‘Bloguero, fulminante y neoyorquino’, un Martí lejos de tergiversación castrista llega a Miami
Al visitar Nueva York por primera vez y después de sacudirse el asombro, muchos cubanos suelen terminar frente a la estatua de José Martí en el Parque Central, que lo muestra cayendo del caballo, en el último día de su vida en la manigua cubana.
Sin embargo, la pose de guerrero no refleja a ese Martí más importante para el entorno de la estatua, el que pasó los últimos 15 años de su vida viviendo en Nueva York, señala el escritor Néstor Díaz de Villegas en la introducción de Estados Unidos en la prosa de un inmigrante, José Martí, que se presenta el viernes 10 de septiembre en Miami.
Esta selección de textos de Martí, escritos durante su exilio neoyorquino, logra que todo aquel que contemple la estatua recuerde que no solo está ante un extranjero destacado que dejó su huella en Nueva York. El cubano más universal, la figura más importante de la historia y las letras de la isla, además de un inmigrante como tantos en la gran urbe, fue un cronista excepcional del Nueva York de finales del siglo 19.
Con textos cortos, rápidos, para atrapar al lector, José Martí (La Habana, 1853-Dos Ríos, Cuba, 1895) le explicó a los latinoamericanos ese mundo distinto y nuevo que era Norteamérica. Hablaba de la pelea de las suffragettes por el derecho al voto de la mujer, de los anarquistas, de la Constitución Americana, y del restaurante Delmonico, el más lujoso y caro de entonces, y en el que de seguro alguien como Martí no se podía pagar una cena.
Néstor Díaz de Villegas (Cienfuegos, Cuba, 1956), poeta y ensayista cubanoamericano, primero miamense y ahora radicado en Los Angeles, es el indicado para hacer la selección de textos de Estados Unidos en la prosa de un inmigrante, Jose Martí (Vintage Español). Escritor irreverente, Díaz de Villegas buscó los textos que se apartan del Martí más reverenciado y también más trillado.
¿Cuáles son los elementos en común de estos textos?
El elemento común es la visión de un inmigrante, un cubanoamericano que observa los acontecimientos desde la perspectiva de un lector de periódicos en el Nueva York de finales del 19, alguien que puede ir a ver a Oscar Wilde, a Walt Whitman y a Mark Twain en el Chickering Hall, que era el teatro donde se presentaban esas celebridades. Es la perspectiva de un periodista que escribe en español desde las entrañas del Imperio. El elemento común es el análisis de la realidad americana y mundial desde esa perspectiva que es común a todos nosotros en el presente.
Dices que Martí pudiera haber sido un ‘bloguero” de nuestro tiempo. ¿Por qué estos textos nos revelan un Martí distinto, un Martí bloguero?
Martí llegó a escribir lo que hoy llamamos “contenido” para su página de farándula y entretenimiento en el diario La Opinión Nacional de Caracas. El formato de sus grandes reportajes era el despacho, que tienen una extensión mayor que el “post”, pero que es una especie de “directa” desde el escenario de los hechos. Los lectores argentinos leían a Martí tanto por el “contenido” como por el “estilo” modernista, fulminante, gráfico, espectacular. Ese estilo hizo escuela.
¿Por qué son estos textos importantes para comenzar a definir ese “lo nuestro” que mencionas en la introducción?
Lo “nuestro” del panfleto martiano ha sido tan manipulado y manoseado que tendemos a olvidar que ha pasado un siglo y medio desde su incepción. Hoy la situación es mucho más fluida, y creo que la tendencia migratoria, cultural y demográfica es hacia la confluencia de las dos Américas. Lo “nuestro” hoy es todo un estado supranacional al norte del Río Bravo y una sociedad que produce alta cultura y cultura popular, con sus propios medios de comunicación y un poder económico mucho mayor que casi todos los países de la antigua “América nuestra”.
Hay siempre una tensión entre el Martí hombre de letras y el Martí que muere en el campo cubano, que tú decides retomar al hablar de la estatua del Parque Central de Nueva York. ¿Cómo es este Martí de Nueva York, quizás no suficientemente valorado?
El Martí de Nueva York no ha sido suficientemente aceptado como neoyorquino. No ha sido suficientemente valorado como cubanoamericano. Tampoco como americano, en un sentido norteamericano. Los norteamericanos ignoran que a finales del siglo 19 se efectuaba una renovación cultural y se construía una de las más grandes obras de la literatura continental en el mismo downtown de Manhattan, solo que todo eso ocurría en español. Es el idioma de Eddy Campa, de Guillermo Rosales, y el mío propio. Nosotros creamos nuestras obras americanas en el español de Little Havana, le dimos voz a la América nuestra.
Uno de los aspectos más interesantes de esta recopilación es que muestra la diversidad de temas sobre los que Martí escribe. Algunos son casi crónica roja, de gran actualidad y muy bien pensados para captar el interés del lector. También se habla de la prosa compleja de Martí. Como escritor, ¿qué te parece este contraste y la elección de los temas?
Martí inventó un lenguaje moderno para expresarse. Las circunstancias lo obligaron a usar el papel periódico como medio literario. En ese medio desplegó sus considerables recursos literarios y por ese medio transformó la prosa en lengua española. Luego, en los diarios de campaña, que no son más que crónicas de bloguero en directa, llegó a la cima de la expresión en literatura de su época.
Hay una filosofía de vida y una afán de enseñanza en estos textos, una voluntad de mostrar esa nueva sociedad que es la norteamericana y su democracia. Ese “ser cultos para ser libres” que mencionas como una de sus frases más conocidas y que por eso mismo quizás no se analice en toda su dimensión. ¿Por qué es tan importante esa frase?
Libertad y Cultura, es el lema que para mí resume el programa y el ideario martiano. Martí nos hace cultos, nos cultiva, y de paso, como consecuencia de pensar bien, nos obliga a actuar bien. Es decir, a ser libres. La esclavitud es incultura. La dictadura es una enfermedad de la cultura.
Como cubanos del siglo 21 en Estados Unidos, que enfrentamos una situación similar a la de Marti –una Cuba que no es libre–, ¿qué nos aportan estos textos?
Los textos de Martí que reúno en este libro nos permiten ver a un pensador y exiliado tergiversado por el castrismo, comentando los acontecimientos del 4 de mayo en Chicago, y pidiendo la horca para los anarquistas que deseaban imponer sus ideas políticas por la violencia. Un Martí que no hubiera celebrado nunca el Primero de Mayo. Un Martí que desglosa un libro de Herbert Spencer sobre el socialismo como futura esclavitud, para que los cubanos de hoy podamos acceder a sus opiniones sobre el asunto. Un Martí neoyorquino que, cuando ve el título de una revista española que se llama España Moderna, comenta con salvaje ironía que está escrito en letras góticas. Un Martí poeta que, lo mismo que Luisma [Otero Alcántara] o Katherine Bisquet, estaba dispuesto a arriesgarlo todo por la libertad de Cuba.
Una noche con Néstor Díaz de Villegas y Abel Sierra Madero, viernes 10, 7 p.m., Coral Gables Congregational United Church of Christ, 3010 De Soto Blvd, Coral Gables.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de septiembre de 2021, 7:26 p. m..