Uva de Aragón en el reino de su infancia en La Habana
Desde que abrió su blog de la Internet se declaró a sí misma con el título: “Habanera soy”. Ahora, en sus memorias, se transpira ese orgullo de ser cubana, a pesar de haber vivido la mayor parte de su vida en Estados Unidos.
Nunca perdió el encanto de La Habana, aunque fue forzada al exilio de muy joven, ni la satisfacción de pertenecer a una familia que le propició un legado cultural y patriótico. Esto la inspiró a destacarse por sus propios logros en tierra nueva. Así es en realidad Uva de Aragón.
El Reino de la infancia, memorias de mi vida en Cuba (Eriginal Bools), su nuevo libro, es la primera parte de su vida, así que esperamos que siga escribiendo la del exilio, después de cumplir sus 15 años, cuando se fue de la isla.
Aunque allí ya vivió mucha de la historia cubana en la que su familia estuvo inscrita y que se muestra además en decenas de fotografías. Sus relatos son también los de la República de Cuba. Porque su familia participó en la vida nacional, y mantuvo unos lazos entre Cuba y España, incluyendo las luchas por la Independencia, antes de 1898.
Familia y sociedad
Es natural que su nostalgia y su buen tacto idealicen muchos aspectos de su niñez, pero fue cierto lo que cuenta, y le asiste en su narrativa la extraordinaria experiencia profesional como columnista de periódicos y como novelista. Eso hace que su estilo sea fluido, entretenido e incitador para que el lector desee saber qué es lo que va a suceder después. Hay siempre un poco de suspenso entre las alegrías y las tristezas.
Y comienza por el principio: su papá, su mamá y sus abuelos, sus hermanas, toda su familia. Alfonso Hernández Catá, literato español -cubano de renombre, que brilló tanto en Cuba como en España y en toda Latinoamérica, y que fue diplomático en varias ciudades, era su abuelo. Falleció antes de ella nacer, pero le ha dado mucha atención al publicarle sus Once cuentos cubanos, con un prólogo muy personal, y ha escrito varios artículos sobre él, e incluso su tesis de doctorado en la Universidad de Miami. Recuerda también lo que su familia le contaba acerca de “Papá Alfonso”, como un personaje muy singular.
La “Mamá Lila” era la viuda de Hernández Catá, la abuela que le decía sus cuentos, la que apasionó su niñez con la literatura. Y también le hablaba de los amigos que él tuvo en España, de las tertulias con escritores notables, como Federico García Lorca, y tantos otros de aquella época de los años 20 en Madrid, que “fueron poblando su imaginación”.
También maravillan los detalles que da sobre la vida de una clase social habanera de buenos recursos como era la suya. Giambattista Vico lo advirtió en su Ciencia Nueva ( 1725 ), que las historias en la literatura servían para ilustrar fenómenos sociológicos.
Un ejemplo es la alusión que le hace a la industria del lavado de los chinos cubanos, con la ropa de cama de su casa que su “mami” Uva Hernández Catá les encargaba. Los productos predilectos de la famosa droguería Sarrá, que adquiría para los gabinetes de los baños: jabón de Castilla, agua de violetas Agustín Reyes, y la consabida leche de magnesia.
De su “papi”, el médico Ernesto R. de Aragón, recuerda entre muchas cosas, la afición por los juegos de la pelota como le llamábamos al béisbol, dato estereotípico de la época, que él compartía con Uva de niña y su inseparable hermana Lucía.
El drama nacional
Pero no todo era fabuloso. Y su padre murió cuando ella tenía nueve años. Esto le trajo un nuevo esposo a su madre que nos era conocido de todos, y que participó activamente en el drama político de Cuba, Carlos Márquez Sterling.
Ella lo define como su segundo padre y el único que tuvo su hermana más pequeña, Gloria. Lo ve como hombre sabio, no solo por su cultura enciclopédica, sino por el modo de enfrentar la vida. Hoy se diría que con gran valentía.
Su papel al participar en las elecciones convocadas por Fulgencio Batista el 3 de noviembre de 1958, como aspirante a la presidencia a nombre de su Partido del Pueblo Libre, lo colocaron en una posición desventajosa con su antiguo Partido Ortodoxo y varios otros, que las desestimaron. Pero también en un peligro muy grande, por las acusaciones de Fidel Castro desde la Sierra. Y aquí se cuenta todo detalladamente desde la intimidad, y hasta el momento del exilio. Son unos últimos capítulos que producen temor y temblor.
Es una autobiografía que reseña la vida de una sociedad perdida para siempre y nos muestra cuán frágil es la democracia, cuánto debemos cuidarla, y cómo, en el fondo, la familia en cualquier tiempo es nuestro mayor tesoro.
‘El Reino de la infancia, memorias de mi vida en Cuba’ (Eriginal Books), se presentará el 29 de marzo, a las 7 p.m. en la Iglesia Congregacional de Coral Gables, 3010 De Soto Boulevard, Coral Gables, 33134. Es la primera parte de su vida, así que esperamos que siga escribiendo la del exilio, después de cumplir sus 15 años, cuando se fue de la isla.