Artes y Letras

‘Tantas razones para odiar a Emilia’, novela de Fernández Pequeño en la Feria del Libro

José Manuel Fernández Pequeño
José Manuel Fernández Pequeño

Esta novela se avizoraba, por la fluidez y abundancia lingüística, temática, argumental… elementos con los que José Manuel Fernández Pequeño ha diseñado durante años su mundo narrativo, logrando crear un lenguaje propio, un cosmos personal y un estilo suculento. Este es un libro engañoso, una obra difícil de clasificar debido a los matices de realidad, irrealidad y fantasía en que se mueve bordeando los límites de los géneros. Para cada lector va a significar algo diferente, lo que lo convierte en un material rico, interesante y bien escrito. No es casualidad, pocos escritores hoy tienen el ejercicio y la maña del autor.

Este es un libro aparentemente fácil, bullicioso, salpicado por el alcohol y sexo, sin embargo para mí es un libro triste que muestra varia formas de la soledad del ser. Es triste aunque el humor y la ironía estén presentes. No deben engañarse los inteligentes lectores ya que no siempre lo que se lee es lo que realmente sucede y esos recursos lúdicos el autor los utiliza como calibradores de tensión, trampas del estilo que prepara, para que la realidad se perciba de forma en que la mezcla de sensaciones y razón manipulen la dimensión espiritual, así anula las dosis de angustia que nos da. Ese es un recurso innato en los caribeños, pero sólo un narrador de excepción lo materializan en una obra, y claro, para entenderlo se necesita también un lector de excepción, de lo contrario todo le parecerá un carnaval. Recordemos que a los caribeños les gusta la fiesta, el choteo, incluso cuando están jodidos, sobre todo cuando están muy jodidos.

Tantas razones para odiar a Emilia (Ediciones Furtivas, 2021) Es un libro triste y descorazonador, por lo menos así me lo parece a mí, que cuando llegué a la página 97 lo lancé con rabia sobre el sillón porque un tal Philip, terminó de destrozar la poca esperanza que tenía sobre la vida:

…si la felicidad es un estado de bienestar supremo, una vez conseguido, el minuto siguiente por obligación tendrá que ser peor, y el siguiente aun peor, aunque no tanto como el siguiente, y así todo avanzará hasta un absoluto sentimiento de pérdida, una descojonante convicción de derrota. (…) La clave de una auténtica sabiduría práctica, está en no aspirar a nada, pero lo que se dice a nada de nada de nada. No tener metas. No adquirir propiedades. Ni siquiera aceptar trabajo remunerado. Así nunca serás feliz y tampoco serás víctima del minuto siguiente.

Reafirmé lo que siempre he sabido, que la vida y la felicidad son una puta mierda, entonces Pequeño tiene la desfachatez de pasarle sus a palabras a Philip con un matiz cómico, diciéndonos que el personaje es budista cuando en realidad es un medular comunista ¿o será lo mismo? Voltaire envidiaría tanto cinismo.

Ahí está Osvaldo Bretones una de las voces que narra, un artista cubano que se aprovecha de las similitudes entre la República Dominicana y su país, para conseguir el paraíso de libertad que necesita y poder hacer su arte con autonomía, sin restricciones ni censura. Un personaje lacónico, solitario, que pasa la mayor parte del tiempo en un desplazamiento interior, de la realidad a la otredad, sintiéndose más cómodo con los fantasmas que le habitan. Un desarraigado atado a los recuerdos.

También tenemos otro protagonista, Marcos Soria Creek, un personaje kafkiano, poderoso y controlador, que debido a una fatal circunstancia es lanzado de un puntapié a la incomunicación, la más terrible de las soledades. Soria se vuelca a la meditación para poder dilucidar interiormente las razones que provocaron su debacle. Es angustioso el panorama alrededor de este hombre, su desesperación, la miseria, el despojo en que se convierte por un absurdo que lo lleva del dolor interior al físico. Cuando comienzan sus problemas ya el lector queda totalmente en manos del autor y también inicia su agonía junto al pobre gordo que en sus elucubraciones fatalistas se autodefine como: Soy la consumación de lo miserable. Detuve de nuevo la lectura un poco molesta, menos que en la anterior, preguntándome ¿por qué carajo si la vida es esa miseria que conocemos tan bien, leemos este tipo de libro que nos lleva a las miserias de los otros? Cerré los ojos y escuché la voz de mi madre, Es que somos balzaquianos.

