El imaginario de altos vuelos de arquitectos cubanos entre las décadas de 1940 y 1970
Repasando el libro “Cuban Modernism. Mid-Century Architecture 1940-1970” de Victor Deupi y Jean-Francois Lejeune (Ed, Birkhauser Basel, 2021), escrito en inglés, me llama la atención la foto que encabeza el Cap 3, ‘La ciudad moderna: Vivienda, Infraestructura Cívica, y Representación’. Es la imagen de una piscina en un penthouse con vista panorámica al malecón y a toda el área de Centro Habana en dirección a La Habana Vieja, hasta que la mirada se pierde en el horizonte. Recreándose en esa vista, podemos hacernos una idea del imaginario de altos vuelos, mezcla de ensueño caribeño y racionalidad moderna con el que trabajaban los arquitectos cubanos de entonces. Esas décadas entre 1940 y 1970 en que ahora, viéndola en retrospectiva, asombran por la cantidad, riqueza, variedad y audacia con el que se proyecta el mundo de la arquitectura cubana.
A estas alturas queda claro que, para encausar cualquier estudio en perspectiva sobre sociedad y cultura cubana, es imperativo tener en cuenta, groso modo, una cronología de tres etapas o períodos: La etapa de la Colonia, la etapa de la República (en la literatura marxista esta etapa es considerada como neo colonial) y la etapa de la Revolución. Y el caso de la arquitectura no es la excepción. Han aparecido recientemente varias obras sobre esta temática, publicadas dentro y fuera de Cuba, que enfocan el estudio del patrimonio arquitectónico cubano desde varios puntos de vistas, por ejemplo “La Habana. Arquitectura del siglo XX” de Luis E. Rodríguez (Ed, Blume, 1998), “La Habana Decó” (Ed, Gangemi, Roma, 2020), de Alessandra Anselmi, la obra más completa sobre el tema y, sin ir más lejos, la más reciente “Cuban Modernism. Mid-Century Architecture 1940-1970” de Victor Deupi y Jean-Francois Lejeune. Libros que se adentran en la arquitectura cubana (y colateralmente también en el urbanismo) del siglo XX, brindando una panorámica sobre las construcciones emblemáticas, características estéticas constructivas, estilos, estudios de arquitectos, así como también de las grandes figuras que idearon la modernidad tanto arquitectónica como urbanística cubana del siglo XX.
“Cuban Modernism (…)”, el libro que nos ocupa ahora, se distingue en que acota esta dimensión espacio temporal del hecho arquitectónico a tres décadas (1940-1970). Un recorrido estructurado en seis capítulos que son: 1. ‘La Casa cubana moderna’; 2. ‘La Ciudad como Paisaje: Forestier, Sert y el Planeamiento de La Habana’; 3. ‘La ciudad moderna: vivienda, infraestructura cívica, y representación’; 4. ‘Tropicalidad, Turismo y Ocio’; 5. ‘La Síntesis de las Artes’, y 6. ‘Exilio y herencia’. Hay una formidable y monumental documentación sobre edificaciones, lugares, planos, locaciones, fotos de una curiosidad extraordinaria. Y el trabajo investigativo y reflexivo de Deupi y Lejeune es también descomunal. Así que no estamos ante un lenguaje de ensayo, no. Estamos frente a la escritura de investigación, y esto es fundamentalmente reflexión, objetividad y precisión.
“Este libro es fruto de una investigación de más de cinco años”, comenta Víctor Deupi en entrevista telefónica. “Cuando llegué a Miami se hablaba mucho de arquitectura cubana, pero había muy poca investigación, nadie estaba estudiando realmente el tema. Por eso nos dedicamos a recuperar información entre las familias, información y documentos que se iban a tirar”. No es menos cierto también que el capítulo 6. ‘Exilio y herencia’, recupera el trabajo realizado, fuera de Cuba, por grades arquitectos cubanos como, por ejemplo, Nicolás Quintana, Hilario Candela y Henry Gutiérrez.
