solapa/ y mueres de toda la ternura/ enfermedad fatal de los poetas”.
En País sin moscas hay una gran variedad temática. Sin embargo, no son los temas los que determinan la poesía de Anesio. En todo caso son un punto de partida -o de llegada- que le permite transitar por ellos con un mirada diferente, como en El callejón de los vencidos, un largo y doloroso poema dedicado al polaco Bruno Schulz que quizás sea, en realidad, una elegía a su propia y vital experiencia como desterrado: “Ayer me vi inmerso en una espesa/ trama de cuerpos moribundos/ en un edificio sórdido y gris/ al pie del Callejón de los vencidos”.
El libro está dividido en varias secciones. En una de ellas, la titulada Versos profanos, Anesio se adentra en un laberinto de reflexiones bíblicas y en en uno de los poemas nos propone, en el arco intemporal de la pasión de Cristo, una nueva negación de Pedro, el príncipe de los Apóstoles: “Soy simplemente un pescador/ y mi nombre es Simón Pedro./ Lo amé en vida como solo/ un hombre puede ser amado/ en esta tierra./ Mas no puedo concebirlo como un espectro./ Y esta, hermanos míos,/ es mi cuarta y última negación”.
País sin mosca es un estupendo poemario en el que sus versos, equilibrados por el uso comedido del lenguaje, parecen transitar sin premura entre referencias familiares, guiños literarios y cuestionamientos existenciales. Un libro complejo en el que hay mucho más que logradas imágenes. Profundo en contenido -por sus angustias y desasosiegos- pero a la misma vez -por su rítmica y poética serenidad- amable y accesible en su lectura.
Félix Anesio (Guantánamo, Cuba, 1950), ha publicado los libros de relatos ‘Crónicas aldeanas’ y ‘A tale of two Villages’ y los poemarios ‘La cosecha’, ‘El ojo de la gaviota’ y ‘Los cuervos y la infamia’.