Artes y Letras

‘Electrónica’: la novela de una generación 

Enzo Maqueira
Enzo Maqueira

A diferencia de los autores de este país que persiguen la “gran novela americana”, desde siempre los argentinos piensan en el cuento perfecto. Con cultores del género como Borges, Cortázar o Silvina Ocampo el deseo no parece extraño. Sin embargo, entre los escritores debutantes, tal vez para salir de la tradición de las historias breves, a veces sobrevuela el fantasma de El juguete rabioso. La novela de Roberto Arlt es punto de partida para retratar una época hostil de la mano de Silvio Astier, quien trata de hacerse un lugar en la sociedad a base de trabajo y astucia criolla.

La novela de Enzo Maqueira, Electrónica (SED ediciones), mantiene el espíritu de la obra Arlt: una historia que se desarrolla entre los márgenes y el centro de una sociedad fragmentada como es la de Argentina. La protagonista es una joven profesora que mantiene una relación con un alumno del secundario. Con el pulso hipnótico de la música electrónica, las drogas sintéticas y una fiesta que parece interminable, la experiencia se liga a escenas contundentes que narran acontecimientos en la Buenos Aires del siglo XXI. Electrónica es una novela sin filtro, irónica y disfrutable.

Portada
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Enzo Maqueira (Buenos Aires, 1977) es autor del libro de crónicas y relatos Historias de putas (2008) y de las novelas Ruda macho (2010), El impostor (2011), Electrónica (2014) y Hágase usted mismo (2018). Colabora regularmente con el diario Clarín y las revistas Anfibia, Vice y Viva. Su novela Hágase usted mismo, publicada por Tusquets editores, fue finalista del premio Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón a la mejor primera novela negra en español. Conduce el programa “Narraciones extraordinarias” por radio Provincia, de Argentina.

¿Cómo surgió la idea de escribir Electrónica?

Leí Que viva la música de Andrés Caicedo y me estalló la cabeza. Sentí que quería escribir mi propia versión de ese libro. Una historia de vida y de música sobre el paso hacia la adultez. Solo que la adultez, en el siglo XXI, es muy distinta a la que vivió Caicedo. Los tiempos son otros, las preguntas, los miedos, los condicionamientos cambiaron. Yo estaba atravesando la crisis de los 30 y descubría que éramos muchos los que nos hacíamos las mismas preguntas, los que veníamos de una juventud donde todo parecía posible y nos empezábamos a poner grandes, a enfrentarnos con el peso de la sociedad, de la soledad, del fin del sueño. Así fue naciendo Electrónica.

La novela se equilibra entre una segunda y tercera persona. ¿Antes de esta estructura probaste con otras?

La primera versión fue en tercera persona, pero cuando escribí la última frase me salió en segunda: “Para vos era un flash”. Fue espontáneo, casi como una voz que me dictaba. Me quedé pensando por qué había aparecido eso, lo pensé y encontré que ahí había una voz narradora oculta que tenía que descubrir, así empecé a jugar con el intercambio entre primera y tercera persona, primero gradualmente, después cada vez más caótico, y resultó una forma que acompañaba mejor lo que yo quería contar, no tanto desde la historia, sino desde una sensación de extrañamiento, de recuerdo borroso, al mismo tiempo de intoxicación y vorágine.

Antes del movimiento “Me Too”, Electrónica retrata a una mujer que quiere escapar del paradigma de la época.

Antes del “Me Too” en Argentina tuvimos el #NiUnaMenos, que nació en 2015 con una marcha multitudinaria en protesta por un feminicidio, generó una ola feminista gigante y empezó a cambiar las malas costumbres de la sociedad machista en la que vivimos. Yo escribí el personaje de la profesora en 2013. Evidentemente los temas estaban en el aire: una mujer que no quiere tener hijos, que es libre sexualmente, que se planta ante su pareja desde el empoderamiento. Los escritores solemos tener un radar para captar la avanzada de lo que pasa en una sociedad. Es una parte de nuestro trabajo. Diría que una de las funciones de cualquier arte, si es que el arte debe tener alguna función.

Electrónica como tu nueva novela, Hágase usted mismo, tratan, entre otros temas, sobre la identidad. ¿Qué piensas al respecto?

Nunca había pensado mis libros en esos términos, pero hace poco una editora italiana que va a publicar Hágase usted mismo me dijo eso: que era un libro sobre la identidad. Me sorprendió, porque jamás lo había planteado de ese modo. Es evidente que mis personajes siempre están con un pie afuera. Nunca se sienten totalmente cómodos en el mundo, luchan por pertenecer a eso pero al mismo tiempo lo desprecian, por eso tampoco son totalmente ajenos. Las preguntas que parecen unirlos son: ¿quién soy?, ¿qué quieren de mí los demás?, ¿qué quiero o qué puedo ser? Pero esa es solo la raíz de las identidades que se ponen en juego en los dos libros.

¿Cómo observas desde el 2022, el principio del siglo XXI en la Argentina?

Siento que después de la catástrofe de 2001 Argentina encontró un camino de mayor integración a Latinoamérica, de asumir quiénes somos, de confrontar nuestros fracasos, bajarnos del pedestal de nuestro famoso ego. Al mismo tiempo se avanzó mucho en materia de derechos humanos y vivimos un período económico bastante floreciente durante un buen tiempo. Por desgracia, la Historia se repite y después de eso vino la reacción. Todo lo construido se destruyó, ahora estamos intentando levantarnos otra vez, el contexto no ayuda y cierta tibieza política tampoco, y eso hace que estemos a merced de muchos parlanchines que todavía hoy, quinientos años después, nos siguen queriendo vender sus espejitos de colores.

La cultura electrónica está muy presente en tu primera novela y, en la segunda, la cultura rock. ¿Cómo te vinculas con ellas?

De chico siempre fue un poco raro en materia de música. Viví mi adolescencia en pleno apogeo de Nirvana, los Gun’s, el punk argentino, el rock barrial, todo eso que conformó una cultura en los años noventa. Pero yo no conectaba con el rock. Había algo de la rebeldía (o de esa rebeldía), de machismo, una violencia a veces incluso musical, que me alejaba. Yo prefería escuchar a Piazzolla, música clásica o New Age: Vangelis, Enya, Kitaro, toda esa onda. Digamos que era bastante nerd. Pero después conocí a Queen, les presté atención a los Beatles, vino ese discazo que es OK Computer de Radiohead. Esos artistas parecían estar en un mood más parecido al mío. Pero cuando fui a mi primera fiesta electrónica me encontré con una cultura que me representaba: diversidad sexual, las drogas como un pasaje místico (con el tiempo descubrí que me gustaba la música New Age porque me hacía viajar), el sentimiento de paz y amor que yo sentía opuesto a la prepotencia del rock. Sentí que esa era mi gente, mi época, el lugar donde podía ser la versión más parecida a lo que realmente era. No tanto musicalmente (me sigue gustando más Radiohead que cualquier DJ) pero sí en cuanto a formar parte de una cultura.

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