Ello resulta novedoso en el modo en que está enfocado, porque historiográficamente estaría desbordando el esquema canónico –y conservador- con el que tradicionalmente se ha tratado, ensanchando la cronología desde la Colonia hasta el exilio. Ahora bien, hay una especie de colisión discursiva en el libro, algo que contrasta. Y es que proponiéndose abarcar un período que va entre 1940 y 1970, pasa de puntillas por el período de la Revolución. Algunas pinceladas sobre el Pabellón Cuba, (1963) de Juan Campos y Lorenzo Medrano, la Heladería Coppelia (1966) de Julio Girona y poco más. En cambio, hay un capítulo entero para ‘Exile and Heritage’. De acuerdo con Lejeune en entrevista vía email: “La arquitectura revolucionaria no era realmente urbana, sino más bien relacionada con el campo y las pequeñas ciudades. A diferencia de otras dictaduras”, precisa Lejeune, “no hay verdaderos edificios públicos ni monumentos que representen la Revolución”. En realidad la dictadura despreció oscuramente el maravilloso patrimonio arquitectónico que había heredado, dejando que la ciudad de La Habana se cayera a pedazos.
La recuperación de este enfoque sobre ‘Exilio y herencia’, “Se originó”, explica Lejeune, “a partir de la exposición “Arquitectos cubanos en casa y en el exilio: La generación modernista” (Coral Gables Museum, noviembre, 2016-febrero, 2017). La idea era iniciar una investigación de lo que los arquitectos cubanos se dieron cuenta, o de lo que no se dieron cuenta, después de su exilio”. Esto implicaba un trabajo de campo ordenado y sistemático “Fue una forma de reconectarnos con las familias y sus archivos privados. También fue para seguir un camino que historiadores cubanos como Eduardo Luis Rodríguez no siguieron”, aclara Lejeune. Y aquí entramos de lleno en una cuestión de fondo, para Lejeune “Cualquiera que sea su posición ideológica o política, los historiadores cubanos han descuidado las obras en el exilio”. Por lo que en cierto sentido “Cuban Modernism. Mid-Century Architecture 1940-1970”, explica Deupi, “Es el primer libro que abre la puerta al mundo entero sobre toda esta documentación, a todo este archivo”. En esa voluntad novedosa de apertura, de transparencia sobre la documentación y valoración del patrimonio arquitectónico cubano observa Lejeune “Víctor y yo tuvimos la oportunidad de empezar algo nuevo, pero solo arañamos la superficie, hay mucho trabajo por hacer, por ejemplo, en Romañach y Quintana en el exilio”.
Entre las múltiples, y fascinantes documentaciones, hay una parte correspondiente a las casas. Casas construidas por una verdadera pléyade de arquitectos cubanos como entre otros, Max Borges, Silverio Boch, Mario Romañach, Manuel Gutiérrez y Frank Martínez. No dejan de asombrar estas casas, unidades habitacionales que ensayan nuevas soluciones de la arquitectura vernácula cubana, donde se dan cita un habitar con sabor que paladea tanto lo colonial, como la etapa republicana o neo colonial, patios interiores, vitrales, arcadas, barandas, soportales, etc. Aquí lo exuberante y la sensualidad escucha y hace suya la luz, el aire, la tierra, el mar y en general al paisaje con soluciones muy novedosas. Para Deupi “Es en las casas donde el ingenio arquitectónico cubano alcanza sus cotas más refinadas. Cuando vemos la arquitectura Mediterránea de esos tiempos, nos damos cuenta de la magia de los arquitectos cubanos trabajando en el Caribe. Eran unos adelantados a su tiempo”. No obstante, “Generalmente hay que admitir que la calidad de las obras en el exilio era muy inferior a la de Cuba: supervivencia, dificultades para conseguir una licencia americana, perderse en las empresas y la cultura”, reconoce Lejeune. “Cuban Modernism. Mid-Century Architecture 1940-1970”, es una gran obra de recuperación, un libro de consulta obligada para los que quieran conocer en profundidad la arquitectura cubana moderna en su etapa de mayor esplendor.
Dennys Matos es critico de arte y curador. Trabaja y reside entre Miami y Madrid.