‘De retorno al Pueblo Viejo’: una estupenda colección de nostálgicos cuentos
La obra del escritor cubano Tony Ruano, con más de trece libros publicados, es prolífica y diversa. Los géneros en los que ha incursionado en su ya larga carrera son poesía, novela y ensayo. Hasta ahora que acaba de publicar, De retorno al pueblo viejo, su primer libro de cuentos, un excelente conjunto de relatos costumbristas.
Todos están escritos en tercera persona y en un tono sencillo que no deja margen a la experimentación estilística y en los que sus tramas, por la homogeneidad propia del género, se balancean armónicamente entre la cotidianeidad de las anécdotas contadas y la humanidad de sus personajes.
Sí, de sus personajes, porque los treinta relatos que aparecen en el libro se sustentan en ellos. Sin Anacleto, el lechero (al que le aparecieron guajacones en la leche) y Patricio, el fotógrafo (que soñaba con tomar una instantánea perfecta), no habría libro. Son sus historias, que transitan con claridad expositiva entre una prosa llena de humor y diálogos ingeniosos, las que lo conforman.
Y es que cada cuento es un personaje. O viceversa. Como el titulado, Waldo, el mecánico, que comienza describiéndolo: “Si alguien conocía de automóviles ese era Waldo. Hasta se decía que cuando el primer auto llegó al pueblo y todos se dieron a la tarea de admirar sus líneas y tapizado, Waldo se lanzó debajo del mismo para ver cuál era el mecanismo que lo hacía funcionar”. Y termina certificando lo que fue su destino desde aquel día: “Se volvió costumbre verlo, herramientas en mano, con la ropa mugrienta y los brazos y el rostro cubiertos de grasa, afanado en poner a circular nuevamente los automóviles del pueblo”.
De retorno al pueblo viejo es un libro escrito a partir de las nostalgias de Tony Ruano, su autor; pero que también son las de muchos de nosotros. Y es que en todos los pueblos cubanos de provincia -y en los barrios de las capitales también- siempre hubo un loco feliz, un vagabundo inofensivo, un poeta enamorado y hasta un “apuntador” capaz de tragarse la lista cuando llegaba la policía, como en el cuento titulado, Ibrahim, el bolitero: “Ante la algarabía el sargento se acercó a los dos hombres, y al ver que era Ibrahim quien estaba envuelto en el conflicto preguntó:
-Dígame, agente, ¿cuál es el problema?
-Que le ocupé una lista con las apuntuaciones a este sinvergüenza, me la arrebató de las manos y se la tragó. Y le juro, sargento, que si no la vomita ahora mismo lo voy a meter en el calabozo hasta que la cague”.
Es ese humor criollo lo que hace que en sus tramas no haya conflictos existenciales ni oscuros secretos de familia. En realidad, en la mayoría de ellas lo que se advierte es una deliberada sencillez argumental; como si estuvieran concebidas siguiendo una de las más importantes reglas del famoso Decálogo de Quiroga: “Un cuento es una novela desprovista de ripios”.
Es por lo que en los relatos de Ruano no hay digresiones. Nada que sobre o falte. Simples historias cotidianas que nos llevan de la mano por un camino de nostalgias compartidas. O lo que es lo mismo: de retorno al pueblo viejo.
Tony Ruano (La Habana, Cuba, 1946) es narrador, poeta y pintor. Ha escrito los siguientes poemarios: El amor a pesar de los intentos, Regalo de aniversario y Once poemas a la Cándida Rosa. Ha publicado dos libros para niños: Fábula para gigantes y Vuelos. Y la novela, Crimen en Lombard Street 113, Es miembro del PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio. Reside en Miami.