Artes y Letras

‘Voces femeninas del PEN’: poesías, cuentos y ensayos

Voces femeninas del PEN: poesías, cuentos y ensayos
Voces femeninas del PEN: poesías, cuentos y ensayos

El PEN Internacional es una asociación fundada en Londres en 1921 por la escritora británica Catherine Amy Dawson Scott. Fue una de las primeras entidades no gubernamentales en defender la libertad de expresión, ese sagrado derecho tan ligado a la literatura. Fue también la primera en denunciar el acoso, el encarcelamiento y en algunos casos la muerte, de escritores de todo el mundo. Por eso su nombre fue concebido en base a este acrónimo: “Poetas, ensayistas, novelistas”.

Para conmemorar su centenario y como una manera de homenajear a su fundadora, el PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio acaba de publicar Voces femeninas del PEN, un compendio del quehacer literario de veinte escritoras cubanas exiliadas.

El libro, con un prólogo de su presidente, Luis de la Paz, está estructurado en tres partes: Poesía, Narrativa y Ensayo.

En la primera de ellas, que refleja la vitalidad lírica de diez de sus poetas -Magali Alabau, Matilde Álvarez, Belkis Cuza Malé, Marilú Capín de Aguilar, Miriam López-Weiss, Eyda T. Machín, Ivonne Martin, Sara Martínez Castro, Julie Ann Pujol Karel y Rosa Leonor Whitmarsh- es posible encontrar un extenso abanico temático que va desde la nostalgia por la patria perdida hasta la meditación sobre el paso del tiempo, la vejez, el amor y la muerte.

Así, en el poema titulado Para Cuba: Azul, Marilú Capín de Aguilar escribe: “Azul, todo es azul, como ese cielo / que descuelga ropajes en ausencias, / aquel que cubre los mares de clemencias / cuando me alejan de mi amante suelo”.

Para Rosa Leonor Whitmarsh, la nostalgia por la tierra es una constante en su discurso poético cuando todavía, después de décadas de exilio, acaricia la idea del regreso: “Volveré en el brillar de la mañana / o en el ocaso increíble de oro, naranja y mar fundidos / frente al maleconcito del Vedado, / una vez que la Sombra se haya ido / y regrese de una vez a mi morada”.

O como cuando Miriam López-Weiss, con el tiempo casi convertido en amenaza, dice: “Se me ha ido la vida, se me ha ido, / como el viento que huye sin rozar, / como el mar que en su furia embravecido / no sabe que destruye en su pasar”.

También aparecen los poemas Momentos, de Magali Alabau; Confesiones, de Matilde Álvarez; Niñez, de Belkis Cuza Malé; Soy mucho más, de Eyda T. Machín; Catedral, de Ivonne Martín; Bajo la noche, de Sara Martínez Castro y Trago Amargo, de Julie Ann Pujol Karel.

La sección de Narrativa contiene algunos cuentos cortos y fragmentos de novelas de las escritoras Amelia del Castillo, Digna M. Díaz, Josefina Leyva, Ana Kika López y Janisset Rivero.

De la primera, quien a sus más de cien años aún continúa escribiendo, puede leerse su cuento, Aquí y allá. Le siguen Digna M. Díaz con su relato, Hoy me miré al espejo; Josefina Leyva con un fragmento de su novela, Rut, la que huyó de la Biblia. Así como Ana Kika López con su cuento corto, Tiroteo en Georgia, y Janisset Rivero con El iluminado.

Por último, en la sección de Ensayo, están los de Karla Barro, Idolidia Darias, Teresa Fernández Soneira, Esther Sánchez-Grey Alba y Liliana Soto-Fernández.

En el primero de ellos, titulado De la sambumbiería de Cuba, Karla Barro reflexiona sobre la manera en que a través de los olores podemos evocar instantes de nuestro pasado: “Yo recuerdo, especialmente, de mi infancia el olor de la madera y el barniz de la mueblería donde trabajaba mi padre”.

Idolidia Darias, por su parte, comparte un conmovedor testimonio sobre Zoila Águila Almeida (La niña del Escambray), “una mujer que marcó pautas en la historia de Cuba cuando apostó por la lucha armada, único camino para enfrentar la naciente dictadura comunista”.

El libro cierra con un ensayo de Teresa Fernández Soneira sobre el centenario de la muerte de la gran escritora cubana Aurelia Castillo de González; otro de Esther Sánchez-Grey titulado La página oculta del castrismo y El asiento no ocupado, de Liliana Soto-Fernández, una nostálgica reflexión sobre las reuniones familiares en la Cuba del pasado.

Voces femeninas del PEN es un libro valioso porque recoge en un solo volumen trabajos que, de otra manera, quedarían dispersos. Y porque es, también, una ventana abierta a la labor creativa de algunas de nuestras escritoras cubanas exiliadas.

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