‘La beata de las locas’: la lucha por el reconocimiento de la sensibilidad femenina en el nuevo milenio
“Alguien preguntó en Twitter si conocía a algún poeta que tomara riesgos con su poesía. En seguida pensé en Raquel Abend van Dalen. En su escritura encontramos un feminismo elegante y fundamentado, que coexiste con otras problemáticas políticas contemporáneas. ¿Recuerdas a esa mujer que te abofeteó pero no te diste cuenta hasta sentir un dolor de los mil demonios? Esa es Raquel”, escribió Anjanette Delgado sobre la autora venezolana para marcar las coordenadas de lectura de una obra que toma fuerza con el siglo XXI.
En estos días Raquel publica ‘La beata de las locas’ (Sudaquia), poemario que alinea temas como la violencia de género, el sexo, la religión con una prosa abierta a silencios y metáforas que contienen una preocupación social y la lucha por el reconocimiento de la sensibilidad femenina en el nuevo milenio.
Raquel Abend van Dalen (Caracas, 1989) es poeta y narradora. Ha publicado los poemarios ‘Sobre las fábricas’, ‘Una trinitaria encendida’ y ‘La beata de las locas’ (Sudaquia). Como narradora tiene el libro de cuentos ‘La señora Varsovia’ (LP5 editora, 2020) y las novelas ‘Andor ‘(SED ediciones, 2017) y ‘Cuarto azul’ (Kálathos Ediciones, 2017). Realizó una maestría en Escritura Creativa en Español por la Universidad de Nueva York. Editó las antologías ‘La cajita cabrona’ (Editorial Cráter, 2016) y ‘Los topos mecánicos’ (Editorial Igneo, 2018). En el 2016 fue escritora residente en el programa para artistas en Camac Centre D’art, Francia. Actualmente asiste al Ph.D. en Escritura Creativa en Español en la Universidad de Houston.
¿Qué te inspiró a escribir ‘La beata de las locas’?
La historia de una mujer de Ciudad Juárez que se hacía llamar “Diana la cazadora” y que asesinó a dos choferes de autobuses para vengar a las trabajadoras de las maquilas, víctimas de feminicidios. En el libro hay una voz poética muy visceral que intenta hablar desde una comunidad profundamente herida. La violencia de género forma parte de nuestra cotidianidad como mujeres y necesité elaborar esta realidad a través del lenguaje poético. Por supuesto que lo que nos lleva a escribir un libro luego se convierte en otra cosa con el tiempo. Y se ensucia, se transforma, se altera por la cotidianidad, por las experiencias personales, y todo termina colándose de una u otra forma en el manuscrito. Escribir es un proceso mucho más enmarañado de lo que queramos admitir.
¿Se podría decir que con ‘La beata de las locas’ se produce un corte en relación a tus libros anteriores de poesía?
Me parece que sí. En los poemarios anteriores, la voz poética era un yo muy definido. Ahí estoy como Raquel, jugando con lo biográfico y lo narrativo. La urgencia poética venía desde adentro, digamos. En cambio, en La beata de las locas no hablo solo yo, habla un plural femenino. La urgencia vino del exterior: no narro una historia que comienza y termina en mí, sino una que me antecede y trasciende.
Este es un momento importante para las escritoras. De pronto, parece que el mundo editorial se dio “cuenta” de que había muchas y muy buenas. ¿A qué atribuyes el cambio?
No estoy segura de que realmente haya un cambio, al menos no tan contundente como las redes sociales lo hace parecer. Efectivamente hay más visibilidad en los medios de comunicación, hay proyectos interesantes donde se están rescatando voces de escritoras del siglo XX y contemporáneas, pero esto no significa que ser mujer y escritora te abre las puertas al mundo editorial. Lo único que significa es que quizá ser mujer ya no entorpece tanto tus posibilidades de ser leída. Y no en todos los países. Al menos en Latinoamérica, me da la impresión de que siempre se habla del mismo grupo de escritoras latinoamericanas. ¿Dónde está el resto? En Venezuela, no veo a las editoriales más representativas invirtiendo mucho tiempo en leer a sus autoras del siglo XX o a las contemporáneas. Veo a dos gatos haciendo un esfuerzo gigante porque las escritoras tengan más representación, pero eso tampoco se traduce en que seamos más publicadas o leídas. En Twitter, por ejemplo, hay escritoras con miles de followers pero eso no significa que sus seguidores compren sus libros, ni siquiera que las hayan leído alguna vez. A ver: por supuesto que hay más representación de las mujeres en el mundo, después de décadas de activismo y luchas feministas, no solo en el ámbito literario sino en el político, en el corporativo, en las artes visuales, en la música, en el cine. Sí, pero falta mucho. Tenemos que llegar al punto en que no se hable de un “boom femenino”, porque de nuevo estamos siendo medidas por ser mujeres. Lo que queremos es que nuestro género no sea el filtro de las editoriales para publicarnos o rechazarnos, sino nuestra obra.
¿Por qué crees que en “Bogotá 39” y en la lista de Granta de los mejores 25 escritores en español menores de 35 años no figuró ninguno proveniente de Venezuela?
Una periodista me escribió para felicitarme por ser la única escritora venezolana que fue postulada para la lista Granta. “Ni siquiera autores hombres fueron postulados”, me dijo, “tienes que celebrar”. Para mí fue una de las cosas más tristes que me hayan dicho; no porque ella le buscara el lado positivo a la situación, sino porque es un reflejo de que algo no está bien: no debo ser la única novelista venezolana joven que hay actualmente en el país. ¿Qué está pasando con el resto de los autores? Suenan nombres de escritores venezolanos con cuarenta años en adelante, muchos de ellos, por cierto, viven en España y están publicando en editoriales como Anagrama, Seix Barral, Pre-Textos y Alfaguara. ¿Pero dónde quedó la generación que les sigue a ellos?, ¿quiénes somos?, ¿quién nos está prestando atención? Hay países hispanoparlantes que están en desventaja con respecto a otros. Las listas, como toda lista, al incluir están excluyendo por defecto, y los criterios siempre dependen de mil factores de los que uno ni se entera. Venezuela es un país en crisis donde el mundo editorial es un poco zombie. Tanto los escritores que viven en el país, como los que estamos afuera, carecemos de instituciones culturales y literarias que velen por nosotros. En ese sentido, creo que estamos muy acostumbrados a ser invisibles y quizá hasta nos sintamos cómodos produciendo sin ningún tipo de presión económica o mediática.
¿Qué prefieres evitar en tu poesía?
Que sea críptica. No me interesa escribir una poesía que no la pueda entender mi abuela.
¿En qué nuevo libro trabajas?
Estoy escribiendo una novela que ocurre en Caracas. Es la primera vez, porque ‘Andor’ está ambientada en un hotel inventado y ‘Cuarto azul ‘ en Europa y Rusia. Sin embargo, es una Caracas que no existe, así que al final es un escenario ficticio. Este proyecto me está llevando a leer novelas venezolanas de principios del siglo XX a las que nunca les había prestado atención y las estoy disfrutando mucho.