Ellos son dos nadie según ellos mismos, hombres desolados por diferentes circunstancias, polos opuestos atravesados por un hilo que se nutre de soledad, pasado y de Emilia-Reina.

Emilia– Reina, es otra protagonista, una de las dos femeninas, que queda detenida en uno de sus propios comentarios: Resulta que no llego a ser ni puta ni intelectual. Soy un cero, el punto medio… Todos en la novela se menosprecian como en una feria de desahuciados. No abundaré sobre ella, el lector debe desentrañarla sin saber más.

La otra protagonista y principal en esta historia es la República Dominicana, reflejada cinematográficamente por el autor-actor de excepción, un observador con la distancia del foráneo, pero también la esponja recién nacida que se sumerge y chupa. Él es el intérprete de su propia historia, que logra consolidar esas dos providencias y con la pericia que lo caracteriza nos muestra el país con total nitidez.

La República Dominicana como su nombre indica es hembra, mujer jodedora y burlona, que abre sus brazos y piernas para recibir sin reparos lo bueno y lo malo que se le encima. Esta novela le devuelve el amor que recibió Pequeño al ser acogido como hijo legítimo cuando la tierra propia intentaba apagar su boca y sus sueños. Las descripciones nos muestra su cariño y nos la enseña en su multiculturalidad, con las variadas voces que la integran y los nudos del poder, distinguidos por la supremacía de unos sobre otros para determinar las clases. Nos guía para que conozcamos los problemas que le acosan, los personajes que tejen la nación, un Babel caribeño que transcultura lenguas y sentimiento y se empeña siempre en contagiar a todos. Protagónico es el campo, la vegetación bucólica, también la sofocante y novelesca vida citadina, lindes de un universo aparentemente ficticio, como todos los pueblos de nuestra América, pero al final real, palpable, con su historia personal de cómo conocieron el hielo… El humor como dije, se utiliza tanto para festejar como para señalar y atacar, el autor nos obliga a pasar por los mismos aprietos que él franqueó, teniendo que buscar en diccionarios académicos y populares, preguntar a naturales y conocedores, para encontrar los sinónimos que en castellano den significado a lo que se escucha, lo que se lee. Pepe ironiza sobre todo y todos, arremete contra sus personajes a los que critica exagerando todos los defectos físicos y aprehendidos, los filetea como un caricaturista, gracias a las licencias a la que nos agarramos los escritores que no somos políticamente correctos.

“Tantas razones para odiar a Emilia”
“Tantas razones para odiar a Emilia” / Foto de cortesía / Ediciones Furtivas

Tantas razones para odiar a Emilia, pone en la mesa los temas de un país, la política, la cultura, el sexo (incluso entre lombrices) las nacionalidades y sus características, la economía, la riqueza y la pobreza dos extremos que se repiten en estos tiempos convulsos en que los inteligentes se centran. También la angustia del individuo y el poder, sobre todo el poder, ese que controla la debilidad del hombre, porque todo el mundo tiene una ambición que lo hace gobernable. Todo depende del poder y este libro no es excepción, está mediatizado por el poder, por eso es una novela sobre el poder y la pérdida, de ambos en control de la estabilidad; también es sobre el desarraigo y la desilusión, sobre el hábito, la religión y la fatalidad, todos factores comunes, cotidianos, descojonantes. Entonces para reconfortarnos un poco, Pequeño vuelve a utilizar el ejercicio que expliqué anteriormente y nos da un final que es espejismo y nos hace creer que también y pese a todo es una novela de la conquista, donde se logra llegar hasta donde se es capaz de sacrificar. Después de todo, ya se ha dicho antes, reír será siempre mejor.

Sí, es cierto que la felicidad no existe y que la vida es una puta mierda, pero si de algo vale la pena es sin dudas, para ver buen cine europeo con finales diferentes a los hollywoodenses, escribir, escribir y escribir libros que se disfruten como este, que nos diviertan o nos sacudan, escuchar jazz con un vaso de Gentelman Jack en la mano y entre otras cosas para sentirse tranquilo por no encontrar razones para odiar a Emilia.

La novela se presenta online en la Feria del Libro de Miami este martes 16 de noviembre a las 12:00 p.m.

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