modernista universal
Fue el mes de septiembre en Boston, hizo un día esplendido de cielo azul, sol radiante y brisa fresca. Mi GPS calcula que, desde el punto donde estoy, Isabella Steward Garden Museum, hasta el McMullen Museum of Art en el que está “Mariano. Variaciones sobre un tema”, caminaré poco más de una hora. Me lanzo y descubres que la ciudad no es tan grande, y que su urbanismo da espacio al peatón. Sobre los edificios y casas de ladrillos rojos vuelan las gaviotas. El aire húmedo huele al mar que dejo a mi espalda. Camino por grandes aceras de cemento con bordillos de granito fino. La ciudad tiene aspecto europeo, circulan tranvías y autobuses del que suben y bajan transeúntes a sentarse en las terrazas. Voy atravesando distintas auras citadinas, que tan pronto recuerdan Viena como tan pronto Madrid o Berlín, hasta llegar a la verde colina coronada por el McMullen Museum of Art en el verde y “pastoral” campus del Boston College.
“Mariano. Variaciones sobre un tema”, curada por Elizabeth Thompson Goizueta, está estructurada en las siguientes partes: ‘México: La Primera Etapa, 1930’; ‘La es cuela de París en la ciudad de Nueva York, década de 1940’; ‘Arte no objetivo de Nueva York, década de 1950’; ‘Las pinturas negras y lo grotesco, años sesenta’; y ‘Cuba: lo sensual y lo idealista, 1960-1980’. Entre todas contemplan un cuerpo de más de un centenar de obras. Es un trabajo de espesor investigativo muy profundo, y cabría esperar que espeso fuera también el recorrido, la narrativa sobre la trayectoria de Mariano Rodríguez (La Habana, Cuba, 1912-1990). Pero no. La curadora se las ingenió para dar un giro y plantear un diseño de montaje de la muestra no tanto en clave investigativa, como sí de ensayo. Y ello hace emerger, independientemente de la investigación, una comprensión poética más amplia. Una comprensión que relaciona el modelo de cronología histórica, su lenguaje de objetividad marcado por las sincronías, con la prosa poética y la subjetividad ensanchada que aporta el enfoque del ensayo visual sobre la amplísima trayectoria de Mariano.
Fue precisamente desplegar esa comprensión sobre la diversidad tanto discursiva como poética lo que movió a Goizueta a realizar la muestra. La idea le surgió después de una visita al Museo Nacional de Bellas Artes, (MNBA), donde tuvo la oportunidad de apreciar una gran cantidad de obras del pintor cubano. “Allí supe”, comenta Goizueta en entrevista vía email, “que tenía que realizar una exposición comprensiva de Mariano en los Estados Unidos, que jamás se había hecho una retrospectiva museística en nuestras tierras”.
Repasando las primeras partes de la muestra recordamos que cuando Alfred H. Barr, Jr, primer director del MoMA incluye la obra de Mariano Rodríguez en su ya antológica exposición “Modern Cuban Painters” (MoMA, New York, 1944). Rodríguez con apenas 32 años ya había despuntado como uno de los grandes artistas de la segunda generación de la vanguardia artística cubana. Ya había estado en México en 1936 donde estudió en la Academia de San Carlos de la mano del pintor mexicano Manuel Rodríguez Lozano. Antes, en 1928, había cursados estudios en la academia de San Alejandro en La Habana. Y, también, a principio de los años 1940, se había embarcado en los proyectos cubanos editoriales más importantes y ambiciosos del mundo literario, artístico e intelectual de la etapa republicana como, entre otros, las revistas “Espuela de Plata” (1939), “Nadie Parecía” (1944) y, también en la que sería, sin duda alguna, la más influyentes de todas ellas “Orígenes”, junto a José Lezama Lima, Guy Pérez-Cisneros y José Rodríguez Feo.
Para la curadora Goizueta era un objetivo fundamental de la muestra “demostrar cómo Mariano manejaba su lenguaje artístico de “temas” (el gallo, el mar, la mujer, los guajiros, las frutas, lo religioso, lo grotesco) a través de estilos distintos (el muralismo mexicano, la Escuela de París, la abstracción geométrica, el expresionismo abstracto, lo barroco) para identificarlo como un modernista universal”. Y esta idea está bien resuelta porque emerge un Mariano con un imaginario discursivo y poético que desborda todos los tópicos con los que hasta ahora habíamos identificado su obra. Descubrimos también “su capacidad de no solo dominar estos estilos, sino de crear -enfatiza la curadora- su propio estilo, combinando lo barroco con lo grotesco, lo demuestra capaz de entrar en nivel de los grandes artistas del sigo veinte”.
Conocía la obra de Mariano básicamente por las pinturas de gallos y, también, por aquellas sobre el mundo rural que venían en los libros de la escuela. Pinturas en lenguaje figurativo que, desde el punto de vista discursivo –y salvando las distancias estilísticas- no se desmarcaban mucho de esa especie de neo romanticismo que le había precedido en las obras figurativas de la primera vanguardia cubana. Pensando en las pinturas de, por ejemplo, Víctor Manuel (La Habana, 1897-1969) o Carlos Enrique (Las Villas, 1900-La Habana, 1957). La ruralidad representada en clave de lo “criollo” fue para esa vanguardia una manera de asumir los valores socio culturales como parte del discurso identitatario de la nacionalidad cubana. Pensando en obras como entre otras, ‘La paloma de la Paz’ (1940), ‘El gallo’, o ‘Mujer con gallo’ (1941).
Pero la muestra nos descubre un Mariano que desborda esos lugares comunes, no hay más que ver por ejemplo, ‘Pescador’ (1950) o, sin ir más lejos los bocetos para ‘Historia de la aviación’ (1954), o los bocetos para ‘Mural de la Universidad de Oriente’, dos años después, para percatarse cómo encajaba Mariano el lenguaje abstracto en una trayectoria que había sido fundamentalmente figurativa. Combinando recursos estilístico de la abstracción lírica con otros de una abstracción con tintes más geométricos, sin dejar de seguir explorando los códigos de lenguajes de la figuración. Códigos figurativos que a finales de esa décadas va a sintetizar en una poética francamente expresionista abstracta. Situando la ideología del cambio y la autoreflexividad como especie centro de gravedad de su proyecto de modernidad artística. Encarando su trayectoria, reconoce Goizueta, como un modernista universal.
Salgo del McMullen cayendo la tarde. Nunca había pisado estas tierras, y lo “desconocido” siempre crea desconfianza y miedo, pero tenía el GPS y, al menos en la virtualidad, sabía qué me esperaba a la vuelta de la esquina: La ciudad es una entelequia absurda sino la caminas. De pronto, caminando por lo desconocido, me sentí seguro.
“Mariano. Variaciones sobre un tema”. McMullen Museum of Art, Boston. 2101 Commonwealth Avenue, Boston. Hasta el 5 de diciembre. Esta muestra itinerará al PAMM en 2022. Como preámbulo de ello, la curadora Elizabeth Thompson Goizueta, dará un charla en el marco de la reunión anual del Latin American and Latinx Fund. Para más información www.pamm.org
Dennys Matos es crítico de arte y curador que reside y trabaja entre Madrid y Miami.
Esta historia fue publicada originalmente el 14 de octubre de 2021, 10:43 a. m. with the headline "modernista universal."